DICCIONARIO MÉDICO

Oftalmoplejía

La oftalmoplejía es la parálisis o debilidad de los músculos que gobiernan el movimiento del ojo, ya sean los músculos externos que mueven el globo ocular o la musculatura interna que regula la pupila y el enfoque. El término reúne cuadros de origen anatómico muy distinto, desde una lesión aislada de un nervio craneal hasta un trastorno situado en el tronco del encéfalo, y su clasificación depende precisamente de dónde se sitúe esa lesión.

Qué es la oftalmoplejía

Se define como la incapacidad, total o parcial, de mover voluntariamente el globo ocular por parálisis o debilidad de la musculatura que lo controla. Pertenece al capítulo de los trastornos neurooftalmológicos del sistema oculomotor. No es una enfermedad en sí misma, sino un signo que remite a una lesión situada en algún punto de la vía que va desde la corteza cerebral hasta el propio músculo.

El término procede del griego ὀφθαλμός (ophthalmós), "ojo", combinado con el sufijo -πληξία/-πληγία (-plexía/-plegía), "golpe" o "ataque paralizante", la misma raíz que aparece en apoplejía o hemiplejía. Es un compuesto culto acuñado en el lenguaje médico durante el siglo XIX. La forma tradicional en español conserva la jota (oftalmoplejia), aunque la pronunciación con hiato (oftalmoplejía) se ha impuesto por influencia del francés, un fenómeno paralelo al que sufrió apoplejía. La Real Academia Nacional de Medicina desaconseja además la variante con g, calco directo del inglés ophthalmoplegia.

Anatomía funcional del movimiento ocular

Cada ojo se mueve gracias a seis músculos extraoculares: el recto superior, el recto inferior, el recto medial, el recto lateral, el oblicuo superior y el oblicuo inferior. Son músculos estriados, de contracción voluntaria, e intervienen también en el descenso y elevación del párpado a través del elevador del párpado superior. Su inervación corre a cargo de tres pares craneales: el nervio oculomotor (III), que mueve la mayoría de ellos; el nervio troclear (IV), exclusivo del oblicuo superior; y el nervio abducens (VI), que activa el recto lateral.

Dentro del ojo existe una segunda musculatura, de naturaleza completamente distinta. El esfínter y el dilatador del iris, junto con el músculo ciliar que ajusta el cristalino durante la acomodación, son músculos lisos, de control involuntario, gobernados por fibras autónomas que viajan junto al nervio oculomotor. No mueven el ojo: regulan cuánta luz entra y a qué distancia se enfoca. Esta separación anatómica, musculatura externa frente a musculatura interna, es la que da nombre a dos de las variantes que se describen más abajo.

Clasificación

La oftalmoplejía admite varios criterios de clasificación, que no son excluyentes entre sí. Según el grupo muscular afectado, se distingue entre oftalmoplejía externa, limitada a los músculos extraoculares, y oftalmoplejía interna, que compromete el esfínter pupilar o el músculo ciliar. Cuando ambos grupos están afectados a la vez se habla de oftalmoplejía completa, un cuadro infrecuente que suele indicar una lesión extensa del nervio oculomotor.

Según el nivel anatómico de la lesión, el mapa es más complejo. Puede originarse en los centros supranucleares del tronco del encéfalo que coordinan la mirada conjugada; en el fascículo longitudinal medial, dando lugar a la oftalmoplejía internuclear; en los propios núcleos de los pares III, IV o VI dentro del tronco encefálico; a lo largo del trayecto periférico de esos nervios, como ocurre en el síndrome de Tolosa-Hunt; o, finalmente, en el propio músculo o en la unión neuromuscular.

Existe también un criterio evolutivo. La mayoría de las oftalmoplejías agudas se instauran en horas o días, con un origen vascular, traumático o infeccioso. Frente a ellas hay formas crónicas y lentamente progresivas, que se desarrollan a lo largo de meses o años y suelen tener un sustrato muscular más que neurológico: es el caso de ciertas miopatías mitocondriales, a las que la nomenclatura clásica llegó a llamar enfermedad de Graefe. Por extensión y lateralidad, una oftalmoplejía puede además ser unilateral o bilateral, y completa o parcial dentro de cada grupo muscular.

