DICCIONARIO MÉDICO
Aterogénesis
La aterogénesis designa el proceso biológico mediante el cual se forman las placas de ateroma en la pared de las arterias. Se trata de una secuencia que involucra disfunción del endotelio, infiltración y oxidación de lipoproteínas, reclutamiento de células inflamatorias y remodelado del tejido vascular, y que puede prolongarse durante décadas antes de producir manifestaciones clínicas. La aterogénesis es, en sentido estricto, la formación de la lesión ateromatosa dentro de la pared arterial. No debe confundirse con la aterosclerosis, que es la enfermedad resultante de ese proceso: la aterogénesis es el mecanismo; la aterosclerosis, la consecuencia clínica. El término combina la raíz griega ἀθήρα (athḗra), «papilla» o «engrudo», con γένεσις (génesis), «origen» o «generación», y puede traducirse literalmente como «origen de la papilla», una referencia al núcleo lipídico blando que caracteriza la placa. Durante buena parte del siglo XIX, el debate sobre la naturaleza de las lesiones arteriales enfrentó dos posturas: la teoría incrustativa de Rokitansky, que proponía un depósito de fibrina sobre la superficie arterial como evento inicial, y la teoría infiltrativa de Virchow, que otorgaba el papel protagonista a la penetración de sustancias lipídicas desde la sangre. Russell Ross, en un artículo publicado en The New England Journal of Medicine en 1976, integró ambas tradiciones al formular la hipótesis de «respuesta a la agresión» (response to injury), según la cual una lesión del endotelio constituiría el primer paso de una cadena inflamatoria crónica. Esa hipótesis, revisada y matizada a lo largo de los años, sigue siendo la base conceptual aceptada de la aterogénesis. La aterogénesis no es un acontecimiento único sino una sucesión de etapas que se superponen y retroalimentan. Comienza con la disfunción endotelial: el endotelio pierde su capacidad de producir óxido nítrico en cantidad suficiente, aumenta la expresión de moléculas de adhesión (VCAM-1, ICAM-1, selectinas) y se vuelve más permeable a las lipoproteínas plasmáticas. Los factores que precipitan esa disfunción son variados: hipertensión arterial, hiperglucemia, tabaquismo, turbulencias del flujo sanguíneo en las bifurcaciones y curvaturas arteriales. Una vez que las partículas de LDL atraviesan el endotelio dañado y quedan retenidas en el espacio subendotelial, sufren modificaciones oxidativas que las convierten en señales de alarma para el sistema inmunitario. El endotelio activado recluta monocitos sanguíneos, que cruzan la pared del vaso y se diferencian en macrófagos tisulares. Estos macrófagos fagocitan las LDL oxidadas sin control a través de receptores depuradores (scavenger receptors) y acumulan gotas lipídicas en su citoplasma hasta adquirir el aspecto espumoso que les da nombre: células espumosas. La agrupación de células espumosas bajo el endotelio constituye la estría grasa, la lesión más temprana que puede identificarse en la pared arterial, ya presente en niños y adolescentes. En fases posteriores, las células musculares lisas de la capa media migran hacia la íntima, proliferan y sintetizan colágeno, elastina y proteoglicanos. Se forma así una cubierta fibrosa que envuelve el núcleo lipídico, y la lesión pasa a denominarse placa fibrosa o placa de ateroma propiamente dicha. Con los años, parte de los macrófagos y las células musculares lisas mueren por apoptosis y dejan restos celulares y lípidos que se acumulan en un centro necrótico. La calcificación del tejido necrótico añade rigidez a la placa. No todas las placas siguen el mismo ritmo ni alcanzan el mismo grado de maduración; la velocidad depende de la carga de factores de riesgo de cada individuo y también de condiciones hemodinámicas locales. De las voces griegas ἀθήρα (athḗra), «papilla», y γένεσις (génesis), «origen». Significa, en traducción literal, «origen de la papilla», en alusión al núcleo lipídico blando de la placa de ateroma. Antes de lo que suele pensarse. Autopsias practicadas a jóvenes de quince a diecinueve años han identificado ya estrías grasas en la aorta y, con menor frecuencia, en las coronarias. Estas estrías no son todavía placas maduras, pero constituyen la fase inicial del proceso aterogénico. No, aunque a menudo se emplean de forma intercambiable. La aterogénesis se refiere al mecanismo biológico de formación de la placa. La aterosclerosis es la enfermedad arterial resultante de la acumulación de esas placas y de sus posibles complicaciones (rotura, trombosis, oclusión). Modificar los factores de riesgo (tabaquismo, hipertensión, hipercolesterolemia, sedentarismo, hiperglucemia) ralentiza la progresión del proceso. Algunos estudios de imagen intravascular han documentado incluso una reducción del volumen de placa tras la corrección intensiva de los niveles de colesterol LDL, lo que sugiere que ciertas fases de la aterogénesis son, al menos en parte, reversibles. Si desea profundizar en conceptos asociados a la aterogénesis, puede consultar las siguientes definiciones del Diccionario médico:Qué es la aterogénesis
Fases del proceso aterogénico
Preguntas frecuentes
¿De dónde viene la palabra «aterogénesis»?
¿A qué edad puede comenzar la aterogénesis?
¿Es lo mismo aterogénesis que aterosclerosis?
¿Se puede frenar la aterogénesis?
Referencias
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