DICCIONARIO MÉDICO

Facomatosis

Las facomatosis, también denominadas síndromes neurocutáneos, son un grupo de enfermedades genéticas multisistémicas caracterizadas por la formación de hamartomas que afectan principalmente al sistema nervioso, la piel y los ojos.


Las facomatosis constituyen un grupo heterogéneo de enfermedades hereditarias que comparten un rasgo común: la tendencia a desarrollar hamartomas (tumores benignos formados por tejidos propios de la zona donde se localizan) y, en algunos casos, tumores con potencial maligno en estructuras derivadas del ectodermo embrionario, como el sistema nervioso central, la piel, los ojos y los nervios periféricos. El término facomatosis fue acuñado en 1923 por el oftalmólogo holandés Jan van der Hoeve, quien utilizó la palabra griega phakos (mancha o lunar) para describir las lesiones cutáneas y retinianas congénitas que observó en pacientes con neurofibromatosis y esclerosis tuberosa. Con el tiempo, el concepto se amplió para incluir otras enfermedades con características similares, y actualmente el término síndromes neurocutáneos se emplea con mayor frecuencia en la literatura médica por ser más descriptivo del carácter multisistémico de estas enfermedades. El diagnóstico y el seguimiento de las facomatosis requieren una evaluación profesional multidisciplinar.

Qué es la facomatosis

El término facomatosis designa a un conjunto de enfermedades genéticas que afectan de forma predominante a tejidos derivados del ectodermo: el sistema nervioso central, los nervios periféricos, la piel y los ojos. Estas enfermedades se caracterizan por la presencia de "manchas, tumoraciones y quistes", y comparten la formación de hamartomas y, en algunos casos, hamartoblastomas (tumores con potencial maligno).

La mayoría de las facomatosis están causadas por mutaciones en genes supresores de tumores que regulan vías de señalización celular fundamentales para el control del crecimiento, la diferenciación y la proliferación celular. Dos de las vías más frecuentemente implicadas son la vía RAS-MAPK y la vía PI3K/AKT/mTOR. Las mutaciones que alteran el funcionamiento de estas vías predisponen al individuo a desarrollar diversos tipos de tumores benignos o malignos, dependiendo del gen específico afectado.

Las facomatosis son, en su mayoría, enfermedades monogénicas que pueden heredarse con diferentes patrones: autosómico dominante (neurofibromatosis, esclerosis tuberosa, enfermedad de von Hippel-Lindau), autosómico recesivo (ataxia-telangiectasia) o dominante ligado al X (incontinentia pigmenti). Algunas, como el síndrome de Sturge-Weber, son de aparición esporádica y se producen por mutaciones somáticas en mosaico. La expresividad clínica es muy variable, incluso dentro de la misma familia, lo que significa que dos personas con la misma mutación pueden presentar manifestaciones muy diferentes.

Principales tipos de facomatosis

Se han descrito más de 40 entidades dentro del espectro de las facomatosis. Las cuatro enfermedades clásicas, incluidas originalmente en el concepto, son la neurofibromatosis, la esclerosis tuberosa, la enfermedad de von Hippel-Lindau y el síndrome de Sturge-Weber. A continuación se describen las más relevantes. Dado que cada una de estas enfermedades constituye una entidad compleja por sí misma, la información aquí proporcionada ofrece una visión global orientativa; el especialista valorará cada caso de forma individualizada.

Neurofibromatosis tipo 1 (enfermedad de von Recklinghausen)

Es la facomatosis más frecuente, con una prevalencia de aproximadamente 1 de cada 2.500 a 3.000 nacidos vivos. Está causada por mutaciones en el gen NF1 (cromosoma 17q11.2), que codifica la proteína neurofibromina, un supresor tumoral que regula la vía de señalización Ras. La herencia es autosómica dominante, aunque aproximadamente la mitad de los casos surgen por mutaciones espontáneas sin antecedentes familiares.

