DICCIONARIO MÉDICO
Autodigestión
La autodigestión es un proceso patológico por el cual las enzimas digestivas de un órgano, habitualmente el páncreas, se activan de forma prematura en su interior y degradan el propio tejido. Constituye el mecanismo fisiopatológico central de la pancreatitis aguda. En condiciones normales, las células acinares del páncreas sintetizan enzimas proteolíticas (como la tripsina y la quimotripsina) en forma de precursores inactivos llamados zimógenos. Estos zimógenos se almacenan en gránulos de secreción y solo se activan al llegar al duodeno, donde la enteroquinasa intestinal escinde el tripsinógeno para convertirlo en tripsina activa. La autodigestión se produce cuando ese mecanismo de seguridad falla y los zimógenos se activan dentro del propio páncreas, desencadenando una cascada enzimática que digiere el parénquima glandular, la grasa peripancreática y, en casos graves, los vasos sanguíneos circundantes. El término procede del griego αὐτός (autós, «uno mismo, por sí mismo») y del latín digestio, -onis, derivado de digerere («separar, distribuir»), que ya en la medicina medieval se empleaba con el sentido de descomposición de los alimentos. La traducción literal sería «digestión de uno mismo», y describe con precisión lo que ocurre en el páncreas afectado: el órgano encargado de digerir los nutrientes termina digiriéndose a sí mismo. El páncreas dispone de varios sistemas de protección para evitar la activación prematura de sus propias enzimas. Las células acinares mantienen los zimógenos separados de las enzimas lisosomales, y sintetizan además un inhibidor específico de la tripsina (PSTI/SPINK1) que neutraliza pequeñas cantidades de tripsina activada accidentalmente. Cuando la agresión supera esos mecanismos de defensa, la tripsina activa convierte otros zimógenos en sus formas activas: la proelastasa pasa a elastasa, capaz de degradar las paredes vasculares; la profosfolipasa A2 genera fosfolipasa A2, que destruye las membranas celulares. El resultado, visible en la mesa de cirugía o en la necropsia, es la necrosis grasa característica (esteatonecrosis) con aspecto de «manchas de cera» sobre el epiplón y el mesenterio. Hay un detalle que merece atención: la autodigestión no se limita necesariamente al páncreas. En formas graves de pancreatitis, las enzimas activadas y los mediadores inflamatorios alcanzan la circulación sistémica y pueden dañar órganos a distancia, lo que explica la aparición de fallo multiorgánico en los cuadros más severos. Los dos desencadenantes más frecuentes de la autodigestión pancreática son los cálculos biliares y el consumo excesivo de alcohol. Un cálculo enclavado en la ampolla de Vater obstruye la salida del jugo pancreático al duodeno, lo que genera un reflujo de bilis hacia el conducto pancreático y facilita la activación enzimática intraglandular. El alcohol, por mecanismos todavía no del todo aclarados (probablemente una combinación de toxicidad directa sobre las células acinares y alteración de la secreción), provoca entre el 17 % y el 25 % de los casos de pancreatitis aguda en los países occidentales. Conviene no olvidar las causas menos habituales: hipertrigliceridemia grave (por encima de 1 000 mg/dl), mutaciones del gen del tripsinógeno catiónico (PRSS1), procedimientos endoscópicos sobre la vía biliar y ciertos fármacos. Existe, además, un porcentaje de casos en los que no se identifica la causa (pancreatitis idiopática), que puede llegar al 10-15 % de las series publicadas. Autodigestión y autolisis son conceptos distintos, aunque en ocasiones se confundan. La autolisis designa la destrucción celular por acción de las propias enzimas lisosomales tras la muerte de la célula; es un fenómeno post mortem universal o un proceso que ocurre en cualquier tejido necrótico. La autodigestión, en cambio, se refiere específicamente a la acción de enzimas digestivas sobre el órgano que las produce, y sucede en vida del paciente como evento patológico activo. El resultado histológico puede ser similar (necrosis), pero el mecanismo y el contexto clínico son diferentes. Del griego αὐτός (autós, «uno mismo») y el latín digestio, de digerere («distribuir, descomponer»). Significa, literalmente, «digestión de uno mismo». En la práctica clínica, sí. El páncreas es el único órgano que produce enzimas proteolíticas en cantidad suficiente como para destruir su propio parénquima si fallan los mecanismos de seguridad. En teoría, las enzimas gástricas podrían dañar la pared del estómago (y de hecho lo hacen en la úlcera péptica), pero la terminología médica reserva «autodigestión» para el contexto pancreático. No. La autodigestión es el mecanismo fisiopatológico; la pancreatitis es la enfermedad clínica resultante. Puede decirse que la pancreatitis aguda es la consecuencia de la autodigestión, pero el término pancreatitis abarca también fenómenos inflamatorios, vasculares e inmunitarios que van más allá de la pura digestión enzimática del tejido. Si desea profundizar en conceptos asociados a la autodigestión, puede consultar las siguientes definiciones del Diccionario médico:Qué es la autodigestión
Mecanismo y cascada enzimática
Causas principales
Diferenciación con la autolisis
Preguntas frecuentes
¿De dónde viene la palabra autodigestión?
¿La autodigestión solo afecta al páncreas?
¿Es lo mismo autodigestión que pancreatitis?
Referencias
Entradas relacionadas en el diccionario
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