DICCIONARIO MÉDICO

Hiperemia reactiva

La hiperemia reactiva es el aumento pasajero del flujo de sangre que recibe un tejido justo después de un periodo en el que ese flujo estuvo interrumpido o muy reducido. Es una forma de hiperemia activa: los vasos, dilatados durante la falta de riego, dejan pasar una oleada de sangre al restablecerse la circulación.

Qué es la hiperemia reactiva

El adjetivo reactiva procede del latín (re-, "de nuevo", y agere, "actuar"): una respuesta que sigue a un estímulo previo. Ese estímulo es la isquemia, la interrupción o el descenso del aporte de sangre a una zona. Cuando la circulación vuelve, el flujo no solo se normaliza, sino que durante un rato lo supera. Ese rebote es la hiperemia reactiva.

Por su mecanismo pertenece al grupo de las hiperemias activas, no a la congestión. El territorio recibe más sangre arterial por dilatación de sus vasos, igual que en cualquier hiperemia de entrada, con la particularidad de que aquí el detonante es la falta de riego que la ha precedido.

Por qué se produce

Durante la isquemia ocurren dos cosas a la vez. La escasez de oxígeno relaja el músculo liso de las arteriolas, que se abren al máximo para captar toda la sangre posible. Y en el tejido se acumulan sustancias con efecto vasodilatador (adenosina, dióxido de carbono, hidrogeniones, potasio, lactato) que son producto del metabolismo privado de oxígeno.

Cuando la sangre regresa, encuentra un lecho vascular abierto de par en par y químicamente predispuesto a seguir dilatado. El resultado es esa oleada de flujo. Su magnitud y su duración guardan relación con el tiempo que duró la interrupción: cuanto más prolongada fue la isquemia, mayor es el rebote posterior, como si el tejido saldara una deuda de riego acumulada.

Dónde se observa

Es un fenómeno cotidiano y fácil de reconocer. Se aprecia al retirar un torniquete del brazo, cuando la piel que estaba pálida se enrojece de golpe. Aparece también al liberar una pinza vascular durante una intervención, o al descomprimir una zona de piel que ha estado sometida a presión: primero palidece, luego se sonroja. La recuperación tras el fenómeno de Raynaud, con el cambio de color de los dedos, responde al mismo principio.

Esta respuesta tiene, además, un valor práctico. Como la intensidad del rebote depende de la salud de los vasos, la hiperemia reactiva sirve de base para explorar el estado de la circulación y de la pared vascular en distintos contextos.

Preguntas frecuentes

¿Es una hiperemia activa o pasiva?

Activa. El aumento se debe a una mayor entrada de sangre arterial por dilatación de los vasos, no a un estancamiento venoso. No debe confundirse con la congestión.

¿Por qué la piel se enrojece al soltar un torniquete?

Porque durante la compresión el territorio quedó isquémico y sus vasos se dilataron. Al liberar la presión, la sangre entra de golpe en unos vasos abiertos, y la zona se enrojece de forma transitoria.

¿La duración del rebote es siempre igual?

No. Depende del tiempo de isquemia previa: a mayor duración de la interrupción, mayor y más prolongado el aumento de flujo posterior.

Referencias

  1. Klabunde RE. Cardiovascular Physiology Concepts. Active and Reactive Hyperemia. Disponible en: cvphysiology.com
  2. AccessMedicina, McGraw Hill. Trastornos hemodinámicos (Patología). Disponible en: accessmedicina.mhmedical.com
  3. Real Academia Nacional de Medicina de España. Diccionario de términos médicos. Disponible en: dtme.ranm.es

Entradas relacionadas

  • Hiperemia. Aumento de sangre en un tejido, con sus formas activa y pasiva.
  • Isquemia. Falta o descenso del riego sanguíneo que precede al rebote reactivo.
  • Vasodilatación. Apertura de los vasos que permite la oleada de flujo.
  • Congestión. Hiperemia pasiva, distinta de la reactiva.
  • Perfusión. Aporte de sangre a un tejido a través de sus capilares.

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