Diferenciación con otros signos oculares

Conviene no confundir la oftalmoplejía con el estrabismo. Este último designa la pérdida de paralelismo entre los ejes visuales de ambos ojos, y puede existir sin que haya parálisis muscular alguna, por ejemplo en un desequilibrio congénito del tono muscular o en defectos de refracción no corregidos. La oftalmoplejía, en cambio, implica siempre debilidad o parálisis demostrable de uno o más músculos concretos; puede producir estrabismo como consecuencia, pero no todo estrabismo es oftalmoplejía.

Tampoco equivale a la ptosis aislada. La caída del párpado superior depende del elevador del párpado, inervado igualmente por el III par, y puede acompañar a una oftalmoplejía cuando la lesión afecta a ese nervio en su conjunto. Pero una ptosis puede presentarse sola, sin que el resto de la motilidad ocular esté comprometido, y en ese caso no se habla de oftalmoplejía. El nistagmo pertenece a una categoría distinta: es un movimiento ocular oscilatorio e involuntario, no una parálisis. Puede coexistir con una oftalmoplejía, de hecho es característico de la variante internuclear, pero describe un fenómeno motor opuesto: exceso de movimiento en lugar de su ausencia.

Preguntas frecuentes

¿De dónde procede la palabra oftalmoplejía?

Del griego ὀφθαλμός, "ojo", y -πληξία, "golpe" o "parálisis". Es la misma raíz de apoplejía y hemiplejía, y entró en el vocabulario médico como neologismo culto en el siglo XIX.

¿Es lo mismo que el estrabismo?

No. El estrabismo describe la desalineación de los ejes visuales, con independencia de su causa, mientras que la oftalmoplejía exige una parálisis o debilidad muscular demostrable. Puede haber estrabismo sin ningún músculo paralizado.

¿Afecta siempre a los dos ojos?

Depende por completo de dónde se sitúe la lesión. Una parálisis aislada de un par craneal periférico suele ser unilateral, porque solo compromete el trayecto nervioso de un lado. Las formas de origen central, en cambio, con frecuencia son bilaterales, ya que las estructuras que lesionan (los núcleos del tronco del encéfalo o el fascículo longitudinal medial) contienen fibras que sirven a ambos ojos o están próximas a su homólogo del lado contrario. La oftalmoplejía internuclear, por ejemplo, es bilateral con frecuencia notable en personas jóvenes.

¿Qué diferencia hay entre la forma externa y la interna?

La externa afecta a los músculos estriados que mueven el globo ocular; la interna, a la musculatura lisa que regula la pupila y el enfoque del cristalino. Son sistemas anatómicamente independientes, con inervación distinta, de modo que pueden estar afectados por separado o de forma conjunta.

Referencias

  1. MedlinePlus (Biblioteca Nacional de Medicina de EE. UU., NIH). Oftalmoplejía supranuclear. medlineplus.gov
  2. Manual MSD, versión para profesionales. Oftalmoplejía internuclear. msdmanuals.com
  3. Sociedad Española de Estrabología y Oftalmología Pediátrica. Oftalmoplejía. estrabologia.org
  4. Humanterm, Universidad Europea de Madrid. Oftalmoplejía (datos del Diccionario panhispánico de términos médicos). humantermuem.es

Entradas relacionadas

  • Oftalmoplejía externa: la variante limitada a los músculos que mueven el globo ocular.
  • Oftalmoplejía internuclear: el trastorno de la coordinación de la mirada por lesión del tronco del encéfalo.
  • Síndrome de Tolosa-Hunt: la forma dolorosa asociada a inflamación del seno cavernoso.
  • Diplopía: la percepción de visión doble que suele acompañar a la oftalmoplejía.
  • Nistagmo: el movimiento ocular oscilatorio e involuntario con el que no debe confundirse.
  • Pares craneales: los doce nervios, entre ellos el III, el IV y el VI, que emergen directamente del encéfalo.

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