DICCIONARIO MÉDICO
Borrelia recurrentis
Borrelia recurrentis es la espiroqueta causante de la forma epidémica de la fiebre recurrente, la única del género que se transmite de una persona a otra a través del piojo corporal, sin que exista ningún animal de por medio. Su historia está ligada a la de la propia bacteriología: fue una de las primeras bacterias que se relacionó, ya en el siglo XIX, con una enfermedad concreta al observarla al microscopio en la sangre de los pacientes febriles. Borrelia recurrentis Espiroqueta de la fiebre recurrente epidémica (piojo corporal) Tipo: bacteria Morfología: espiroqueta gramnegativa; el genoma más simple del género, con un solo cromosoma lineal y siete plásmidos Transmisión: de persona a persona, por el piojo corporal (Pediculus humanus humanus) Reservorio: humano (sin reservorio animal conocido) Patogenicidad: primario Enfermedades: borreliosis (fiebre recurrente epidémica) La historia de esta espiroqueta empieza en 1868, en el Hospital de la Charité de Berlín, donde el joven médico Otto Obermeier observó al microscopio unos filamentos móviles y giratorios en la sangre de pacientes con fiebre recurrente. Tardó cinco años en publicar sus hallazgos, en 1873, y murió ese mismo año, con solo treinta, tras contagiarse de cólera mientras seguía investigando. En su honor, el botánico y bacteriólogo Ferdinand Cohn propuso en 1875 el nombre Spirochaete obermeieri. El nombre que terminó imponiéndose fue otro. Un año antes de la publicación de Obermeier, en 1874, el médico suizo Hermann Lebert había bautizado de forma independiente al mismo organismo como Spirochaete recurrentis, en referencia al patrón cíclico de la fiebre que provoca. El Manual Bergey fijó en 1925 la combinación hoy vigente, Borrelia recurrentis, tomando como base el epíteto de Lebert; el homenaje a Obermeier sobrevive solo como sinónimo histórico. Es, dentro del género, la espiroqueta de genoma más sencillo: un único cromosoma lineal acompañado de apenas siete plásmidos, frente a la veintena que puede acumular alguna de sus parientes del complejo de Lyme. Posee entre 7 y 11 endoflagelos, algo menos que otras borrelias, y se identifica en el laboratorio con las mismas tinciones de campo claro (Giemsa o Wright) que el resto del género, siempre durante el pico febril, momento en que circula en mayor número por la sangre. El ser humano es su único reservorio conocido, una rareza dentro de un género en el que casi todas las demás especies tienen un animal de por medio. El piojo corporal se infecta al alimentarse de un enfermo con espiroquetas circulando en sangre, pero no puede transmitir después la bacteria a través de su saliva ni de sus heces. Hace falta que el propio piojo se aplaste sobre la piel, algo que ocurre casi siempre al rascarse, para que la espiroqueta penetre a través de una erosión cutánea o, incluso, de mucosas y piel sin lesión aparente. Ese mecanismo de transmisión explica su distribución. Hoy es endémica en el Cuerno de África (Etiopía, Sudán, Eritrea, Somalia), y aparece de forma epidémica allí donde se juntan hacinamiento, falta de higiene y desplazamiento forzoso de población: campos de refugiados, prisiones, situaciones de guerra. Es la única especie del género asociada a la presentación epidémica de la borreliosis, la fiebre recurrente transmitida por piojos. Históricamente ha protagonizado brotes de gran mortalidad durante guerras y hambrunas, muy por encima de la letalidad habitual de las formas transmitidas por garrapatas. El resto de las especies que producen fiebre recurrente (B. hermsii, B. duttonii, B. hispanica, entre otras) se transmiten por garrapatas blandas del género Ornithodoros y mantienen un reservorio animal, casi siempre roedores. B. recurrentis rompe ese patrón: prescinde de artrópodo con capacidad de picar de forma repetida y de animal reservorio, y depende por completo del contacto entre personas a través del piojo. Esa dependencia estricta del ser humano es, paradójicamente, lo que la hace vulnerable: mejorar las condiciones de higiene y controlar la pediculosis basta para cortar su transmisión. Otto Obermeier, médico alemán del Hospital de la Charité de Berlín, que observó el microorganismo en 1868 y publicó sus hallazgos en 1873, poco antes de morir por una infección de cólera contraída en su propio laboratorio. Porque así se la bautizó en 1875, en homenaje a su descubridor. El nombre que finalmente prevaleció fue el que había propuesto un año antes Hermann Lebert, recurrentis, y es el que recoge hoy la nomenclatura oficial. No. Es la única espiroqueta del género sin reservorio animal conocido. El ser humano es, a la vez, su único huésped y su único reservorio. En el vector y en el reservorio. Las formas por garrapatas dependen de especies de Ornithodoros y de roedores; esta depende exclusivamente del piojo corporal y de la transmisión entre personas.Qué es Borrelia recurrentis
Morfología e identificación en el laboratorio
Dónde vive y cómo se transmite
Qué enfermedades produce
Diferenciación frente a otras borrelias de fiebre recurrente
Preguntas frecuentes
¿Quién descubrió Borrelia recurrentis?
¿Por qué a veces se la llama "espiroqueta de Obermeier"?
¿Tiene reservorio animal?
¿En qué se diferencia de la fiebre recurrente por garrapatas?
Referencias
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Infografías realizadas con https://BioRender.com
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