DICCIONARIO MÉDICO
Osteoinducción
La osteoinducción es la capacidad de un estímulo biológico, casi siempre una proteína, para hacer que células madre o precursoras todavía no comprometidas se transformen en osteoblastos y formen hueso nuevo en un lugar donde, por sí solas, no lo habrían hecho. El término combina osteo- (hueso) con inducción, del latín inducere, conducir hacia dentro o provocar. A diferencia de la osteogénesis, que nombra el proceso de formación ósea en sí mismo, la osteoinducción designa la señal que lo pone en marcha en células que, de entrada, no estaban destinadas a convertirse en hueso. En 1965, el cirujano ortopédico Marshall R. Urist, de la Universidad de California en Los Ángeles, observó que la matriz ósea desmineralizada, implantada en el músculo de un animal, era capaz de generar hueso nuevo en ese tejido ajeno al esqueleto. Como el efecto desaparecía al desnaturalizar la muestra con calor, Urist dedujo que el responsable era una proteína, a la que llamó proteína morfogenética ósea (BMP) en un trabajo publicado en 1971. Las proteínas morfogenéticas óseas pertenecen a la superfamilia del factor de crecimiento transformante beta y actúan como potentes señales osteoinductoras: reclutan células mesenquimales indiferenciadas y las dirigen hacia el linaje osteoblástico. La BMP-2, una de las más estudiadas, desempeña un papel central en esa diferenciación de células osteoprogenitoras. La purificación efectiva de las primeras BMP no llegó hasta 1988, más de veinte años después de la observación original de Urist. A partir de ahí se identificaron y clonaron varias proteínas de la misma familia, hoy bien caracterizadas, que comparten esa capacidad de inducir formación ósea (o, en algunos casos, cartilaginosa) fuera del contexto habitual del esqueleto. En el contexto de los injertos y sustitutos óseos suelen distinguirse tres propiedades que conviene no confundir entre sí. La osteoconducción es la más limitada: el material actúa como un armazón pasivo que guía el crecimiento del hueso desde los bordes del defecto hacia el centro, sin generar por sí mismo ninguna señal biológica. La osteoinducción va un paso más allá, porque no se limita a guiar sino que provoca activamente la diferenciación de células indiferenciadas hacia el linaje óseo, con independencia de que exista o no hueso preexistente en el borde del defecto. Cuando ese estímulo funciona, promueve la osteogénesis, es decir, la formación efectiva de tejido óseo nuevo. Por último, en la literatura sobre injertos se reserva el término osteogénico para el material que aporta, además, células vivas capaces de formar hueso por sí mismas, como ocurre con el autoinjerto de hueso esponjoso. Ofrecer una estructura física pasiva es todo lo que hace la osteoconducción: guía el crecimiento del hueso ya existente, sin generar ninguna señal biológica propia. La osteoinducción, en cambio, genera de forma activa tejido óseo nuevo a partir de células que no estaban comprometidas con ese destino. Marshall R. Urist, en 1965, al comprobar que la matriz ósea desmineralizada podía inducir la formación de hueso fuera del esqueleto. No. La mayoría de los sustitutos óseos sintéticos son solo osteoconductores, es decir, actúan como armazón pasivo. La capacidad osteoinductora real es propia de un número más reducido de materiales, entre ellos el hueso autólogo desmineralizado y las proteínas morfogenéticas óseas purificadas o recombinantes. Una familia de proteínas señalizadoras, emparentadas con el factor de crecimiento transformante beta, responsables del efecto osteoinductor que Urist observó por primera vez en 1965 y que tardó más de dos décadas en aislarse en el laboratorio.Qué es la osteoinducción
Mecanismo biológico
Diferenciación con otros mecanismos de regeneración ósea
Preguntas frecuentes
¿En qué se diferencia de la osteoconducción?
¿Quién descubrió la osteoinducción?
¿Todos los materiales de injerto óseo son osteoinductores?
¿Qué son exactamente las BMP?
Referencias
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Infografías realizadas con https://BioRender.com
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