DICCIONARIO MÉDICO
Ictericia fisiológica
La ictericia fisiológica es la coloración amarillenta que presentan muchos recién nacidos durante los primeros días de vida por la inmadurez transitoria del hígado. Es benigna y se resuelve por sí sola en una o dos semanas. El adjetivo fisiológica procede del griego phýsis (φύσις, «naturaleza») y define aquí un fenómeno propio del desarrollo normal, no una enfermedad. Unido a ictericia, del griego íkteros (ἴκτερος, «tono amarillo»), el término nombra la ictericia esperable del recién nacido sano, la que aparece porque su organismo aún se está ajustando a la vida fuera del útero. Es un hallazgo muy común. Se observa en alrededor del 60 % de los nacidos a término y en cerca del 85 % de los prematuros. En estos casos, el color amarillo refleja un aumento de bilirrubina no conjugada que el cuerpo del bebé irá corrigiendo a medida que su hígado madura. Dentro del útero, la placenta se encarga de retirar la bilirrubina del feto. Al nacer, esa tarea pasa al hígado del bebé, que necesita unos días para ponerse a pleno rendimiento. Mientras tanto, coinciden dos circunstancias. Por un lado, el recién nacido produce y destruye glóbulos rojos con rapidez, lo que genera abundante bilirrubina. Por otro, la enzima hepática que la conjuga todavía trabaja despacio. El resultado es una acumulación transitoria del pigmento en la sangre. La ictericia fisiológica suele hacerse visible después de las primeras 24 a 36 horas, alcanza su punto máximo entre el tercer y el quinto día en el bebé a término y se atenúa hacia la segunda semana. El color avanza en sentido cefalocaudal: empieza por la cara y desciende hacia el tronco a medida que sube la bilirrubina. La luz azul de la fototerapia transforma el pigmento en una forma que el cuerpo elimina con más facilidad, un recurso que se reserva para las cifras más altas. No toda ictericia del recién nacido es fisiológica. Cuando el tinte amarillo aparece en las primeras 24 horas, cuando la bilirrubina sube muy rápido o cuando la ictericia se prolonga más de lo esperado, se habla de ictericia patológica, que obliga a buscar una causa. La diferencia importa porque las cifras muy elevadas de bilirrubina no conjugada pueden depositarse en el cerebro y provocar un daño llamado kernicterus. Existe además la llamada ictericia por lactancia, una prolongación de la forma fisiológica en algunos bebés amamantados que puede extenderse varias semanas. Suele ser inofensiva. El pediatra distingue unos cuadros de otros por el momento de aparición, la evolución de las cifras y el tipo de bilirrubina que predomina. Casi nunca. En su forma habitual desaparece sola en una o dos semanas sin dejar secuelas. La vigilancia se dirige a detectar los casos en los que la bilirrubina sube demasiado, que ya no serían fisiológicos. Se hace visible después del primer día de vida, alcanza su máximo alrededor del tercer al quinto día en el bebé a término y se resuelve hacia la segunda semana. En los prematuros puede prolongarse algo más. Porque la enzima que la conjuga aún no ha alcanzado su actividad plena. A la vez, el recién nacido descompone glóbulos rojos con rapidez y genera mucha bilirrubina. La suma de ambos factores explica la acumulación pasajera. La fisiológica respeta unos plazos previsibles y cifras moderadas. La patológica se sale de ese guion: surge muy pronto, asciende deprisa o se alarga, y siempre tiene detrás una causa que conviene identificar.Qué es la ictericia fisiológica
Por qué aparece en el recién nacido
Distinción con la ictericia patológica
Preguntas frecuentes
¿Es peligrosa la ictericia fisiológica?
¿Cuándo aparece y cuánto dura?
¿Por qué el hígado del bebé no elimina bien la bilirrubina?
¿Qué diferencia hay con la ictericia patológica?
Referencias
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Infografías realizadas con https://BioRender.com
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