DICCIONARIO MÉDICO
Iniciador
En oncología, un iniciador es el agente capaz de causar en el ADN de una célula una mutación permanente e irreversible, el primer paso hacia la formación de un tumor. Puede ser de naturaleza química, física o biológica. El término procede del latín initiare, comenzar, derivado a su vez de initium, comienzo. Un iniciador es, en su sentido literal, aquello que pone en marcha un proceso. Aplicado al estudio del cáncer, designa al factor que desencadena la primera alteración genética de una célula sana. Ese cambio recae sobre el material genético, con frecuencia sobre genes que gobiernan la multiplicación de la célula o la reparación del ADN. La célula afectada, llamada célula iniciada, no se distingue por fuera de sus vecinas sanas. La alteración, en cambio, es permanente: pasa a las células hijas en cada división y no revierte. De ahí que se diga que la iniciación tiene memoria. Constituye solo la primera de las fases en que se ordena la formación de un tumor, un recorrido que se detalla en la entrada carcinogénesis. El iniciador rara vez basta por sí solo para producir un tumor. Necesita la acción posterior de un promotor, una sustancia que no daña el ADN pero que empuja a multiplicarse a las células ya iniciadas. La distinción entre ambos es nítida: el iniciador modifica el genoma de forma irreversible; el promotor estimula el crecimiento sin tocar el ADN, y su efecto puede revertir si el estímulo desaparece. A los agentes que solo son capaces de iniciar se les llama carcinógenos incompletos, y son pocos. Los que reúnen las dos capacidades, iniciar y promover, se denominan carcinógenos completos, y abundan mucho más en el entorno. El concepto nació en el laboratorio. En 1775, el cirujano londinense Percivall Pott vinculó el cáncer de escroto de los deshollinadores con el hollín, la primera prueba de que una sustancia del ambiente podía provocar cáncer. Casi dos siglos más tarde, en 1947, Isaac Berenblum y Philippe Shubik le dieron forma experimental: al aplicar sobre la piel de ratones primero un carcinógeno y luego un irritante, comprobaron que hacían falta dos estímulos sucesivos y en ese orden concreto. Así surgió el modelo de dos etapas, iniciación y promoción, que aún sostiene la comprensión del proceso. El iniciador de aquellos ensayos era un hidrocarburo aromático; el promotor, un componente del aceite de crotón. Que el daño en el ADN, una vez producido, no se repara ni desaparece. La célula iniciada conserva la mutación durante toda su vida y la transmite a su descendencia. Esa permanencia la distingue de la fase siguiente, la promoción, que sí es reversible. Casi nunca. La célula iniciada puede permanecer inactiva durante años sin causar problemas. Para que el proceso avance suele hacer falta la acción de promotores que estimulen su multiplicación. Todo iniciador es un carcinógeno, pero no todo carcinógeno se limita a iniciar. Los que solo inician se llaman carcinógenos incompletos; los que además promueven, carcinógenos completos. El humo del tabaco, por ejemplo, reúne las dos capacidades. No. Aunque los ejemplos más estudiados son químicos, también actúan como iniciadores agentes físicos, como las radiaciones ionizantes, y biológicos, como determinados virus.Qué es un iniciador
Iniciador y promotor: dos papeles distintos
El modelo de dos etapas
Preguntas frecuentes
¿Qué significa que la iniciación es irreversible?
¿Un iniciador provoca cáncer por sí solo?
¿En qué se diferencia un iniciador de un carcinógeno?
¿El iniciador es siempre una sustancia química?
Referencias
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Infografías realizadas con https://BioRender.com
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