DICCIONARIO MÉDICO
Inlay
Un inlay, o incrustación intracoronaria, es una restauración dental indirecta que reconstruye la zona interna de la corona de un diente posterior, la superficie de masticación comprendida entre las cúspides, sin llegar a recubrirlas. El empaste se modela dentro de la boca; el inlay, no: se fabrica fuera, en el laboratorio o con sistemas de diseño y fresado por ordenador, a partir de un molde del diente ya preparado, y luego se cementa sobre él. Procede del inglés to lay in, colocar dentro o incrustar, y su equivalente en español es incrustación. Designa una pieza hecha a medida que encaja en la cavidad de un diente y repone la estructura perdida por una caries o una fractura. Por su carácter indirecto, suele exigir dos fases: la preparación del diente y la toma del molde en una primera cita, y el cementado de la pieza terminada en una segunda, una vez confeccionada en cerámica o en resina. Las tres son incrustaciones, y lo que las separa es cuánto diente cubren. El inlay se aloja dentro de las paredes de la corona, en el espacio situado entre las cúspides, sin tocarlas. Un paso más allá está el onlay, que recubre al menos una cúspide. Y cuando la cobertura alcanza toda la superficie de masticación, con todas las cúspides incluidas, se habla de overlay. Cuanto mayor es la destrucción del diente, más envolvente es la restauración que se elige. Entre las dos restauraciones más conocidas, la incrustación ocupa un lugar intermedio. El empaste es directo: el odontólogo lo coloca y lo endurece en la misma sesión, dentro de la boca, y resuelve bien las cavidades pequeñas. La corona se sitúa en el extremo opuesto, ya que recubre el diente por completo y se reserva para piezas muy debilitadas. Entre ambos está el inlay, que se emplea cuando el daño supera lo que un empaste resuelve con garantías pero no obliga todavía a tallar el diente para una corona. Su ventaja es que conserva más tejido sano. Durante décadas, las incrustaciones se fundieron en oro. La técnica que popularizó la incrustación colada fue la de la cera perdida, que el dentista W. H. Taggart presentó en Chicago en 1907: un patrón de cera se recubre de un material refractario, se elimina con calor y en el hueco resultante se cuela el metal fundido. Aquel procedimiento marcó el comienzo de la restauración colada moderna. Hoy el oro ha cedido terreno ante materiales del color del diente. Las cerámicas, y en particular el disilicato de litio, junto con las resinas de composite, permiten incrustaciones resistentes y de aspecto natural, que se adhieren al diente con cementos específicos. Es un término inglés, de to lay in, que significa colocar dentro o incrustar. En español le corresponde la palabra incrustación, aunque en la consulta odontológica se ha impuesto el anglicismo inlay para referirse en concreto a la que no recubre cúspides. En la extensión. El inlay queda dentro de las paredes del diente y no cubre ninguna cúspide; el onlay recubre al menos una. Por lo demás, ambos son incrustaciones indirectas hechas a medida. No. El empaste es una restauración directa que se coloca y se modela dentro de la boca en una sola sesión. El inlay se fabrica fuera, sobre un molde del diente, y se cementa después. Esa diferencia de método le da mejor ajuste en cavidades grandes. La incrustación de oro colada se generalizó a partir de 1907, cuando W. H. Taggart dio a conocer su método de fundición con la técnica de la cera perdida. Antes se recurría a láminas de oro o a piezas de porcelana ajustadas a la cavidad.Qué es un inlay
Inlay, onlay y overlay: dónde está la diferencia
Frente al empaste y a la corona
Materiales y origen histórico
Preguntas frecuentes
¿De dónde viene la palabra inlay?
¿En qué se diferencia un inlay de un onlay?
¿Un inlay es lo mismo que un empaste?
¿Desde cuándo existen las incrustaciones coladas?
Referencias
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Infografías realizadas con https://BioRender.com
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