Las manifestaciones clínicas características incluyen:

  • Manchas café con leche: máculas cutáneas pigmentadas que constituyen el signo más precoz, presente en el 99 % de los pacientes antes de los 5 años de edad.
  • Neurofibromas: tumores benignos de las vainas nerviosas que pueden ser cutáneos, subcutáneos o plexiformes. Los neurofibromas plexiformes son patognomónicos de la enfermedad y pueden causar dolor, deformidad y, en un pequeño porcentaje, malignización.
  • Nódulos de Lisch: hamartomas melanocíticos del iris, presentes en el 100 % de los adultos con la enfermedad.
  • Gliomas de la vía óptica: tumores de bajo grado que afectan al nervio óptico o al quiasma óptico en el 5-25 % de los pacientes.
  • Pecas axilares e inguinales (signo de Crowe).
  • Anomalías óseas: displasia del esfenoides, pseudoartrosis de tibia, escoliosis.
  • Dificultades de aprendizaje: presentes en un porcentaje significativo de los pacientes.

El diagnóstico se establece mediante criterios clínicos consensuados cuando se cumplen dos o más de los rasgos mencionados. El selumetinib, un inhibidor de la vía MEK, ha sido aprobado como el primer tratamiento farmacológico para los neurofibromas plexiformes inoperables en pacientes con NF1.

Neurofibromatosis tipo 2

Menos frecuente que la NF1, con una prevalencia de 1 de cada 25.000 a 40.000 personas. Está causada por mutaciones en el gen NF2 (cromosoma 22q12), que codifica la proteína merlina (schwannomina), un supresor tumoral. La herencia es autosómica dominante.

La lesión característica son los schwannomas vestibulares bilaterales, tumores benignos del octavo par craneal que causan pérdida de audición progresiva, acúfenos y trastornos del equilibrio. Otras manifestaciones frecuentes incluyen meningiomas múltiples, ependimomas espinales, schwannomas de otros nervios craneales y cataratas juveniles. A diferencia de la NF1, las manifestaciones cutáneas son poco prominentes, lo que puede dificultar el diagnóstico precoz.

Esclerosis tuberosa (complejo de esclerosis tuberosa)

Tiene una prevalencia de aproximadamente 1 de cada 6.000 individuos. Está causada por mutaciones en los genes TSC1 (que codifica hamartina) o TSC2 (que codifica tuberina), con herencia autosómica dominante. Aproximadamente dos tercios de los casos son esporádicos.

La enfermedad se caracteriza por la formación de hamartomas en múltiples órganos:

  • Cerebro: túberes corticales (causantes de epilepsia y discapacidad intelectual), nódulos subependimarios y astrocitomas subependimarios de células gigantes.
  • Piel: angiofibromas faciales, manchas hipopigmentadas en "hoja de fresno", placas de Shagreen, fibromas subungueales.
  • Ojos: hamartomas astrocíticos retinianos (facomas), lesiones despigmentadas del epitelio pigmentario retiniano.
  • Riñones: angiomiolipomas, quistes renales.
  • Corazón: rabdomiomas cardíacos (especialmente en lactantes).
  • Pulmones: linfangioleiomiomatosis.

Los inhibidores de mTOR (everolimus, sirolimus) han demostrado eficacia en el tratamiento de varias manifestaciones de la enfermedad.

Enfermedad de von Hippel-Lindau

Es una enfermedad autosómica dominante causada por mutaciones en el gen VHL (cromosoma 3p25-26), que codifica una proteína implicada en la degradación del factor inducible por hipoxia (HIF-1α). La pérdida de función de esta proteína conduce a una producción excesiva de factores de crecimiento vascular, lo que promueve la formación de tumores y quistes en múltiples órganos.

Las manifestaciones más frecuentes incluyen:

  • Hemangioblastomas: tumores vasculares benignos que se desarrollan en la retina (angiomas retinianos), el cerebelo, el tronco del encéfalo y la médula espinal.
  • Carcinoma de células renales: bilateral en muchos casos, constituye una de las principales causas de morbimortalidad en estos pacientes.
  • Feocromocitoma: tumor de la glándula suprarrenal que produce catecolaminas y causa crisis hipertensivas.
  • Quistes y tumores neuroendocrinos pancreáticos.
  • Tumores del saco endolinfático del oído interno.

