DICCIONARIO MÉDICO

Fiebre del Nilo Occidental

La fiebre del Nilo Occidental es la forma clínica leve de la infección por el virus del Nilo Occidental: el cuadro febril que desarrollan quienes, tras la picadura de un mosquito infectado, sí llegan a tener síntomas. No es la única posibilidad ni la más grave. Ocho de cada diez personas infectadas no notan nada, y una proporción mucho menor progresa hacia una afectación neurológica que el diccionario recoge en una entrada aparte. En España es ya una enfermedad de presencia estival habitual en buena parte del suroeste peninsular.

Qué es la fiebre del Nilo Occidental

El término no designa un microorganismo, sino un síndrome: el conjunto de manifestaciones generales, con fiebre como protagonista, que produce la replicación del virus en el organismo antes de que las defensas lo controlen. Comparte causa con la forma neuroinvasiva del Nilo Occidental, pero no su gravedad ni, casi nunca, su desenlace.

La denominación es descriptiva y relativamente reciente en la literatura médica. Los primeros brotes bien documentados, en Israel a comienzos de los años cincuenta, ya la describieron como una enfermedad febril benigna, propia de adultos jóvenes y soldados, muy distinta de la que se reconocería después en poblaciones de mayor edad.

Cómo se desarrolla

Tras la picadura, el virus se replica primero en la piel y en los ganglios linfáticos cercanos antes de pasar a la sangre. Ese paso, la viremia, es lo que produce la fiebre y el malestar general, y también lo que permite que otro mosquito se infecte al picar de nuevo. El periodo entre la picadura y la aparición del cuadro febril suele rondar entre dos y seis días, aunque puede prolongarse hasta las dos semanas en personas con las defensas debilitadas.

En la mayoría de los casos, el sistema inmunitario controla la infección en ese punto: genera anticuerpos neutralizantes, frena la replicación viral y el cuadro remite por sí solo. Solo cuando el virus consigue atravesar la barrera hematoencefálica, algo que ocurre en menos del 1% de las infecciones, deja de hablarse de fiebre del Nilo Occidental para pasar a la forma neuroinvasiva.

Clasificación: del contagio silencioso a la enfermedad declarada

La infección por el virus del Nilo Occidental se reparte, a efectos de vigilancia epidemiológica, en tres categorías. La primera y más numerosa es la infección asintomática, que agrupa a cerca del 80% de los infectados. La segunda es esta fiebre, presente en torno a un 20% de los casos. La tercera, la enfermedad neuroinvasiva, afecta a menos de un 1%, aproximadamente uno de cada 150 infectados.

Diferenciación

El cuadro no tiene ningún rasgo que lo distinga, por sí solo, de otras fiebres transmitidas por mosquitos que circulan hoy en el mismo territorio, como el dengue o el chikungunya. La clave para diferenciarlas no está en el relato del paciente, sino en la exposición geográfica y en las pruebas serológicas específicas de cada virus. Frente a la encefalitis del Nilo Occidental, la distinción es conceptual y no solo de intensidad: la fiebre se agota en un cuadro general sin afectación del sistema nervioso central, mientras que la forma neuroinvasiva implica, por definición, que el virus ha cruzado esa frontera.

Epidemiología: una enfermedad ya instalada en el sur de España

Los primeros casos humanos autóctonos en España se confirmaron en 2010, en la provincia de Cádiz. Durante casi una década se mantuvieron en niveles bajos y dispersos, hasta que en el verano de 2020 se produjo un brote sin precedentes: 77 casos, concentrados sobre todo en Andalucía occidental y Extremadura. En 2024 se registró otro repunte notable, con más de 151 casos sintomáticos confirmados y 20 fallecimientos, cifra que engloba tanto la fiebre como sus formas graves.

La enfermedad sigue un patrón estacional muy marcado. Los casos se concentran a finales del verano y principios del otoño, cuando la población de mosquitos Culex alcanza su máximo y las temperaturas todavía permiten que el virus complete su ciclo de replicación en el insecto. Con el descenso de las temperaturas, la transmisión se interrumpe casi por completo hasta el verano siguiente.

Preguntas frecuentes

¿Todo el que se infecta con el virus desarrolla fiebre?

No. Alrededor del 80% de las infecciones no dan ningún síntoma; la fiebre aparece en torno al 20% restante.

¿Cuándo se detectaron los primeros casos en España?

En 2010, en la provincia de Cádiz. Desde entonces la circulación del virus se ha ido consolidando en el suroeste peninsular, con brotes de mayor magnitud en 2020 y 2024.

¿Es lo mismo que la encefalitis del Nilo Occidental?

Son dos entidades relacionadas pero no equivalentes. Ambas las produce el mismo virus, y de hecho una puede preceder a la otra en la misma persona, pero la fiebre se queda en un cuadro general y la encefalitis implica afectación del sistema nervioso central.

¿Por qué los casos se concentran en verano?

Porque el mosquito Culex necesita temperaturas cálidas para completar el ciclo que permite al virus multiplicarse dentro de su organismo antes de volverse infectante. A finales de verano y principios de otoño coinciden la mayor densidad de mosquitos con las condiciones térmicas óptimas para esa replicación, lo que explica el pico estacional de casos humanos. Cuando el frío llega, ambos factores desaparecen a la vez.

¿Puede una persona con fiebre del Nilo Occidental contagiar a otra directamente?

No. El contagio depende del mosquito; sin él, el virus no pasa de una persona a otra salvo por vías excepcionales como la transfusión o el trasplante.

Referencias

  1. Instituto de Salud Carlos III (ISCIII), Centro Nacional de Epidemiología. Fiebre del Nilo Occidental.
  2. Ministerio de Sanidad. Análisis del riesgo de circulación del virus del Nilo Occidental en España.
  3. MedlinePlus (Biblioteca Nacional de Medicina de EE. UU.). Infección por el virus del Nilo Occidental.
  4. Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC), versión en español. Síntomas del virus del Nilo Occidental.

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