DICCIONARIO MÉDICO
Cristales de Charcot-Leyden
Los cristales de Charcot-Leyden son inclusiones microscópicas con forma de bipirámide hexagonal, compuestas por la proteína galectina-10. Se forman a partir de eosinófilos que han liberado su contenido citoplasmático, y su presencia en tejidos o secreciones se considera un marcador clásico de inflamación eosinofílica. Se trata de estructuras cristalinas que se observan al microscopio en muestras biológicas de pacientes con enfermedades alérgicas, asma bronquial, rinosinusitis crónica con pólipos nasales e infecciones parasitarias (helmintiasis, amebiasis). Aparecen en esputo, moco nasal, heces, lavado broncoalveolar y biopsias tisulares. Su tamaño puede alcanzar los 50 micrómetros de longitud. El nombre recuerda a dos figuras de la medicina del siglo XIX. Jean-Martin Charcot (1825-1893), el neurólogo francés conocido sobre todo por sus contribuciones a la neurología clínica, fue quien primero observó estos cristales, en 1853, en la sangre cardíaca y el bazo de un paciente fallecido por leucemia. Casi veinte años después, en 1872, el internista alemán Ernst Viktor von Leyden (1832-1910) los describió de forma independiente en el esputo de pacientes asmáticos. La asociación con la patología respiratoria alérgica quedó fijada desde entonces. Durante décadas se creyó que la proteína constituyente de estos cristales era una lisofosfolipasa derivada de los eosinófilos. Estudios posteriores reclasificaron esa proteína como galectina-10, una lectina de 16,5 kDa con afinidad por glicanos, presente en grandes cantidades en el citoplasma eosinofílico. Es, de hecho, una de las proteínas más abundantes del eosinófilo humano. La galectina-10 se libera al medio extracelular cuando el eosinófilo muere por un programa de muerte celular denominado ETosis (del inglés extracellular trap cell death). Al quedar libre en concentración elevada, la proteína cristaliza espontáneamente y adopta la forma hexagonal bipiramidal que la caracteriza. Fenómeno llamativo: la cristalización espontánea de proteínas in vivo es muy rara en biología, y los cristales de Charcot-Leyden son uno de los pocos ejemplos bien documentados. Tradicionalmente, estos cristales se han interpretado como un marcador pasivo: si aparecen, hay (o hubo) inflamación eosinofílica. Se encuentran en el asma bronquial, la bronquitis eosinofílica, la rinitis y rinosinusitis alérgicas, las infecciones por helmintos intestinales (ascariasis, anquilostomiasis), la amebiasis, la neumonía eosinofílica y ciertos trastornos hematológicos como la leucemia eosinofílica. Investigaciones recientes, sin embargo, sugieren que los cristales no son simples residuos inertes. Un trabajo publicado en 2019 por el grupo de Bart Lambrecht en la Universidad de Gante demostró que la galectina-10 cristalina administrada en las vías respiratorias estimula la inmunidad innata y adaptativa de tipo 2, actuando como adyuvante proinflamatorio. La forma soluble (no cristalizada) de la misma proteína carecía de esa actividad. Si se confirma esta línea, los cristales de Charcot-Leyden podrían pasar de ser un hallazgo diagnóstico a una diana terapéutica, con anticuerpos capaces de disolver los cristales y reducir la inflamación. De los dos médicos que los describieron en el siglo XIX. Charcot los observó en 1853 en un caso de leucemia; von Leyden los identificó en 1872 en el esputo de pacientes con asma. Pese a trabajar en campos muy distintos (neurología y medicina interna, respectivamente), ambos reconocieron las mismas estructuras cristalinas. No exactamente. En el esputo pueden aparecer varios tipos de cristales y corpúsculos. Los de Charcot-Leyden son específicos de la inflamación eosinofílica. Otros hallazgos cristalinos, como los cristales de colesterol o las espirales de Curschmann, tienen un origen diferente. Esputo, moco nasal, heces, lavado broncoalveolar y biopsias tisulares. Su presencia en heces suele asociarse a parasitosis intestinal con componente eosinofílico, mientras que en esputo o moco nasal el contexto habitual es alérgico o asmático. Hay un interés creciente. Varios estudios recientes proponen la cuantificación de galectina-10 en suero o tejidos como marcador de actividad en enfermedades eosinofílicas (asma, esofagitis eosinofílica, dermatitis atópica). No ha reemplazado aún al recuento de eosinófilos en sangre periférica como herramienta clínica habitual, pero la investigación avanza. Si desea profundizar en conceptos asociados a los cristales de Charcot-Leyden, puede consultar las siguientes definiciones del Diccionario médico:Qué son los cristales de Charcot-Leyden
Composición: de la lisofosfolipasa a la galectina-10
Significado clínico y nuevas perspectivas
Preguntas frecuentes
¿De dónde viene el nombre cristales de Charcot-Leyden?
¿Son lo mismo que los cristales de esputo?
¿En qué muestras se encuentran?
¿Tienen valor como biomarcador hoy en día?
Referencias
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