Síndrome de Sturge-Weber

A diferencia de las anteriores, el síndrome de Sturge-Weber es de aparición esporádica, causado por una mutación somática en mosaico del gen GNAQ. Se caracteriza por:

  • Nevus flammeus facial (mancha de vino de Oporto): malformación capilar cutánea, generalmente unilateral, en la distribución del nervio trigémino.
  • Angiomatosis leptomeníngea: malformación vascular de las meninges que puede causar convulsiones, déficits neurológicos focales y calcificaciones corticales.
  • Glaucoma congénito ipsilateral al nevus facial.
  • Hemangioma coroideo: la manifestación intraocular más frecuente.

Ataxia-telangiectasia

Es una facomatosis de herencia autosómica recesiva, causada por mutaciones en el gen ATM (cromosoma 11q22-23). Se manifiesta por ataxia cerebelosa progresiva desde la infancia temprana, telangiectasias oculocutáneas, inmunodeficiencia con infecciones recurrentes y predisposición aumentada a neoplasias malignas, especialmente leucemias y linfomas.

Diagnóstico de las facomatosis

El diagnóstico de las facomatosis se basa fundamentalmente en la evaluación clínica, apoyada por pruebas de imagen y, cuando está indicado, por estudios genéticos. Cada síndrome neurocutáneo tiene sus propios criterios diagnósticos establecidos por consenso internacional.

Los elementos clave en la evaluación diagnóstica incluyen:

  • Exploración física minuciosa: incluyendo exploración cutánea detallada con lámpara de Wood (para detectar manchas hipopigmentadas), exploración neurológica y exploración oftalmológica con fondo de ojo dilatado.
  • Resonancia magnética cerebral y espinal: técnica de elección para la detección de lesiones del sistema nervioso central, como túberes corticales, hemangioblastomas, schwannomas y meningiomas.
  • Ecografía y resonancia magnética abdominal: para detectar angiomiolipomas renales, quistes, tumores pancreáticos y feocromocitomas.
  • Pruebas genéticas: identificación de mutaciones en los genes específicos implicados (NF1, NF2, TSC1, TSC2, VHL, GNAQ, ATM). El estudio genético confirma el diagnóstico, permite el consejo genético familiar y, en algunos casos, orienta las decisiones terapéuticas.
  • Audiometría: fundamental en la NF2 para detectar precozmente la pérdida auditiva causada por los schwannomas vestibulares.

El diagnóstico temprano es esencial, ya que permite instaurar un programa de vigilancia estructurado que mejora significativamente el pronóstico y la calidad de vida de los pacientes. El especialista determinará las pruebas necesarias en función de la sospecha diagnóstica.

Tratamiento y seguimiento de las facomatosis

No existe un tratamiento curativo para las facomatosis como grupo. El manejo se centra en la vigilancia periódica, la detección precoz de complicaciones y el tratamiento de las manifestaciones específicas de cada síndrome. El seguimiento requiere un enfoque multidisciplinar que puede incluir neurólogos, dermatólogos, oftalmólogos, nefrólogos, oncólogos, genetistas, neurocirujanos y otros especialistas según las necesidades de cada paciente.

Algunos avances terapéuticos recientes relevantes incluyen:

  • Inhibidores de MEK (selumetinib): aprobados para el tratamiento de los neurofibromas plexiformes inoperables en la NF1.
  • Inhibidores de mTOR (everolimus, sirolimus): eficaces en el tratamiento de los astrocitomas subependimarios de células gigantes, los angiomiolipomas renales y la linfangioleiomiomatosis en la esclerosis tuberosa.
  • Antiangiogénicos (bevacizumab): utilizados en el manejo de los hemangioblastomas en la enfermedad de von Hippel-Lindau y de los schwannomas vestibulares en la NF2.

