DICCIONARIO MÉDICO
Condromatosis múltiple
La condromatosis múltiple, también conocida como enfermedad de Ollier o encondromatosis múltiple, es una displasia esquelética poco frecuente en la que aparecen numerosos encondromas (tumores cartilaginosos benignos intraóseos) distribuidos de forma asimétrica en el esqueleto. Su prevalencia se estima en 1 caso por cada 100.000 personas. Un encondroma es un nódulo de cartílago hialino que se forma dentro de la cavidad medular de un hueso. Cuando estos nódulos son múltiples y se distribuyen por distintos segmentos óseos, hablamos de encondromatosis o condromatosis múltiple. La enfermedad se debe a un fallo en la osificación encondral: los condrocitos de la placa de crecimiento no completan su diferenciación terminal y quedan atrapados en la metáfisis o la diáfisis como restos de cartílago que siguen creciendo. El cirujano francés Louis-Xavier-Édouard-Léopold Ollier describió la entidad en 1900. Ollier, que había dedicado gran parte de su carrera al estudio del crecimiento óseo en Lyon, la denominó "discondroplasia", un nombre que todavía se encuentra en textos clásicos. La enfermedad no es hereditaria en el sentido mendeliano. Las mutaciones responsables son somáticas (postzigóticas), lo que explica la distribución asimétrica de las lesiones y la ausencia de antecedentes familiares en la inmensa mayoría de los pacientes. En la mayoría de los pacientes estudiados se han identificado mutaciones con ganancia de función en los genes IDH1 (cromosoma 2q34) o IDH2 (cromosoma 15q26.1), que codifican las enzimas isocitrato deshidrogenasa 1 y 2. Estas mutaciones alteran el metabolismo celular y generan un oncometabolito (2-hidroxiglutarato) que interfiere con la diferenciación normal de los condrocitos. Al ser somáticas, se encuentran solo en las células de los encondromas y no en el resto de tejidos del paciente. Con menor frecuencia se han descrito mutaciones en PTH1R (cromosoma 3p21.31), el gen del receptor de la hormona paratiroidea 1, que también participa en la regulación de la placa de crecimiento. Las lesiones suelen manifestarse en la infancia, con una mediana de edad al debut en torno a los 13 años. Los huesos más afectados son los de las manos (falanges y metacarpianos) y las metáfisis de huesos tubulares largos como el fémur, la tibia y el húmero. La distribución es llamativamente asimétrica: un lado del cuerpo suele estar más afectado que el otro. En radiografías convencionales, los encondromas aparecen como lesiones radiolúcidas de bordes bien definidos, a veces con calcificaciones punteadas en su interior. Muchos pacientes permanecen poco sintomáticos. Las complicaciones más habituales son las fracturas patológicas, las deformidades angulares y las dismetrías de longitud entre extremidades durante el crecimiento. Existe un riesgo real de transformación de algún encondroma hacia condrosarcoma. Las series publicadas sitúan esa probabilidad entre el 15 y el 30 %, con un pico de incidencia a partir de los 40 años. La aparición de dolor en una lesión previamente indolora o el aumento rápido de tamaño deben hacer sospechar una transformación maligna y obligan a realizar estudios de imagen y, en muchos casos, biopsia. El síndrome de Maffucci comparte la presencia de encondromas múltiples con la enfermedad de Ollier, pero añade hemangiomas subcutáneos (masas vasculares de color azulado o violáceo en la piel). Ambas entidades comparten mutaciones en IDH1/IDH2 y se consideran parte de un mismo espectro, aunque el síndrome de Maffucci conlleva un riesgo de malignización aún mayor. La condromatosis sinovial es una entidad completamente distinta: los nódulos se forman en la membrana sinovial de una articulación, no dentro de los huesos. No. Las mutaciones causantes son somáticas, es decir, surgen de forma espontánea en etapas tempranas del desarrollo embrionario y no se transmiten de padres a hijos. No se han descrito casos familiares confirmados. Solo el nombre. La condromatosis sinovial produce nódulos en la membrana sinovial de una articulación; la condromatosis múltiple genera encondromas dentro de los huesos. Mecanismo, genética y evolución son completamente diferentes. A partir de los 40 años el riesgo de malignización aumenta de forma apreciable. El seguimiento con pruebas de imagen periódicas permite detectar cambios precoces en las lesiones. Un estudio publicado en Anales de Pediatría por el Departamento de Traumatología de la Clínica Universidad de Navarra revisó 17 casos entre 1976 y 2006 y confirmó que la gammagrafía ósea es la herramienta más sensible para detectar transformaciones incipientes. Si desea profundizar en conceptos asociados a la condromatosis múltiple, puede consultar las siguientes definiciones del Diccionario médico:Qué es la condromatosis múltiple
Base genética: mutaciones en IDH1 e IDH2
Manifestaciones y distribución esquelética
Riesgo de malignización
Diferenciación con el síndrome de Maffucci
Preguntas frecuentes
¿La enfermedad de Ollier se hereda?
¿Qué relación tiene con la condromatosis sinovial?
¿A qué edad conviene intensificar la vigilancia?
Referencias
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Infografías realizadas con https://BioRender.com
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