DICCIONARIO MÉDICO

Acidemia

La acidemia es el hallazgo bioquímico que se define como un pH de la sangre arterial por debajo de 7,35, valor que refleja una concentración excesiva de hidrogeniones (H+). Conviene no confundirla con la acidosis: la acidemia es el dato medido en la gasometría, mientras que la acidosis describe los procesos fisiológicos que tienden a producirla. El término también designa, en otra acepción, un grupo de errores congénitos del metabolismo conocidos como acidemias orgánicas.

Qué es la acidemia

Hablamos de acidemia, en sentido estricto, cuando el pH de la sangre arterial cae por debajo de su rango fisiológico, que se sitúa entre 7,35 y 7,45. La Real Academia Española recoge la palabra como concentración excesiva de iones hidrógeno (H+) en la sangre, y la nomenclatura clínica moderna añade el umbral cuantitativo: pH arterial inferior a 7,35.

El término es un híbrido grecolatino. Combina el latín acidus —ácido, agrio, lo que pica al paladar, voz emparentada con acere (estar agrio)— con el sufijo médico moderno -emia, formado a partir del griego αἷμα (haîma, sangre). El sufijo -emia se acuñó en el latín médico del siglo XIX para nombrar la presencia o concentración anómala de una sustancia en la sangre, y ha sido productivo hasta lo casi inagotable: anemia, uremia, glucemia, hipercalcemia, bacteriemia. Acidemia significa, literalmente, sangre ácida.

Se trata de un dato de laboratorio, no de un síndrome. Lo que el clínico recibe del laboratorio no es la acidemia en sí, sino un número: el pH arterial. La etiqueta «acidemia» aparece cuando ese número cae por debajo del umbral. Por eso la palabra se usa con un sentido casi instrumental, asociada a la gasometría y a los demás parámetros que la acompañan (presión parcial de CO2, bicarbonato sérico, exceso de bases).

El pH sanguíneo y la concentración de hidrogeniones

El pH del plasma se mantiene en un margen muy estrecho, alrededor de 7,40. Es una constancia notable si se piensa en la cantidad de ácidos que el organismo produce a diario: el metabolismo celular genera continuamente CO2 —que en disolución actúa como ácido volátil— y ácidos no volátiles procedentes del catabolismo de aminoácidos y de la oxidación incompleta de glúcidos y lípidos. La cifra no se mueve apenas.

Tres líneas de defensa lo explican. La primera, instantánea, son los sistemas tampón de la sangre —bicarbonato/ácido carbónico, fosfatos, proteínas plasmáticas, hemoglobina— que captan o ceden hidrogeniones en cuestión de segundos. La segunda es respiratoria: variando la profundidad y la frecuencia de la ventilación, los pulmones eliminan más o menos CO2 y modulan así el componente ácido volátil; esta respuesta tarda minutos y la lleva a cabo el centro respiratorio del tronco encefálico. La tercera es renal y opera en una escala de horas a días, reabsorbiendo bicarbonato y excretando hidrogeniones tamponados con fosfato y amonio.

La acidemia aparece cuando la carga ácida desborda esas tres líneas o cuando alguna de ellas está rota. No siempre que hay un trastorno ácido-base se llega a la acidemia: si los mecanismos compensadores actúan a tiempo, el pH puede mantenerse en cifras normales pese a que el proceso fisiopatológico ya esté en marcha. Es lo que se conoce como acidosis compensada.

Diferencia entre acidemia y acidosis

La distinción es la cuestión que con más frecuencia trae a un lector hasta esta entrada. En el habla coloquial —y en bastantes textos clínicos— las dos palabras se usan como sinónimas. Estrictamente, no lo son.

Acidemia designa el dato: un pH arterial inferior a 7,35, medido. Es estático, cuantificable, presente o ausente en función de un número concreto.

Acidosis, en cambio, no es una cifra sino un mecanismo. Bajo este nombre se agrupan los procesos fisiopatológicos —retención de CO2, acumulación de cuerpos cetónicos, producción excesiva de ácido láctico, pérdida intestinal de bicarbonato— que tienden a acidificar la sangre. Según el origen del trastorno primario, se clasifica en acidosis metabólica y acidosis respiratoria.

Un paciente puede tener acidosis sin tener acidemia. Ocurre en cuanto la respuesta compensadora es eficaz: si una acidosis metabólica desencadena hiperventilación suficiente para eliminar CO2 en la cuantía necesaria, el pH puede regresar a su rango y el laboratorio mostrará bicarbonato bajo, presión parcial de CO2 baja y pH normal. Y a la inversa: la acidemia, por definición, siempre indica que existe acidosis subyacente, pero su gravedad no depende solo del proceso, sino también del grado en que la compensación ha conseguido —o no— amortiguarlo. La pareja análoga del lado alcalino sigue el mismo esquema: alcalosis es el proceso, alcalemia es el dato (pH > 7,45).

Acidemias orgánicas: una acepción nosológica distinta

El término «acidemia» tiene una segunda vida en el campo de los errores congénitos del metabolismo. Aquí no se refiere al pH sanguíneo, sino al acúmulo en sangre y tejidos de ácidos orgánicos concretos que en condiciones normales se procesarían y eliminarían sin problema. El nombre del trastorno se construye, en cada caso, sobre el ácido que se acumula: acidemia propiónica, acidemia metilmalónica, acidemia isovalérica.