Los resultados varían en función de cada paciente y de la gravedad de las manifestaciones de su enfermedad. El especialista establecerá el plan terapéutico y de seguimiento más adecuado para cada situación individual.

Cuándo acudir al médico

Las facomatosis son enfermedades que pueden manifestarse de formas muy diversas y a distintas edades. Es recomendable solicitar una valoración médica cuando se observe alguna de las siguientes situaciones:

  • Un niño con múltiples manchas café con leche (seis o más de tamaño superior a 5 mm antes de la pubertad o superior a 15 mm después de la pubertad), que podrían indicar neurofibromatosis tipo 1.
  • Manchas blancas en la piel (hipopigmentadas, en forma de hoja de fresno) detectadas en un recién nacido o lactante, que pueden ser un signo precoz de esclerosis tuberosa.
  • Convulsiones en un lactante o niño pequeño, especialmente espasmos infantiles, que pueden ser la primera manifestación neurológica de la esclerosis tuberosa.
  • Pérdida de audición progresiva en un adulto joven, particularmente si es bilateral, que podría indicar schwannomas vestibulares asociados a neurofibromatosis tipo 2.
  • Una mancha de vino de Oporto en la cara de un recién nacido, especialmente si afecta a la zona de la frente y el párpado superior, que puede asociarse al síndrome de Sturge-Weber.
  • Bultos o nódulos en la piel o bajo la piel que crecen progresivamente, que podrían corresponder a neurofibromas.
  • Antecedentes familiares conocidos de cualquiera de estas enfermedades, ya que los familiares directos de personas afectadas deben someterse a un cribado para descartar que también porten la mutación.
  • Hallazgo casual de lesiones retinianas compatibles con hamartomas (facomas) durante una exploración oftalmológica.

El diagnóstico precoz de las facomatosis es fundamental porque permite instaurar un programa de vigilancia que detecta complicaciones potencialmente graves en fases tempranas y mejora el pronóstico a largo plazo. El médico de atención primaria realizará la evaluación inicial y derivará al especialista correspondiente cuando sea necesario.

Importancia del seguimiento multidisciplinar

Dado que las facomatosis son enfermedades multisistémicas que pueden afectar a prácticamente cualquier órgano, el seguimiento de los pacientes requiere la coordinación de múltiples especialidades médicas. Los protocolos de seguimiento varían según el síndrome específico, pero comparten el principio de realizar evaluaciones periódicas programadas para detectar nuevas lesiones o complicaciones antes de que se conviertan en problemas clínicamente significativos.

En la neurofibromatosis tipo 1, el seguimiento incluye revisiones anuales que evalúan la aparición de nuevos neurofibromas, el crecimiento de los existentes, el cribado de escoliosis en niños, la valoración oftalmológica para detectar gliomas de la vía óptica y la evaluación de la presión arterial para descartar feocromocitoma. Los pacientes con NF1 tienen, además, un riesgo aumentado de desarrollar tumores malignos de las vainas nerviosas periféricas, por lo que cualquier neurofibroma que crezca rápidamente, duela o cambie de consistencia debe ser evaluado con urgencia.

En la esclerosis tuberosa, se recomienda realizar resonancia magnética cerebral cada uno a tres años en personas menores de 25 años para vigilar los astrocitomas subependimarios de células gigantes, que pueden obstruir la circulación del líquido cefalorraquídeo y causar hidrocefalia. La función renal y los angiomiolipomas se monitorizan con ecografía o resonancia magnética periódica. La evaluación neuropsicológica se recomienda al menos anualmente para detectar los trastornos neuropsiquiátricos asociados a la esclerosis tuberosa (TAND), que incluyen dificultades de aprendizaje, trastornos del espectro autista, ansiedad y problemas conductuales.

En la enfermedad de von Hippel-Lindau, la vigilancia periódica busca la detección precoz de hemangioblastomas, carcinomas renales y feocromocitomas. Los protocolos recomiendan exploraciones oftalmológicas regulares, resonancia magnética del sistema nervioso central, pruebas de imagen abdominal y determinaciones de catecolaminas en orina o plasma.

