DICCIONARIO MÉDICO
Carbonato de litio
El carbonato de litio es la sal de litio que se emplea en psiquiatría como estabilizador del estado de ánimo, o eutimizante, en el trastorno bipolar. El principio activo es el ion litio; el carbonato solo aporta el contraión que lo acompaña en el comprimido. Es el más antiguo de los estabilizadores del ánimo y la sal de litio más prescrita por vía oral. Su código en la clasificación ATC es N05AN01. Para posología, contraindicaciones, interacciones y seguridad en el embarazo y la lactancia, consulte la ficha técnica oficial en la AEMPS (CIMA). Químicamente, el carbonato de litio (Li2CO3) es un polvo blanco formado por dos iones de litio unidos a un ion carbonato. Lo que interesa en medicina es solo la mitad de esa fórmula: el catión litio (Li+), el más ligero de los metales alcalinos. Una vez que el comprimido se disuelve y el litio pasa a la sangre, el carbonato se separa y sigue su camino como cualquier otro bicarbonato del organismo. El carbonato no interviene en el efecto. Entre las sales de litio que se han usado con fines terapéuticos (citrato, sulfato, orotato), la de carbonato se impuso por razones prácticas: es estable, concentra bastante litio por miligramo y resulta cómoda de comprimir en pastillas. Se presenta casi siempre en comprimidos de liberación modificada, diseñados para que el litio se libere despacio en el tubo digestivo y la concentración en sangre no suba de golpe. El citrato de litio, más soluble, se reserva para las presentaciones líquidas. La clasificación ATC lo sitúa dentro del grupo de los antipsicóticos (N05A), con el código específico N05AN01. Es una herencia del modo en que se construyó ese sistema de códigos, porque el litio no se comporta como un antipsicótico clásico: su papel es el de regulador del ánimo. La etiqueta administrativa y la función clínica no siempre coinciden. En el organismo, el ion litio se comporta como un catión monovalente que compite con el sodio y con otros iones dentro y fuera de las células. Esa interferencia con el tráfico iónico, presente en muchos tejidos a la vez, es la que le atribuye una acción tan repartida. A pesar de que el litio se receta desde hace más de setenta años, su mecanismo exacto en el trastorno bipolar continúa sin aclararse del todo. Se han propuesto varias dianas moleculares para explicar cómo estabiliza el ánimo. Las dos más estudiadas son dos enzimas, la inositol monofosfatasa y la glucógeno sintasa cinasa 3 (GSK-3), que el litio inhibe al desplazar al magnesio que ambas necesitan para funcionar. De ahí derivarían cambios en las cascadas de segundos mensajeros que las neuronas usan para transmitir señales. Son hipótesis de trabajo, no una explicación cerrada. Su margen terapéutico es estrecho, uno de los más estrechos de la farmacología: la concentración que resulta eficaz y la que produce toxicidad están muy próximas entre sí. Hay un rasgo que llama la atención. En una persona con el ánimo estable, el litio no altera el estado de ánimo; no es un euforizante ni un sedante, y actúa solo cuando existen oscilaciones que corregir. El elemento litio fue aislado en 1817 por el químico sueco Johan August Arfwedson, que lo identificó en un mineral y le dio nombre a partir del griego líthos (piedra). Durante el siglo XIX se le buscaron usos médicos dispares, casi todos relacionados con la gota y el ácido úrico, sin resultados sólidos. En 1949, el psiquiatra australiano John Cade publicó en el Medical Journal of Australia un artículo titulado «Lithium Salts in the Treatment of Psychotic Excitement». Cade había probado sales de litio primero en cobayas (los animales se volvían tranquilos y aletargados) y después en diez pacientes con agitación maníaca, varios de los cuales mejoraron de forma notable. Fue el primer estabilizador del ánimo de la historia y el punto de partida de la psicofarmacología moderna. Nadie prestó demasiada atención al hallazgo durante casi dos décadas, en parte por un accidente previo con cloruro de litio usado como sustituto de la sal común. La eficacia del litio quedó demostrada gracias a los estudios sistemáticos del danés Mogens Schou, y la agencia estadounidense del medicamento no lo aprobó hasta 1970. Hoy sigue siendo el fármaco de referencia frente al que se comparan los demás. No exactamente. El litio es el elemento químico y, en su forma útil en el cuerpo, el ion Li+. El carbonato de litio es una de sus sales, la que sirve de vehículo para administrar ese ion por vía oral. Cuando en psiquiatría se habla de «tratamiento con litio», casi siempre se está hablando de carbonato de litio. Por comodidad y estabilidad. El carbonato de litio es un sólido estable que se presta bien a fabricar comprimidos, sobre todo los de liberación modificada, que reparten la absorción a lo largo de horas. Otras sales, como el citrato, son más solubles y encajan mejor en formulaciones líquidas, útiles cuando conviene afinar la cantidad administrada o cuando tragar comprimidos resulta difícil. La elección responde a la galénica del preparado, no a diferencias en el ion que actúa, que es el mismo en todos los casos. Desde 1949, cuando John Cade describió su efecto sobre la manía. Esa antigüedad lo convierte en uno de los psicofármacos vigentes más veteranos. Si desea situar el carbonato de litio dentro de su contexto químico y clínico, puede consultar:Qué es el carbonato de litio
El ion litio y su acción sobre el cerebro
Del experimento de Cade a la psiquiatría moderna
Preguntas frecuentes
¿El carbonato de litio es lo mismo que el litio?
¿Por qué se emplea la sal de carbonato y no otra sal de litio?
¿Desde cuándo se utiliza en psiquiatría?
Referencias
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Infografías realizadas con https://BioRender.com
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