DICCIONARIO MÉDICO
Facoma
Un facoma es un hamartoma retiniano benigno compuesto por células gliales, asociado principalmente a la esclerosis tuberosa, que aparece como una lesión blanquecina o grisácea en el fondo de ojo. Un facoma, también denominado hamartoma astrocítico retiniano o astrocitoma retiniano, es una lesión tumoral benigna que se localiza en la retina, concretamente en la capa de fibras nerviosas. Está compuesto por células gliales proliferantes (astrocitos) que forman una masa de crecimiento lento y generalmente mínimamente progresivo. En términos patológicos, un facoma es un hamartoma: un tipo de lesión constituida por células maduras propias del tejido donde se localiza (en este caso, astrocitos de la retina) que crecen de forma desorganizada. A diferencia de un tumor maligno, un hamartoma no tiene capacidad de invasión ni de metástasis. La mayoría de los facomas se consideran congénitos, es decir, están presentes desde el nacimiento, aunque pueden no hacerse clínicamente evidentes hasta etapas posteriores de la vida. Los facomas se encuentran en aproximadamente un tercio a la mitad de los pacientes con esclerosis tuberosa. De estos, alrededor del 43 % presentan lesiones bilaterales (en ambos ojos) y el 40 % presentan múltiples tumores. Los facomas que aparecen de forma aislada, sin evidencia clínica ni genética de esclerosis tuberosa, son casi siempre solitarios y unilaterales. La exploración del fondo de ojo permite identificar tres tipos morfológicos básicos de hamartoma astrocítico retiniano, clasificados según su apariencia oftalmoscópica: Es el tipo más frecuente. Se presenta como una lesión relativamente plana, de superficie lisa, grisácea o de color salmón claro, semitranslúcida y de forma circular u ovalada. Se localiza en la retina superficial, generalmente cerca del polo posterior o del nervio óptico. Debido a su sutileza, estas lesiones pueden pasar desapercibidas en una exploración oftalmoscópica rutinaria y requerir técnicas de imagen más sofisticadas, como la tomografía de coherencia óptica (OCT), para su identificación. Es la forma más fácilmente reconocible. Aparece como una lesión elevada, opaca, blanquecina y de aspecto multinodular, que recuerda al aspecto de una mora (mulberry en la literatura anglosajona). Esta apariencia se debe a la calcificación del tejido glial proliferante. Es una lesión clásicamente asociada a la esclerosis tuberosa y, en una tomografía computarizada (TC) craneal, puede aparecer como una masa calcificada en el globo ocular. Presenta características intermedias entre los dos tipos anteriores: su centro es calcificado y nodular (similar al tipo 2) mientras que su periferia es semitranslúcida, lisa y de color salmón (similar al tipo 1). Representa probablemente una forma evolutiva en la que una lesión inicialmente plana ha comenzado a calcificarse en su zona central. Estudios recientes con OCT de alta resolución han permitido observar que los facomas presentan una evolución progresiva que afecta inicialmente a las capas internas de la retina y, a medida que crecen y se calcifican, progresan hacia las capas externas. Esta observación respalda la hipótesis de que los tres tipos morfológicos representan estadios evolutivos de la misma lesión. El facoma se produce por la proliferación descontrolada de astrocitos en la capa de fibras nerviosas de la retina. Esta proliferación está vinculada, en la mayoría de los casos, a mutaciones en los genes supresores de tumores implicados en la esclerosis tuberosa. La esclerosis tuberosa (ET) es una enfermedad genética autosómica dominante causada por mutaciones en los genes TSC1 (cromosoma 9q34, que codifica la proteína hamartina) o TSC2 (cromosoma 16p13.3, que codifica la proteína tuberina). Estas proteínas forman un complejo que regula la vía de señalización mTOR (mammalian target of rapamycin), esencial para el control de la proliferación y la diferenciación celular. La pérdida de función de este complejo conduce a una activación descontrolada de la vía mTOR, que promueve el crecimiento celular excesivo y la formación de hamartomas en múltiples órganos. La esclerosis tuberosa afecta a aproximadamente 1 de cada 6.000 personas. Tiene una penetrancia alta pero una expresividad muy variable: las manifestaciones clínicas difieren enormemente de un paciente a otro, incluso dentro de una misma familia. Aproximadamente dos tercios de los casos se deben a mutaciones espontáneas (de novo), sin antecedentes familiares. El desarrollo de hamartomas individuales sigue la hipótesis de los "dos golpes" de Knudson: la primera mutación es heredada (o surge de novo), y una segunda mutación somática aleatoria en la otra copia del gen desactiva completamente la función supresora de tumores en una célula concreta, lo que da lugar a la formación de un hamartoma en ese tejido. Esta