DICCIONARIO MÉDICO
Localización cerebrales
La localización cerebral es la determinación de las áreas de la corteza que intervienen en la ejecución de una función nerviosa. Algunas funciones, como el movimiento voluntario o la sensibilidad, tienen una ubicación bien delimitada; otras, más complejas, dependen de la actividad conjunta de varias regiones. La idea de que cada parcela del cerebro se ocupa de una tarea concreta parece hoy evidente, pero costó décadas de discusión asentarla. La localización cerebral, también llamada localizacionismo, sostiene que funciones nerviosas definidas se asientan en territorios definidos de la corteza cerebral. El caso más claro son las áreas primarias, donde el mapa es casi literal: una banda de tejido gobierna el movimiento, otra recibe la sensibilidad, otra procesa lo que llega del ojo. Frente a esa visión hubo siempre una postura contraria, la holista, según la cual el cerebro trabaja como un todo indivisible y ninguna función reside por completo en un punto. La neurociencia actual ha terminado en un punto intermedio: hay funciones estrictamente localizadas y funciones distribuidas en redes que abarcan zonas alejadas entre sí. El lenguaje, la memoria o la atención pertenecen a este segundo grupo. Un antecedente incómodo precede a la ciencia seria del tema: la frenología de principios del siglo XIX, que pretendía leer el carácter en los relieves del cráneo. Era pseudociencia, pero dejó una intuición que sí resultó fértil, la de que distintas zonas cerebrales cumplen distintos cometidos. La prueba sólida llegó en 1861. El cirujano francés Paul Broca examinó a un paciente, Louis Victor Leborgne, apodado "Tan" porque era casi la única sílaba que lograba pronunciar. Tras su muerte, la autopsia reveló una lesión en la parte posterior del lóbulo frontal izquierdo. Broca había encontrado un centro del lenguaje articulado, la región que hoy lleva su nombre. En 1865 reforzó el hallazgo al comprobar que, en diecinueve de veinte pacientes con trastornos del habla, la lesión asentaba en el hemisferio izquierdo. En 1870, en Alemania, Gustav Fritsch y Eduard Hitzig aportaron una evidencia de otro tipo: al estimular con corriente eléctrica una región de la corteza de un perro, provocaban movimientos en las extremidades del animal. Por primera vez se demostraba de forma experimental que una zona cortical mandaba sobre una función motora. Cuatro años después, en 1874, el neurólogo Carl Wernicke describió un segundo territorio del lenguaje, situado más atrás, en el lóbulo temporal izquierdo, cuya lesión no impedía hablar pero sí comprender. El período que va de 1870 a 1890 se conoce como la Edad de Oro de la localización cerebral. En él, el neurólogo británico John Hughlings Jackson dedujo, observando crisis epilépticas, que la corteza motora estaba organizada de forma somatotópica: cada porción de tejido correspondía a una parte del cuerpo. El intento más influyente de cartografiar la corteza lo firmó el neurólogo alemán Korbinian Brodmann. En 1909 publicó una obra en la que dividía la corteza en 52 regiones distintas, cada una definida por su citoarquitectura, es decir, por la disposición y el tipo de neuronas que la componen, reveladas mediante tinción. A cada región le asignó un número, y esas cifras (el área 4 motora, el área 17 visual y las demás) siguen usándose más de un siglo después. Brodmann trabajó solo con el microscopio, convencido de que cada área con estructura propia debía tener una función propia. No podía demostrarlo con la tecnología de su tiempo. La neuroimagen le dio la razón décadas más tarde: al leer, reconocer una cara o levantar una mano se activan grupos de neuronas diferentes, y muchos coinciden con las parcelas que él había dibujado a mano. El modelo clásico, que ligaba una función a un punto, resultó demasiado simple. Las técnicas modernas muestran que incluso una tarea aparentemente sencilla recluta varias áreas conectadas entre sí. El lenguaje, por ejemplo, no vive solo en las regiones de Broca y Wernicke: depende de una red que las une y que incorpora otras zonas. La localización sigue siendo válida como principio, pero convive con la noción de conectividad. Esta doble naturaleza tiene consecuencias prácticas. En la cirugía de tumores o de epilepsia próximos a áreas funcionales, el cirujano necesita saber qué gobierna cada milímetro de corteza antes de operar. La estimulación cortical directa, heredera lejana de los experimentos de Fritsch y Hitzig, permite comprobar en el propio quirófano qué zonas conviene respetar. No hubo un único descubridor. El punto de partida moderno suele situarse en Paul Broca, que en 1861 localizó un centro del lenguaje en el lóbulo frontal izquierdo. Fritsch y Hitzig en 1870 y Wernicke en 1874 ampliaron la idea a la función motora y a un segundo territorio del lenguaje. No. Las funciones básicas motoras y sensitivas tienen una ubicación precisa. Las funciones superiores (lenguaje, memoria, atención) dependen de redes distribuidas que abarcan varias regiones, de modo que no puede señalarse un único lugar responsable. Son las 52 regiones en que Korbinian Brodmann dividió la corteza en 1909 según su estructura celular. Cada una recibió un número que aún se emplea para nombrar territorios corticales concretos, como el área 4 motora o el área 17 visual. Sí, con matices. La neuroimagen confirmó que la corteza está parcelada, pero también mostró que las funciones complejas se apoyan en la conexión entre áreas. Localización y conectividad se consideran ahora dos caras del mismo funcionamiento.Qué es la localización cerebral
El origen histórico del concepto
El mapa de Brodmann
Localización y redes distribuidas
Preguntas frecuentes
¿Quién descubrió la localización cerebral?
¿Todas las funciones del cerebro están localizadas?
¿Qué son las áreas de Brodmann?
¿Sigue siendo válido el concepto hoy?
Referencias
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