Las acidemias orgánicas son enfermedades hereditarias, casi siempre de transmisión autosómica recesiva, debidas a la deficiencia de enzimas implicadas en el catabolismo de los aminoácidos de cadena ramificada —leucina, isoleucina y valina— o de la vía común del propionato. El bloqueo enzimático desvía la ruta metabólica hacia metabolitos que se acumulan y resultan tóxicos. La consecuencia bioquímica frecuente es, paradójicamente, también una acidemia en el primer sentido del término: el desbordamiento de la capacidad tampón produce acidosis metabólica con anión gap aumentado.

Son enfermedades raras. La incidencia global del conjunto de aminoacidopatías, acidurias orgánicas y trastornos de la beta-oxidación detectados por cribado neonatal ampliado se estima en torno a 1 por cada 2.350 nacidos vivos cuando se incluyen las formas leves; las acidemias metilmalónicas, por ejemplo, tienen una prevalencia aproximada de 1 por 50.000. En España forman parte del cribado neonatal en la mayoría de comunidades autónomas, lo que ha cambiado por completo el momento de la detección: hoy suele ser presintomática.

El plural «acidurias orgánicas» se usa con frecuencia como sinónimo, porque los ácidos que se acumulan en sangre se excretan también en orina y allí se identifican mediante cromatografía de gases acoplada a espectrometría de masas. Acidemia y aciduria, en este contexto, no se distinguen por la presencia del ácido, sino por el fluido en que se detecta.

Preguntas frecuentes

¿De dónde viene la palabra acidemia?

Es una palabra híbrida. Combina el latín acidus (ácido, agrio) con el sufijo médico moderno -emia, derivado del griego αἷμα (haîma, sangre). La etimología es literal: sangre ácida. El sufijo -emia se generalizó en la nomenclatura médica europea durante el siglo XIX para nombrar concentraciones anómalas de sustancias en la sangre y dio lugar a una familia muy extensa de términos clínicos.

¿Es lo mismo acidemia que acidosis?

No. La acidemia es el dato bioquímico, definido como un pH arterial inferior a 7,35. La acidosis es el proceso fisiopatológico que tiende a producirla. Puede existir acidosis sin acidemia, cuando los mecanismos compensadores —respiratorios o renales— consiguen mantener el pH dentro de la normalidad. La acidemia, en cambio, siempre implica que esos mecanismos no han bastado.

¿A partir de qué cifra de pH se habla de acidemia?

A partir de pH arterial inferior a 7,35. El intervalo de referencia se sitúa entre 7,35 y 7,45. El umbral es operativo: por encima de 7,45 se habla de alcalemia, por debajo de 7,35 de acidemia, y en sangre venosa los valores normales se desplazan ligeramente hacia abajo (7,31–7,37) por la mayor presión parcial de CO2.

¿Qué son las acidemias orgánicas?

Son un grupo de enfermedades hereditarias del metabolismo, casi siempre autosómicas recesivas, debidas a deficiencias enzimáticas en el catabolismo de aminoácidos de cadena ramificada o de la vía del propionato. Provocan el acúmulo en sangre y orina de ácidos orgánicos que en condiciones normales no se acumularían. Las tres formas clásicas son la acidemia propiónica, la metilmalónica y la isovalérica. Hoy se detectan habitualmente mediante el cribado neonatal ampliado, antes de que aparezca clínica.

¿Por qué se confunden tanto los términos acidemia y acidosis?

Porque en la práctica clínica suelen aparecer juntos y porque el matiz, sin ser trivial, es fino. La fisiología clásica del equilibrio ácido-base, formulada a comienzos del siglo XX por Lawrence J. Henderson y refinada por Karl Hasselbalch con la ecuación que lleva sus nombres, sentó las bases del análisis cuantitativo del pH sanguíneo. La distinción terminológica entre proceso (acidosis) y resultado medible (acidemia) se afianzó después, con la generalización de la gasometría arterial en cuidados intensivos. En textos divulgativos las dos palabras se intercambian; en lenguaje técnico riguroso, no.

Referencias

  1. Real Academia Española. Acidemia, definición en el Diccionario de la lengua española.
  2. Manual MSD versión para profesionales. Trastornos del equilibrio ácido base.
  3. MedlinePlus en español (Biblioteca Nacional de Medicina de EE. UU.). Acidosis: enciclopedia médica.
  4. Orphanet. Aciduria orgánica clásica: grupo de trastornos.

Entradas relacionadas en el diccionario

Si desea profundizar en conceptos asociados a la acidemia, puede consultar las siguientes definiciones del Diccionario médico:

  • Acidosis: proceso fisiopatológico que tiende a acidificar el medio interno, del que la acidemia es la expresión cuantitativa cuando supera la capacidad compensadora.
  • Acidosis metabólica: tipo de acidosis cuyo origen primario es una caída del bicarbonato sérico.
  • Acidosis respiratoria: tipo de acidosis cuyo origen primario es la retención de dióxido de carbono.
  • Alcalosis: contrapartida de la acidosis en el otro extremo del equilibrio ácido-base.
  • pH: escala logarítmica con la que se cuantifica la acidez del medio interno.
  • Tampón: sistema químico que amortigua las variaciones de pH y constituye la primera línea de defensa del equilibrio ácido-base.
  • Anión gap: parámetro de laboratorio que orienta la clasificación etiológica de la acidosis metabólica.
  • Gasometría: prueba que mide el pH y los gases disueltos en sangre y permite detectar la acidemia.
  • Cetoacidosis: forma de acidosis metabólica por acumulación de cuerpos cetónicos.
  • Ácido láctico: producto del metabolismo anaerobio cuya acumulación puede generar acidosis láctica.

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