DICCIONARIO MÉDICO
Contracondicionamiento
El contracondicionamiento es una técnica de la terapia de conducta que consiste en sustituir una respuesta condicionada no deseada por otra respuesta incompatible con ella. Se basa en los principios del condicionamiento clásico y se emplea sobre todo en el abordaje de fobias y de ciertas adicciones. El término procede del prefijo latino contra- (en sentido opuesto) y del sustantivo condicionamiento, que en psicología designa el proceso de aprendizaje por asociación entre estímulos y respuestas. Contracondicionamiento alude, por tanto, a un condicionamiento dirigido en dirección contraria al que se pretende revertir. En la práctica clínica, el procedimiento consiste en presentar el estímulo que provoca la respuesta problemática junto con un segundo estímulo de signo motivacional opuesto, de modo que la respuesta original se debilite y acabe siendo reemplazada. Si un paciente experimenta ansiedad intensa ante un objeto concreto, el terapeuta empareja ese objeto con un estado fisiológico de relajación; con la repetición, la relajación compite con la ansiedad y termina por prevalecer. El concepto se apoya en el principio de inhibición recíproca formulado por Joseph Wolpe en 1958: dos respuestas antagónicas no pueden coexistir simultáneamente en el mismo organismo. La primera aplicación documentada del contracondicionamiento se debe a la psicóloga estadounidense Mary Cover Jones, quien en 1924 trabajó con un niño de dos años, conocido como Peter, que mostraba un miedo intenso a los conejos y a otros objetos peludos. Jones presentó el conejo a una distancia segura mientras el niño tomaba un alimento que le agradaba; sesión a sesión fue acercando el animal hasta que Peter logró tocarlo sin manifestar temor. El experimento, supervisado por John B. Watson, se considera la primera demostración empírica de que un miedo adquirido por condicionamiento puede revertirse mediante un condicionamiento opuesto. Tres décadas después, Wolpe sistematizó esta idea y la incorporó a la desensibilización sistemática, que combina el contracondicionamiento con una jerarquía de estímulos graduados y técnicas de relajación muscular progresiva. La desensibilización se convirtió en uno de los procedimientos más utilizados de la terapia conductual a partir de los años sesenta. Se distinguen dos grandes modalidades según la dirección del cambio motivacional que se persigue. Contracondicionamiento por inhibición recíproca. El objetivo es sustituir una respuesta aversiva (miedo, asco) por una respuesta apetitiva o, al menos, neutra. La desensibilización sistemática es su aplicación más conocida: el paciente, entrenado previamente en relajación, se expone de forma gradual al estímulo temido mientras mantiene un estado de calma muscular. Al no poder experimentar ansiedad y relajación al mismo tiempo, la respuesta de miedo va perdiendo intensidad. Contracondicionamiento aversivo. Aquí se busca lo contrario: que un estímulo antes apetitivo (una sustancia de abuso, por ejemplo) pase a provocar rechazo. En el abordaje del alcoholismo se ha empleado el emparejamiento del consumo de alcohol con un agente que produce náuseas, de modo que el paciente asocie la bebida con malestar gástrico en lugar de con placer. El procedimiento se enmarca dentro de la llamada terapia de aversión y plantea consideraciones éticas que han limitado su uso en las últimas décadas. Conviene no confundir el contracondicionamiento con otros fenómenos que también reducen respuestas condicionadas. En la extinción, el estímulo condicionado se presenta repetidamente sin el estímulo incondicionado que lo reforzaba, y la respuesta se debilita por falta de refuerzo; no se introduce ningún estímulo nuevo. En la habituación, la exposición repetida a un estímulo provoca un descenso gradual de la respuesta, pero no media aprendizaje asociativo. El rasgo que distingue al contracondicionamiento es precisamente la asociación activa del estímulo problema con un segundo estímulo de valencia opuesta, lo que genera una nueva respuesta que compite con la anterior. Del prefijo latino contra-, que indica oposición, y de condicionamiento, derivado del verbo conditionare (establecer las condiciones). El término se acuñó en inglés (counterconditioning) en el contexto de la psicología experimental de la primera mitad del siglo XX y se adoptó al español como calco. No. La desensibilización sistemática es una técnica terapéutica concreta que utiliza el contracondicionamiento como mecanismo de acción, pero le añade dos elementos: una jerarquía graduada de estímulos y un entrenamiento previo en relajación muscular. El contracondicionamiento, como principio, es más amplio y subyace también a otras técnicas, como la terapia de aversión. Sí, y de hecho la primera demostración del procedimiento, el caso de Peter documentado por Mary Cover Jones en 1924, se realizó con un niño de dos años. La desensibilización adaptada a la edad sigue empleándose en psicología infantil para el abordaje de miedos y fobias específicas. No se limita a las fobias, aunque es en ese campo donde dispone de mayor evidencia. Se ha utilizado en el abordaje de adicciones (mediante técnicas aversivas), en trastornos de ansiedad como el trastorno de estrés postraumático y, fuera del ámbito humano, en programas de modificación de conducta animal. Si desea profundizar en conceptos vinculados al contracondicionamiento, puede consultar las siguientes definiciones del Diccionario médico:Qué es el contracondicionamiento
Mary Cover Jones y el caso del pequeño Peter
Modalidades del contracondicionamiento
Diferencias con la extinción y con la habituación
Preguntas frecuentes
¿De dónde viene la palabra contracondicionamiento?
¿Es lo mismo contracondicionamiento que desensibilización sistemática?
¿Se puede aplicar el contracondicionamiento en niños?
¿El contracondicionamiento funciona solo con fobias?
Referencias
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