DICCIONARIO MÉDICO
Onlay
El onlay es una restauración dental indirecta que cubre una o varias cúspides de un diente posterior, sin llegar a recubrirlo por completo como ocurre con una corona. Se fabrica en el laboratorio o mediante sistemas de diseño y fabricación asistidos por ordenador, a partir de oro, cerámica o resina compuesta, y se cementa sobre la superficie previamente tallada. Es una alternativa conservadora a la corona cuando el diente conserva suficiente estructura sana. "Onlay" es un anglicismo que se emplea sin traducir en la terminología dental española; procede del inglés "on" (sobre) y "lay" (colocar, apoyar), y designa una pieza que se asienta sobre la superficie masticatoria del diente en lugar de encajarse solo en su interior. No existe una voz castellana equivalente de uso extendido, así que los glosarios odontológicos bilingües lo recogen como préstamo directo, igual que ocurre con "inlay" o "bonding". En la práctica clínica, un onlay es una restauración indirecta, fabricada fuera de la boca y cementada después, que repara un molar o un premolar cuando la cavidad o la fractura afecta a una o varias cúspides sin comprometer la totalidad de la corona clínica. Lo que distingue al onlay de otras incrustaciones es precisamente la cobertura cuspídea: el material recubre una o varias cúspides, protegiéndolas frente a la fractura cuando la pérdida de tejido ha debilitado la estructura remanente. El procedimiento sigue la lógica de toda restauración indirecta. Primero se talla la cavidad y se toma una impresión, o un escaneado digital, de la preparación. Después, en el laboratorio o mediante un sistema de fabricación asistida por ordenador, se elabora la pieza a medida. Por último, se cementa con un cemento de resina siguiendo un protocolo adhesivo. Los sistemas que trabajan directamente en la consulta permiten, en algunos casos, completar todo el proceso en una sola cita. Tradicionalmente se han empleado aleaciones de oro, valoradas por su resistencia al desgaste y su buen ajuste marginal, aunque su aspecto metálico ha ido perdiendo terreno frente a materiales con mejor comportamiento estético. La cerámica (feldespática, de disilicato de litio o infiltrada en vidrio, según el caso) reproduce con fidelidad el color y la translucidez del esmalte natural. También se recurre a la resina compuesta en su variante indirecta, una opción intermedia tanto en coste como en el desgaste que genera sobre el diente antagonista. El tamaño de la cavidad y la carga masticatoria que deberá soportar la pieza orientan la elección de uno u otro material. Frente al onlay, el inlay se limita a las superficies interiores del diente: comparte la técnica indirecta y el cementado adhesivo, pero no llega a cubrir ninguna cúspide, por lo que se reserva para cavidades más limitadas. Cuando el recubrimiento se extiende a la práctica totalidad de las cúspides, algunos autores prefieren el término "overlay", todavía poco consolidado en español y que en la práctica clínica se usa a menudo como sinónimo de "onlay extenso". La corona envuelve el diente en sus caras axiales además de la oclusal: exige tallar más tejido sano y se reserva para piezas con pérdida estructural severa o con tratamiento de conducto previo. En un molar superior con una cavidad que afecta a las tres caras, la cantidad de tejido eliminado para colocar un onlay es aproximadamente un 50 % menor que la que exige una corona metal-porcelana. El antecedente más antiguo documentado data de 1857, cuando el dentista A. J. Volck describió en Baltimore la técnica de tallar un fragmento de porcelana ya cocida hasta ajustarlo a la cavidad, fijándolo con oro comprimido en los márgenes; la idea, según reconoció el propio Volck, partió de una sugerencia del profesor Maynard, de Washington. El material y el sistema de fijación cambiarían mucho en el siglo y medio siguiente, pero el principio (tallar la pieza fuera de la boca y encajarla después) se mantuvo. Un salto posterior llegó a mediados de la década de 1980, cuando el sistema CEREC, desarrollado por Werner Mörmann y Marco Brandestini en la Universidad de Zúrich, permitió tallar cerámica directamente en la consulta a partir de un escaneado óptico, sin necesidad de laboratorio externo. Del inglés "on" (sobre) y "lay" (colocar). No tiene una traducción asentada en español, así que los profesionales lo emplean tal cual, igual que ocurre con "inlay". En la extensión del recubrimiento. El inlay ocupa solo la parte interior de la cara masticatoria, entre las cúspides; el onlay se extiende sobre una o varias cúspides para protegerlas. La decisión entre uno y otro depende de cuánta estructura dental sana quede tras eliminar la caries o la restauración previa. No. La corona recubre el diente por completo, incluidas sus caras laterales. El onlay respeta la mayor parte de esas caras y solo interviene sobre la superficie oclusal y las cúspides afectadas. Con oro, cerámica (feldespática o de disilicato de litio, entre otras) y resina compuesta en técnica indirecta. La elección influye en el aspecto final, en el desgaste que genera sobre los dientes opuestos y en el coste de la restauración. Depende del material, del diente tratado y de la carga masticatoria a la que se somete. Una revisión de estudios clínicos publicada en 2016 situó la supervivencia de los onlays cerámicos entre el 91 % y el 100 % a los dos-cinco años, y entre el 71 % y el 98,5 % cuando el seguimiento superaba los cinco años; la causa de fallo más frecuente fue la fractura del material, seguida del despegamiento y de la caries en el margen de la restauración.Qué es un onlay
Cobertura cuspídea y técnica indirecta
Materiales empleados
Diferenciación con otras restauraciones dentales
Origen y evolución de la técnica
Preguntas frecuentes
¿De dónde viene la palabra "onlay"?
¿En qué se diferencia un onlay de un inlay?
¿Es un onlay lo mismo que una corona?
¿Con qué materiales se fabrica un onlay?
¿Cuánto tiempo se mantiene en boca un onlay cerámico?
Referencias
Entradas relacionadas
Infografías realizadas con https://BioRender.com
© Clínica Universidad de Navarra 2026