DICCIONARIO MÉDICO
Ciprofloxacino
El ciprofloxacino es un antibiótico de la familia de las fluoroquinolonas, activo frente a un amplio espectro de bacterias gramnegativas y, en menor medida, grampositivas. Actúa inhibiendo la ADN girasa y la topoisomerasa IV bacterianas, dos enzimas necesarias para que la bacteria replique su material genético. Fue patentado por el laboratorio Bayer en 1983 y autorizado por la agencia estadounidense del medicamento (FDA) en 1987. Su código en la clasificación ATC es J01MA02. Para posología, contraindicaciones, interacciones y seguridad en el embarazo y la lactancia, consulte la ficha técnica oficial en la AEMPS (CIMA). Dentro del grupo de las quinolonas, el ciprofloxacino se distingue por ser el más activo frente a Pseudomonas aeruginosa, un patógeno gramnegativo especialmente difícil de tratar por su resistencia natural a numerosos antibióticos. También muestra buena actividad frente a enterobacterias como Escherichia coli, Salmonella o Shigella. Su espectro frente a bacterias grampositivas es más limitado, y no cubre de forma fiable microorganismos anaerobios. Existen formulaciones orales, intravenosas y tópicas, estas últimas para uso oftálmico y ótico. La absorción oral es buena, aunque incompleta, y se distribuye ampliamente por los tejidos: alcanza concentraciones terapéuticas en la saliva, las secreciones bronquiales, la bilis, la próstata y la orina. Su concentración en el líquido cefalorraquídeo es baja en condiciones normales, pero aumenta cuando existe inflamación meníngea activa. El uso prolongado o extendido de ciprofloxacino favorece la aparición de resistencias, un fenómeno bien documentado sobre todo en Escherichia coli de origen hospitalario. El mecanismo más frecuente es una mutación en la subunidad GyrA de la propia ADN girasa, la diana del fármaco, que reduce su afinidad de unión. También se han descrito mecanismos mediados por plásmidos y por bombas de expulsión activa que sacan la molécula del interior bacteriano antes de que ejerza su efecto. La combinación de ambos fenómenos explica por qué la vigilancia de resistencias a fluoroquinolonas ocupa un lugar destacado en los programas de uso racional de antibióticos. La historia de las fluoroquinolonas empieza con el ácido nalidíxico, aislado en 1962 como subproducto de la síntesis de la cloroquina. En 1980, investigadores de la farmacéutica japonesa Kyorin comprobaron que añadir un átomo de flúor al anillo de esa molécula producía un antibiótico de espectro mucho más amplio: nació así el norfloxacino, la primera fluoroquinolona propiamente dicha. Bayer dio el siguiente paso en 1983. Añadiendo un único átomo de carbono a la estructura del norfloxacino obtuvo el ciprofloxacino, con una potencia y una distribución tisular notablemente superiores. Ese pequeño cambio estructural bastó para convertirlo, todavía hoy, en uno de los antibióticos orales de referencia frente a infecciones por Pseudomonas aeruginosa. Principalmente en su actividad frente a Pseudomonas aeruginosa, donde supera a otras fluoroquinolonas orales. Comparte mecanismo de acción con quinolonas más antiguas como el enoxacino, pero su espectro y su potencia son mayores gracias a las modificaciones introducidas en su estructura química. Sí. De hecho, es la quinolona más activa frente a este patógeno, lo que explica su papel en infecciones respiratorias, óseas o urinarias complicadas causadas por esta bacteria. Bayer lo patentó en 1983 y la FDA estadounidense lo autorizó en 1987. Desde entonces se ha convertido en uno de los antibióticos más prescritos del mundo, aunque el aumento de resistencias ha limitado su uso como primera opción en algunas indicaciones. Si desea ampliar información relacionada con el ciprofloxacino, puede consultar:Qué es el ciprofloxacino
De la primera fluoroquinolona a la más potente de su generación
Preguntas frecuentes
¿En qué se diferencia el ciprofloxacino de otras quinolonas?
¿Es eficaz frente a Pseudomonas aeruginosa?
¿Cuándo se aprobó su uso?
Referencias
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