DICCIONARIO MÉDICO
Inositol trisfosfato (IP3)
El inositol 1,4,5-trisfosfato, casi siempre abreviado como IP3, es una molécula que transmite señales dentro de la célula. Es un segundo mensajero: no la orden que llega desde el exterior, sino la que la recoge y la propaga por el interior. Su tarea más conocida consiste en ordenar la salida de calcio desde los depósitos internos de la célula. Deriva del inositol, con tres grupos fosfato añadidos. El nombre describe la molécula con exactitud. Se toma un anillo de inositol y se le colocan tres grupos fosfato en las posiciones 1, 4 y 5, de donde procede el "1,4,5-trisfosfato". El prefijo tris-, y no tri-, avisa de que son tres fosfatos independientes y no una cadena de tres. El IP3, al contrario que el inositol del que sale, es muy soluble en agua. Esa propiedad lo cambia todo: le permite soltarse de la membrana y circular con libertad por el citoplasma. Un segundo mensajero es un eslabón intermedio de la comunicación celular. Cuando una hormona o un neurotransmisor se une a un receptor de la superficie, no entra en la célula: deja el aviso en la puerta. Hace falta entonces alguien dentro que recoja ese aviso y lo reparta. El IP3 es uno de los mensajeros internos que cumplen ese cometido. El IP3 no está almacenado a la espera; se fabrica justo cuando se necesita. La escena empieza en la membrana, donde reside un fosfolípido llamado fosfatidilinositol 4,5-bisfosfato, o PIP2, uno de los fosfoinosítidos de la cara interna. Al activarse un receptor de superficie, se pone en marcha una enzima, la fosfolipasa C, que parte el PIP2 en dos. De ese corte salen dos mensajeros con destinos opuestos. Uno es el propio IP3, soluble, que se desprende hacia el citoplasma y se aleja de la membrana. El otro es el diacilglicerol, o DAG, de naturaleza grasa, que permanece anclado en la membrana y activa allí a la proteína quinasa C. Una única señal exterior, así, dispara dos rutas a la vez a partir de un solo lípido. El viaje del IP3 acaba en el retículo endoplásmico, el gran almacén de calcio de la célula. En su membrana espera un receptor específico, el receptor de IP3, que es al mismo tiempo un canal. Cuando el IP3 se acopla a él, el canal se abre y el calcio guardado sale en tromba hacia el citoplasma. Ese calcio es, en el fondo, otro mensajero. Su ascenso brusco desencadena respuestas muy distintas según el tejido: la contracción de una fibra muscular, la secreción de una glándula, la puesta en marcha de una plaqueta. La respuesta es rápida. Y también fugaz, porque de inmediato actúan los sistemas que devuelven el calcio a su depósito. El IP3 dura poco, y esa brevedad forma parte de su utilidad. Dos enzimas se encargan de retirarlo: una le quita el fosfato de la posición 5 y lo desactiva; otra le suma un fosfato más y lo transforma en inositol tetrakisfosfato. En cuestión de segundos la señal se apaga, de nuevo lista para encenderse cuando llegue el siguiente estímulo. Sin ese apagado veloz, la célula no podría distinguir un aviso del siguiente. La identificación del IP3 como mensajero fue uno de los grandes pasos de la señalización celular en los años ochenta. En 1983, un grupo encabezado por Michael Berridge y Robin Irvine demostró, en células del páncreas, que el IP3 liberaba calcio de un depósito interno distinto de la mitocondria. El resultado se publicó en la revista Nature. Al año siguiente, ambos investigadores reunieron las pruebas en un artículo que presentaba el IP3 como un nuevo segundo mensajero, junto al DAG. El trabajo valió a Berridge algunos de los premios más señalados de la investigación biomédica. No. El inositol es la molécula de partida; el IP3 es ese mismo anillo con tres grupos fosfato añadidos. Ese cambio lo vuelve soluble y lo convierte en una molécula señalizadora, un papel que el inositol por sí solo no desempeña. Que ocupa un lugar intermedio. El primer mensajero es la hormona o el neurotransmisor que llega desde fuera y se queda en la superficie. El segundo mensajero, generado dentro, traslada esa orden al interior de la célula. El IP3 pertenece a esta segunda categoría. De los depósitos internos, sobre todo del retículo endoplásmico, y no del exterior de la célula. El IP3 abre un canal en la membrana de ese depósito y deja salir el calcio que allí se guarda. Michael Berridge y Robin Irvine, en trabajos publicados en 1983 y 1984. A ellos se debe el modelo que emparejó el IP3 y el diacilglicerol como productos de la ruptura de un fosfolípido de membrana.Qué es el IP3
Cómo se genera el IP3
La liberación de calcio
Una señal de vida corta
El descubrimiento del IP3
Preguntas frecuentes
¿Es el IP3 lo mismo que el inositol?
¿Qué significa que sea un "segundo mensajero"?
¿De dónde procede el calcio que moviliza el IP3?
¿Quién describió el IP3 como mensajero?
Referencias
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Infografías realizadas con https://BioRender.com
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