DICCIONARIO MÉDICO
Hiperemia
La hiperemia es el aumento del volumen de sangre en los vasos de un tejido u órgano. Suele traducirse en enrojecimiento y calor de la zona afectada. Puede ser una respuesta fisiológica normal, como la que sigue al ejercicio, o el signo de un proceso patológico, como la inflamación. La palabra procede del griego hyper (ὑπέρ, "en exceso") y haima (αἷμα, "sangre"): exceso de sangre. Describe una situación en la que un territorio del cuerpo contiene más sangre de la habitual dentro de sus vasos. Ese incremento se manifiesta a menudo con una coloración rojiza y una sensación de calor local, porque la sangre acumulada es visible a través de la piel o las mucosas y aporta temperatura. No toda hiperemia obedece a la misma causa ni tiene el mismo significado. La distinción clásica atiende al mecanismo por el que la sangre se acumula: si el problema está en la entrada o en la salida. De ahí surgen dos grandes tipos, la hiperemia activa y la pasiva, con orígenes opuestos aunque el resultado aparente (más sangre en la zona) sea el mismo. La hiperemia activa es un fenómeno de entrada. Las arteriolas que riegan la zona se dilatan y dejan pasar más sangre arterial, bien oxigenada, hacia los capilares. El tejido se enrojece con un tono vivo, se calienta y puede hincharse ligeramente. Es un proceso "activo" porque implica una dilatación deliberada de los vasos, la vasodilatación. Sus desencadenantes son variados: estímulos nerviosos, sustancias vasoactivas, calor, factores mecánicos o químicos. En su versión fisiológica, aparece siempre que un órgano necesita más aporte. El músculo durante el ejercicio, el tubo digestivo tras una comida o la piel cuando el cuerpo disipa calor son ejemplos cotidianos. También el rubor facial ante una emoción responde a este mecanismo. En su versión patológica, acompaña a la inflamación y a la fiebre: el rubor y el calor, dos de los signos clásicos que Celso describió en la inflamación, son expresión directa de esta hiperemia. El segundo tipo funciona al revés. En la hiperemia pasiva la sangre no entra de más: sale de menos. El drenaje venoso se dificulta y la sangre se estanca en el territorio, ahora poco oxigenada, lo que da a la zona un tono azulado o violáceo en lugar del rojo vivo de la forma activa. A esta modalidad se la conoce con un nombre propio, congestión. Sus causas están en el retorno de la sangre al corazón. La insuficiencia cardíaca, cuando el corazón no bombea con eficacia, hace que la sangre se remanse en órganos como el hígado, el pulmón o el bazo; la obstrucción de una vena por un trombo produce el mismo efecto de forma localizada. El hígado congestivo crónico adquiere un aspecto moteado característico que la anatomía patológica describe como "en nuez moscada". Cuando la congestión se mantiene en el tiempo, la presión dentro de los capilares acaba favoreciendo la salida de líquido a los tejidos, un paso previo hacia el edema. Varios términos rondan la idea de "más sangre" o "más rojo" sin ser sinónimos. Conviene deslindarlos. La sangre de la hiperemia está dentro de los vasos; cuando sale de ellos y se acumula en los tejidos, ya no hablamos de hiperemia sino de hemorragia. El eritema es el enrojecimiento de la piel, que muchas veces no es más que la expresión visible de una hiperemia cutánea. Y existe una variedad particular, la hiperemia reactiva, que aparece cuando se restablece el flujo tras un periodo de isquemia; pertenece al grupo de las activas y se aborda por separado. No. La hiperemia activa fisiológica es una respuesta normal del cuerpo, como el aumento de riego en un músculo que trabaja o el rubor de la piel al calentarse. Solo algunas formas, sobre todo la congestión, tienen carácter patológico. La hiperemia activa se debe a un aumento de la entrada de sangre arterial por dilatación de las arteriolas. La congestión, o hiperemia pasiva, se debe a una salida dificultada de la sangre venosa. Una es de flujo; la otra, de estancamiento. Porque el mayor volumen de sangre, visible a través de los tejidos, aporta color y temperatura. En la forma activa el rojo es vivo, por tratarse de sangre oxigenada; en la pasiva el tono es más azulado. Del griego hyper, exceso, y haima, sangre. La misma raíz haima aparece en numerosos términos médicos relacionados con la sangre.Qué es la hiperemia
Hiperemia activa y su mecanismo
Hiperemia pasiva o congestión
Diferenciación con conceptos próximos
Preguntas frecuentes
¿Es siempre un signo de enfermedad?
¿Qué diferencia hay entre hiperemia y congestión?
¿Por qué la zona se pone roja y caliente?
¿De dónde viene la palabra?
Referencias
Entradas relacionadas
Infografías realizadas con https://BioRender.com
© Clínica Universidad de Navarra 2026