DICCIONARIO MÉDICO
Virus del Nilo Occidental
El virus del Nilo Occidental es un flavivirus que vive, en circunstancias normales, en un circuito cerrado entre aves silvestres y mosquitos. El ser humano y el caballo se cuelan en ese circuito por accidente, cuando pica un mosquito infectado, pero no consiguen mantener el virus circulando después: son un callejón sin salida epidemiológico. Se aisló por primera vez en 1937, en Uganda, y hoy está presente en todos los continentes salvo la Antártida, incluida buena parte del sur de España. La mayoría de las infecciones pasan inadvertidas. Solo una minoría desarrolla alguna de las dos enfermedades que produce el virus. Orthoflavivirus nilense Virus del Nilo Occidental Tipo: virus Estructura: ARN monocatenario de sentido positivo, con envoltura lipídica; familia Flaviviridae Transmisión: vectorial, por mosquitos del género Culex Reservorio: animal (aves silvestres, hospedador amplificador) Patogenicidad: primario Enfermedades: fiebre del Nilo Occidental, encefalitis del Nilo Occidental El nombre no tiene nada de metafórico: designa, literalmente, la región donde se aisló por primera vez. En 1937, en el distrito de West Nile, al norte de Uganda, el investigador Kenneth Smithburn y su equipo tomaron una muestra de sangre a una mujer de 37 años con fiebre y, tras varios pases en ratones, obtuvieron el virus que llevaría después ese topónimo. No fue un hallazgo casual: buscaban el virus de la fiebre amarilla y encontraron, sin proponérselo, un patógeno distinto. Desde 2023 tiene, además, un nombre científico oficial que todavía pocos usan fuera de la virología: Orthoflavivirus nilense. El cambio no altera nada de lo que ya se sabía del virus, solo ordena la nomenclatura del género dentro de un esquema binomial más riguroso que sustituyó al antiguo género Flavivirus. En la práctica clínica y en la literatura médica en español sigue llamándose, casi siempre, virus del Nilo Occidental. Es un virus pequeño, de forma esférica, de unos 50 nanómetros de diámetro, con envoltura lipídica y una nucleocápside de simetría icosaédrica. Dentro guarda una única cadena de ARN de sentido positivo, de aproximadamente 11.000 nucleótidos, que actúa como un mensajero listo para traducirse en cuanto entra en la célula. Ese genoma no fabrica proteínas por separado, sino una sola cadena larga que la célula infectada corta después en piezas funcionales: tres proteínas estructurales (cápside, prM y envoltura) que forman la partícula viral, y siete proteínas no estructurales, de NS1 a NS5, que se ocupan de replicar el ARN y de esquivar las defensas del organismo. La NS1, por ejemplo, interfiere con el sistema del complemento; la NS5 lleva la polimerasa que copia el genoma viral. El virus se mantiene en la naturaleza gracias a un circuito casi cerrado entre aves y mosquitos, sobre todo del género Culex. El mosquito pica a un ave infectada, adquiere el virus con la sangre y, días después, lo inocula a la siguiente ave que pica. Los caballos y los seres humanos entran en ese circuito por accidente: el mosquito los pica y el virus se transmite, pero ninguno de los dos desarrolla una viremia lo bastante alta como para infectar a otro mosquito. Son, en la jerga de la epidemiología, hospedadores terminales. Existen además vías de transmisión secundarias, mucho menos frecuentes, que no dependen del mosquito: la transfusión de sangre, el trasplante de órganos y, en menor medida, la vía transplacentaria de la madre al feto o la leche materna. Desde Uganda, el virus se fue detectando en Egipto durante los años cincuenta, después en Israel, la India y Australia. En 1999 dio el salto que cambió su historia epidemiológica: apareció en Nueva York, en el primer brote documentado en el hemisferio occidental, y desde entonces se ha extendido por prácticamente todo Estados Unidos, buena parte de Canadá y zonas de México y América Central. En España, la vigilancia entomológica y veterinaria lo detecta desde 2007, aunque los primeros casos humanos autóctonos no se confirmaron hasta 2010, en la provincia de Cádiz. Hoy circula de forma endémica en el suroeste peninsular. La mayoría de las personas que reciben la picadura de un mosquito infectado ni se enteran: en torno al 80% de las infecciones cursan sin ningún síntoma. Cuando el virus sí se manifiesta, lo hace de dos formas muy distintas en gravedad, y por eso el diccionario les dedica una entrada propia a cada una: la fiebre del Nilo Occidental, la forma leve y con diferencia más frecuente, y la encefalitis del Nilo Occidental, la complicación neuroinvasiva que solo afecta a menos del 1% de los infectados pero concentra casi toda la gravedad del cuadro. Comparte género con el virus del dengue, el de la fiebre amarilla, el del Zika y el de la encefalitis japonesa, todos ellos arbovirus de la familia Flaviviridae. Lo que los distingue en la práctica no es tanto la biología molecular, bastante parecida entre todos, como el vector y la geografía: el dengue y el Zika viajan sobre todo con mosquitos Aedes en zonas tropicales, mientras que el Nilo Occidental prefiere los Culex y tolera con comodidad el clima templado de media Europa. Dentro de la propia especie hay, además, una división en linajes genéticos, de los que solo dos causan enfermedad con regularidad en el ser humano. El linaje 1 incluye el clado responsable del brote de Nueva York de 1999 y también el llamado virus Kunjin, que circula en Australia con un perfil clínico más benigno. El linaje 2, de origen africano, es hoy el segundo más relevante en Europa y el que se detectó por primera vez en España en 2017, en Lleida. Para los caballos existe una vacuna autorizada desde hace más de dos décadas. Para las personas, no la hay todavía, a diferencia de lo que ocurre con la fiebre amarilla. El nombre no alude a Egipto, sino al distrito de West Nile, en el noroeste de Uganda, donde Kenneth Smithburn lo aisló en 1937 a partir de la sangre de una mujer febril. No de forma directa. El virus necesita al mosquito para pasar de un huésped a otro; las únicas excepciones documentadas son la transfusión, el trasplante de órganos y, rara vez, la transmisión de madre a hijo. No. El virus es el microorganismo; la fiebre es una de las dos enfermedades que puede producir, junto con la forma neuroinvasiva. Ambos causan enfermedad en humanos, pero tienen historias distintas. El linaje 1 es el que llegó a Nueva York en 1999 y hoy domina en América y buena parte de Europa. El linaje 2, originario del África subsahariana, permaneció mucho tiempo confinado a ese continente antes de expandirse hacia Europa central y del sur en la década de 2000, y es el que se identificó en Lleida en 2017. Clínicamente no se han demostrado diferencias sistemáticas de gravedad entre ambos. Para los caballos sí, desde hace más de veinte años. Para las personas, no.Qué es el virus del Nilo Occidental
Estructura y organización genómica
Dónde vive y cómo se transmite
Qué enfermedades produce
Diferenciación con otros flavivirus
Preguntas frecuentes
¿Por qué se llama virus del Nilo Occidental?
¿Se contagia de una persona a otra?
¿Es lo mismo que la fiebre del Nilo Occidental?
¿Qué diferencia hay entre los linajes 1 y 2?
¿Hay vacuna para el virus del Nilo Occidental?
Referencias
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