DICCIONARIO MÉDICO
Forma L
La forma L (también denominada fase L o variante L) designa una modalidad de crecimiento bacteriano en la que el microorganismo ha perdido total o parcialmente su pared celular de peptidoglicano. Estas variantes pueden derivar de prácticamente cualquier especie bacteriana, tanto grampositiva como gramnegativa, y se diferencian de los micoplasmas en que estos últimos carecen de pared de forma natural y permanente. La denominación «forma L» no alude a la letra inicial de ningún término descriptivo. En 1935, la microbióloga alemana Emmy Klieneberger-Nobel, exiliada en Londres tras ser expulsada de su puesto en Alemania por el régimen nazi, observó unas colonias de aspecto inusual mientras cultivaba Streptobacillus moniliformis a partir de sangre de rata en el Lister Institute of Preventive Medicine. Aquellas colonias, pleomórficas y sin la morfología bacilar típica, recibieron la designación «L1» en honor al instituto donde trabajaba. El nombre se generalizó después a todas las variantes bacterianas deficientes en pared. Klieneberger-Nobel creyó inicialmente que se trataba de un organismo simbionte. Fue su colega Louis Dienes quien demostró, mediante estudios cinéticos de cultivo, que las formas L procedían del propio bacilo y que la bacteria podía alternar entre ambos estados morfológicos. Aquella observación abrió un campo de investigación que, en 1942, permitiría comprobar que las formas L eran resistentes a la penicilina, hallazgo coherente con la ausencia de la diana de acción del antibiótico. La pared bacteriana, compuesta por una malla de peptidoglicano, protege a la célula frente a la presión osmótica y le confiere su forma característica: cocos, bacilos, espirilos. Cuando esa malla se debilita o se pierde (por exposición a antibióticos betalactámicos, a lisozima o a otras sustancias líticas), la bacteria adopta un aspecto esférico e irregular y se vuelve osmóticamente frágil. Son células que solo sobreviven en medios hipertónicos suplementados con suero. Se distinguen dos categorías. Las formas L inestables conservan parte de la maquinaria de síntesis del peptidoglicano y pueden revertir a la morfología original cuando desaparece el estímulo que provocó la pérdida de pared; son equiparables a esferoplastos capaces de dividirse. Las formas L estables, en cambio, han perdido de manera irreversible la capacidad de reconstruir la pared y se propagan indefinidamente como células desnudas, en un estado que recuerda al de los protoplastos. Aunque el aspecto al microscopio puede ser similar (células esféricas sin pared, con gran pleomorfismo), las formas L y los micoplasmas tienen un origen evolutivo distinto. Los micoplasmas pertenecen a la clase Mollicutes y carecen de pared celular de manera constitutiva: nunca la tuvieron ni disponen de los genes necesarios para sintetizarla. Su membrana, estabilizada por colesterol, les confiere una viabilidad que las formas L no poseen fuera de medios de cultivo especiales. Otra diferencia práctica: un micoplasma nunca revertirá a una bacteria con pared, porque no procede de una. El interés biomédico de las formas L radica en su capacidad para evadir tanto antibióticos dirigidos contra la pared (betalactámicos, glucopéptidos) como los métodos convencionales de detección bacteriana en el laboratorio. Varios grupos de investigación han descrito la persistencia intracelular de formas L de Escherichia coli, Staphylococcus aureus y Listeria monocytogenes en condiciones experimentales, lo que ha llevado a postular su papel en infecciones recurrentes como la infección urinaria de repetición, la endocarditis con hemocultivos negativos y la osteomielitis crónica. La evidencia clínica directa, sin embargo, sigue siendo limitada y el debate continúa abierto. Desde una perspectiva más teórica, el estudio de las formas L ha contribuido a replantear preguntas sobre los orígenes de la vida celular. Algunos autores han propuesto que la proliferación sin pared podría representar un eco de las primeras células procariotas, anteriores a la adquisición evolutiva del peptidoglicano. La L corresponde a Lister, por el Lister Institute of Preventive Medicine de Londres, donde Emmy Klieneberger-Nobel aisló estas variantes en 1935. No se refiere a ninguna propiedad morfológica ni a un tamaño concreto. En condiciones de laboratorio, algunas formas L de patógenos como L. monocytogenes pierden gran parte de su virulencia al carecer de pared y de los factores de superficie que les permiten invadir tejidos. Su relevancia clínica directa no está plenamente establecida, aunque se investiga su posible implicación en infecciones crónicas de difícil erradicación. Depende del tipo. Las formas L inestables sí pueden recuperar la síntesis de pared y retomar la morfología original cuando se retira el agente que indujo la transición. Las estables, no. No exactamente, aunque los conceptos se solapan. El esferoplasto conserva restos de pared celular y suele ser el resultado inmediato de un daño parcial. La forma L implica un estado de crecimiento sostenido sin pared, con capacidad de división continuada en medios adecuados.Origen del nombre y descubrimiento
Mecanismo de formación y tipos
Diferenciación respecto de los micoplasmas
Relevancia en investigación y clínica
Preguntas frecuentes
¿Qué significa la «L» de forma L?
¿Son peligrosas las formas L?
¿Una forma L puede volver a ser una bacteria normal?
¿Es lo mismo una forma L que un esferoplasto?
Referencias
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Infografías realizadas con https://BioRender.com
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