necesidad de una segunda mutación explica la distribución variable e impredecible de los hamartomas en los distintos órganos. En un pequeño porcentaje de casos, los facomas aparecen de forma aislada, sin que el paciente presente ninguna evidencia clínica ni genética de esclerosis tuberosa. Estos facomas esporádicos son casi siempre solitarios, unilaterales y suelen seguir un curso benigno sin necesidad de tratamiento. Su hallazgo, no obstante, obliga al especialista a descartar una esclerosis tuberosa subyacente mediante una evaluación sistémica completa. En la gran mayoría de los casos, los facomas son asintomáticos. Se descubren de forma incidental durante una exploración del fondo de ojo realizada por otro motivo, o durante el cribado oftalmológico de pacientes con sospecha o diagnóstico de esclerosis tuberosa. Los facomas raramente causan pérdida visual. Sin embargo, en situaciones excepcionales pueden producir síntomas cuando: En pacientes con esclerosis tuberosa, la pérdida visual puede deberse también a otras causas relacionadas con la enfermedad, como los túberes corticales cerebrales que afectan a las áreas visuales, los gliomas del nervio óptico o la atrofia óptica secundaria a hidrocefalia. El diagnóstico del facoma se establece mediante una exploración clínica del fondo de ojo que revela la apariencia oftalmoscópica característica. Las pruebas complementarias que el especialista puede utilizar incluyen: Cuando se detecta un facoma, el oftalmólogo debe considerar la posibilidad de una esclerosis tuberosa subyacente, especialmente si las lesiones son bilaterales o múltiples. El diagnóstico de esclerosis tuberosa requiere el cumplimiento de criterios clínicos específicos que incluyen manifestaciones cutáneas, neurológicas, renales, cardíacas y oculares. El facoma retiniano constituye uno de los criterios mayores para el diagnóstico de esclerosis tuberosa. El principal diagnóstico diferencial del facoma, especialmente en su forma calcificada (tipo 2), es el retinoblastoma, un tumor maligno de la retina que se presenta predominantemente en la infancia. Ambas lesiones pueden aparecer como masas calcificadas en el globo ocular en una TC. La diferenciación es fundamental, ya que el retinoblastoma requiere un tratamiento urgente. Otras lesiones que deben considerarse en el diagnóstico diferencial incluyen las drusas del nervio óptico, el meduloepitelioma y los granulomas retinianos inflamatorios. El especialista determinará las pruebas necesarias para establecer el diagnóstico correcto. En la inmensa mayoría de los casos, los facomas no requieren tratamiento. Son lesiones benignas que, por lo general, permanecen estables a lo largo de la vida sin afectar a la función visual. El crecimiento y la transformación de los facomas son excepcionales. En las raras situaciones en que un facoma causa pérdida visual —por afectación macular, desprendimiento seroso o neovascularización asociada—, se han descrito tratamientos como la inyección intravítrea de fármacos antiangiogénicos (anti-VEGF) o el uso de inhibidores de mTOR (como el sirolimus), que actúan directamente sobre la vía de señalización alterada en la esclerosis tuberosa. El seguimiento es una parte esencial del manejo. Los pacientes con esclerosis tuberosa deben someterse a exploraciones oftalmológicas periódicas con fondo de ojo dilatado para: El manejo de los pacientes con esclerosis tuberosa requiere un enfoque multidisciplinar que incluya neurólogos, nefrólogos, dermatólogos, cardiólogos y oftalmólogos, entre otros, dado el carácter multisistémico de la enfermedad. Además de los facomas retinianos, la esclerosis tuberosa puede asociarse a otras manifestaciones oculares: El facoma no es una lesión aislada sino que, en la mayoría de los casos, se enmarca en el cuadro clínico de la esclerosis tuberosa, una enfermedad que afecta a múltiples órganos y sistemas. Comprender este contexto es esencial para el manejo integral del paciente. La esclerosis tuberosa se caracteriza por la formación de hamartomas en diferentes tejidos: Clásicamente, la esclerosis tuberosa se describía mediante la tríada de Vogt (epilepsia, discapacidad intelectual y angiofibromas faciales), pero actualmente se sabe que menos del 40 % de los pacientes presentan las tres manifestaciones simultáneamente. El diagnóstico se establece mediante criterios clínicos revisados que incluyen criterios mayores y menores, o mediante la identificación de una mutación patogénica en los genes TSC1 o TSC2. El facoma retiniano figura como criterio mayor en estos sistemas diagnósticos. El pronóstico del facoma en sí mismo es excelente. La lesión permanece estable en la gran mayoría de los pacientes a lo largo de décadas. Algunos facomas pueden experimentar calcificación progresiva con el tiempo (transición del tipo 1 al tipo 2 o 3), pero este proceso no