Pronóstico de las facomatosis

El pronóstico de las facomatosis varía considerablemente según el síndrome específico y la gravedad de las manifestaciones individuales. Con un seguimiento médico adecuado, la mayoría de los pacientes con neurofibromatosis tipo 1 y esclerosis tuberosa mantienen una esperanza de vida cercana a la normal, aunque la calidad de vida puede verse afectada por las manifestaciones neurológicas, los tumores y las complicaciones específicas de cada enfermedad.

La enfermedad de von Hippel-Lindau tiene un pronóstico que depende en gran medida de la detección precoz del carcinoma de células renales y de los hemangioblastomas del sistema nervioso central. La neurofibromatosis tipo 2 puede asociarse a una morbilidad significativa por la pérdida auditiva bilateral y por las complicaciones neurológicas de los schwannomas y meningiomas múltiples.

Los avances en terapias dirigidas han mejorado significativamente las perspectivas para muchos pacientes. Los inhibidores de mTOR, los inhibidores de MEK y los fármacos antiangiogénicos representan un cambio de paradigma en el tratamiento de varias facomatosis, ofreciendo opciones terapéuticas donde antes solo existía la vigilancia o la cirugía. La investigación continúa explorando nuevas dianas terapéuticas y estrategias de terapia génica que podrían transformar el manejo de estas enfermedades en las próximas décadas.

Preguntas frecuentes sobre la facomatosis

¿Las facomatosis son enfermedades hereditarias?

La mayoría de las facomatosis son enfermedades genéticas hereditarias, aunque con diferentes patrones de herencia según el síndrome. La neurofibromatosis (tipos 1 y 2), la esclerosis tuberosa y la enfermedad de von Hippel-Lindau se heredan con patrón autosómico dominante, lo que significa que basta con heredar una copia alterada del gen de uno de los progenitores para desarrollar la enfermedad. Sin embargo, en muchas de estas enfermedades, un porcentaje significativo de los casos (hasta el 50 %) se debe a mutaciones espontáneas (de novo) sin antecedentes familiares. El síndrome de Sturge-Weber es esporádico y la ataxia-telangiectasia es autosómica recesiva. El consejo genético puede orientar a las familias sobre el riesgo de transmisión a la descendencia.

¿Las facomatosis tienen cura?

Actualmente no existe un tratamiento que cure las facomatosis de forma definitiva, ya que se trata de enfermedades genéticas que afectan a la regulación celular en múltiples tejidos. Sin embargo, los avances en la comprensión de las vías moleculares implicadas han permitido desarrollar terapias dirigidas que mejoran significativamente el control de las manifestaciones tumorales. El seguimiento médico periódico y estructurado, con detección y tratamiento precoces de las complicaciones, permite que la mayoría de los pacientes mantengan una buena calidad de vida.

¿Cuál es la facomatosis más frecuente?

La neurofibromatosis tipo 1 es la facomatosis más frecuente, con una prevalencia de aproximadamente 1 de cada 2.500 a 3.000 nacidos vivos. No presenta predilección por sexo, raza ni grupo étnico. Le siguen en frecuencia la esclerosis tuberosa (1 de cada 6.000) y la neurofibromatosis tipo 2 (1 de cada 25.000 a 40.000).

¿Las facomatosis afectan solo a niños?

No. Aunque muchas facomatosis se manifiestan desde la infancia (como las manchas café con leche en la NF1 o las convulsiones en la esclerosis tuberosa), se trata de enfermedades de por vida cuyos síntomas y complicaciones pueden aparecer o evolucionar en cualquier etapa. Por ejemplo, los schwannomas vestibulares de la NF2 suelen manifestarse en la edad adulta, y los carcinomas renales en la enfermedad de von Hippel-Lindau pueden presentarse a partir de la tercera o cuarta década de vida. El seguimiento debe mantenerse a lo largo de toda la vida del paciente.

Referencias de interés para pacientes:

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