DICCIONARIO MÉDICO
Artroplastia
La artroplastia es la reconstrucción o sustitución quirúrgica de una articulación dañada. El término abarca desde el reemplazo completo de las superficies articulares por componentes protésicos (la acepción más frecuente hoy) hasta procedimientos más conservadores como la interposición de tejidos o la resuperficialización del cartílago. Formada a partir del griego ἄρθρον (árthron, "articulación") y πλάσσειν (plássein, "modelar" o "dar forma"), la palabra designa en su sentido literal cualquier intervención que remodele una articulación. La práctica clínica contemporánea, sin embargo, ha restringido el término casi por completo al reemplazo articular con prótesis. Se recurre a ella cuando el daño articular (por artrosis, artritis inflamatoria, necrosis avascular o una fractura que no admite reparación con osteosíntesis) ha destruido las superficies de contacto hasta el punto de generar dolor persistente y pérdida funcional que no responde a medidas conservadoras. La cadera y la rodilla concentran la gran mayoría de los procedimientos, seguidas a distancia por el hombro y el codo. Artroplastia total. Reemplaza ambas superficies de la articulación. En la cadera, por ejemplo, se sustituyen la cabeza femoral y el acetábulo; en la rodilla, las superficies del fémur, la tibia y, con frecuencia, la cara posterior de la rótula. Es la modalidad con mayor volumen quirúrgico en todo el mundo. Artroplastia parcial (o hemiartroplastia). Sustituye solo uno de los dos componentes articulares. Se utiliza, entre otras situaciones, en fracturas del cuello femoral del anciano, donde la cabeza del fémur se reemplaza pero el acetábulo natural se conserva intacto. Existen variantes menos frecuentes. La artroplastia de resuperficialización no extrae la cabeza ósea sino que la recubre con una cápsula metálica, preservando más hueso propio del paciente; ha tenido un recorrido irregular por problemas de desgaste en algunos diseños. La artroplastia de interposición coloca un tejido biológico o sintético entre las superficies articulares sin implantar componentes protésicos fijos, y queda reservada a articulaciones pequeñas o a situaciones en las que una prótesis convencional no es viable. La artroplastia de revisión, por último, consiste en retirar una prótesis previamente implantada (por aflojamiento, desgaste o infección) y colocar una nueva; técnicamente es más compleja que la cirugía primaria porque el hueso remanente suele estar debilitado. Los implantes actuales combinan aleaciones metálicas (titanio, cromo-cobalto), polietileno de alto peso molecular y cerámica. La elección del par de fricción (metal-polietileno, cerámica-cerámica, cerámica-polietileno) influye en la tasa de desgaste a largo plazo y, con ello, en la duración del implante. Una prótesis bien colocada en un paciente con actividad moderada puede mantenerse funcional entre 15 y 25 años, según la articulación y el diseño. Para fijar el implante al hueso se emplean dos estrategias. El cemento óseo (polimetilmetacrilato) fragua en minutos y ofrece estabilidad inmediata; es la opción habitual en pacientes de edad avanzada o con hueso osteoporótico. Las superficies porosas o recubiertas de hidroxiapatita, en cambio, prescinden de cemento y favorecen que el propio hueso crezca hacia el implante, un proceso llamado osteointegración. También se usan combinaciones híbridas que cementan un componente y dejan el otro sin cementar. Artroplastia y artrodesis son respuestas quirúrgicas al mismo problema (una articulación irrecuperable), pero con filosofías opuestas. La artroplastia busca conservar el movimiento sustituyendo las superficies de contacto; la artrodesis anula la articulación fusionando los huesos, lo que elimina el dolor a costa de perder la movilidad de esa unión. En la cadera y la rodilla, la artroplastia es hoy la opción predominante. En el tobillo y en ciertas articulaciones pequeñas de la mano o del pie, la artrodesis sigue ocupando un lugar relevante, sobre todo cuando la demanda mecánica hace que las prótesis disponibles tengan una duración menos predecible. Del griego ἄρθρον (árthron, "articulación") y πλάσσειν (plássein, "modelar"). Literalmente, modelar una articulación. El término se usa en español con este sentido desde mediados del siglo XX, aunque las primeras tentativas de reconstruir articulaciones se remontan a finales del XIX. Depende de la articulación, del tipo de implante y de la actividad del paciente. Las cifras más citadas sitúan la supervivencia por encima del 90 % a los 15 años para prótesis de cadera y rodilla. En el hombro, los datos a largo plazo son más recientes porque el volumen de cirugía es menor, pero las series publicadas muestran resultados comparables. El codo tiene tasas de complicación algo superiores. No exactamente. La artroplastia es la intervención (el acto quirúrgico); la prótesis es el dispositivo que se implanta durante esa intervención. En el lenguaje coloquial se usan a menudo como sinónimos, pero en sentido estricto la relación es de procedimiento a instrumento. En términos estrictos, ninguno. Se practica con más frecuencia a partir de los 60 años, pero la indicación depende del grado de deterioro articular y de la limitación funcional, no de la edad por sí sola. En pacientes jóvenes con articulaciones gravemente destruidas (por artritis juvenil, por ejemplo), se valora también, asumiendo que probablemente necesitarán una artroplastia de revisión a lo largo de su vida. Si desea profundizar en conceptos asociados a la artroplastia, puede consultar las siguientes definiciones del Diccionario médico:Qué es la artroplastia
Clasificación según el grado de sustitución
Materiales protésicos
Diferenciación con la artrodesis
Preguntas frecuentes
¿De dónde viene la palabra artroplastia?
¿Cuánto dura una prótesis articular?
¿Es lo mismo artroplastia que prótesis?
¿A partir de qué edad se puede realizar?
Referencias
Entradas relacionadas en el diccionario
Infografías realizadas con https://BioRender.com
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