suele tener repercusión clínica. El pronóstico global del paciente depende fundamentalmente de la gravedad de la esclerosis tuberosa subyacente, en caso de existir. Las manifestaciones neurológicas (convulsiones refractarias, discapacidad intelectual) y las complicaciones renales son las que más influyen en la calidad de vida y el pronóstico a largo plazo. Las guías de consenso internacional recomiendan un programa de seguimiento estructurado que incluye: La esperanza de vida de los pacientes con esclerosis tuberosa es generalmente normal cuando se realiza un seguimiento médico adecuado y se tratan las complicaciones de forma oportuna. Los avances en el tratamiento con inhibidores de mTOR (como everolimus y sirolimus) han mejorado significativamente el manejo de varias manifestaciones de la enfermedad, incluidos los astrocitomas subependimarios, los angiomiolipomas renales y la linfangioleiomiomatosis pulmonar. No. El facoma es un hamartoma benigno que no tiene capacidad de malignización ni de metástasis. Se trata de una proliferación de células gliales maduras propias de la retina que crecen de forma desorganizada pero no invasiva. En la gran mayoría de los casos, los facomas permanecen estables durante toda la vida y no requieren tratamiento. Sin embargo, su hallazgo obliga a descartar la esclerosis tuberosa, una enfermedad sistémica que sí puede asociarse a tumores con mayor potencial de crecimiento en otros órganos. No necesariamente, aunque la asociación es muy frecuente. Se estima que entre un tercio y la mitad de los pacientes con esclerosis tuberosa presentan facomas. Sin embargo, también existen facomas esporádicos que aparecen en personas sin esclerosis tuberosa. Cuando se detecta un facoma, el especialista realizará una evaluación completa para buscar otros signos de esclerosis tuberosa, ya que en algunos casos el facoma puede ser el primer hallazgo que conduzca al diagnóstico de esta enfermedad. En la inmensa mayoría de los casos, no. Los facomas suelen ser lesiones pequeñas, periféricas y estables que no comprometen la agudeza visual. Solo en situaciones excepcionales, cuando la lesión afecta a la mácula o al nervio óptico, o cuando se produce un desprendimiento seroso de la retina, puede haber disminución de la visión. El seguimiento oftalmológico periódico permite detectar precozmente estas complicaciones infrecuentes. El concepto de facomatosis se originó precisamente a partir del facoma. Van der Hoeve acuñó el término para designar al grupo de enfermedades que compartían la presencia de lesiones congénitas ("manchas") en distintos tejidos derivados del ectodermo. Con el tiempo, el término evolucionó hasta incluir un grupo amplio de síndromes neurocutáneos (neurofibromatosis, esclerosis tuberosa, enfermedad de von Hippel-Lindau, síndrome de Sturge-Weber, entre otros). Actualmente, la denominación "síndromes neurocutáneos" ha sustituido en gran medida al término facomatosis en la literatura médica, por considerarse más descriptiva del carácter multisistémico de estas enfermedades. Referencias de interés para pacientes: © Clínica Universidad de Navarra 2026
El término facoma (del griego phakos, que significa mancha, lunar o lenteja) fue acuñado por el oftalmólogo holandés Jan van der Hoeve en 1921 para describir las lesiones retinianas características que observó en pacientes con esclerosis tuberosa. Van der Hoeve utilizó esta denominación para referirse a lo que consideraba "manchas congénitas" o marcas de nacimiento oculares, y a partir de este concepto introdujo el término facomatosis para designar al grupo de enfermedades hereditarias que compartían la presencia de estas lesiones. Hoy se sabe que los facomas son en realidad hamartomas astrocíticos retinianos, tumores benignos formados por la proliferación de células gliales (astrocitos) en la capa de fibras nerviosas de la retina. Aunque se asocian principalmente a la esclerosis tuberosa, también pueden aparecer de forma aislada o en el contexto de otras enfermedades. Su evaluación y seguimiento corresponden al especialista en oftalmología.Qué es un facoma
Tipos morfológicos de facoma
Tipo 1: lesión plana y translúcida
Tipo 2: lesión multinodular calcificada ("mora")
Tipo 3: lesión transicional
Causas del facoma
Esclerosis tuberosa (complejo de esclerosis tuberosa)
Facomas esporádicos
Síntomas del facoma
Diagnóstico del facoma
Diagnóstico diferencial
Tratamiento y seguimiento del facoma
Otras manifestaciones oculares de la esclerosis tuberosa
El facoma en el contexto de la esclerosis tuberosa
Vigilancia y pronóstico del facoma
Preguntas frecuentes sobre el facoma
¿El facoma es un tumor maligno?
¿Tener un facoma significa que se tiene esclerosis tuberosa?
¿El facoma afecta a la visión?
¿Qué relación tiene el facoma con la facomatosis?
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