DICCIONARIO MÉDICO
ABVD
ABVD es la sigla de actividades básicas de la vida diaria. Designa las tareas de autocuidado más elementales que una persona necesita realizar para vivir de forma autónoma: comer, asearse, vestirse, ir al baño, desplazarse dentro del domicilio y mantener la continencia. Su valoración es una herramienta habitual en geriatría, rehabilitación y medicina interna. Las ABVD son las actividades que cualquier adulto sano realiza a diario sin pensarlo: levantarse de la cama, lavarse, vestirse, comer y controlar esfínteres. Son tareas ligadas a la supervivencia y al cuidado del propio cuerpo, y se aprenden durante la infancia —un niño de seis años ya las ejecuta de forma autónoma—. Cuando un adulto pierde la capacidad de hacerlas por sí mismo, necesita ayuda de otra persona o de un dispositivo, y esa pérdida marca el inicio de lo que en medicina se denomina dependencia funcional. El concepto se debe a Sidney Katz, un geriatra del hospital Benjamin Rose de Cleveland (Ohio). A principios de los años cincuenta, Katz y su equipo observaron que los pacientes con fractura de cadera recuperaban las funciones perdidas en un orden bastante predecible, parecido al orden en que los niños las adquieren durante el desarrollo: primero la alimentación, después la continencia, luego la movilidad y por último el baño y el vestido. En 1963 publicaron el índice que lleva su nombre, diseñado para clasificar al paciente en una escala de siete niveles —de A (independiente en las seis funciones) a G (dependiente en todas)— y que sigue utilizándose hoy en todo el mundo. Las ABVD no son las únicas actividades de la vida diaria que se evalúan en la práctica clínica. Por encima de ellas están las actividades instrumentales de la vida diaria (AIVD): usar el teléfono, manejar dinero, hacer la compra, cocinar, ocuparse de la limpieza, tomar la medicación correctamente y desplazarse fuera del domicilio. Son tareas que exigen más capacidad cognitiva y organizativa. La escala de referencia es la de Lawton y Brody, publicada en 1969. Y un escalón más arriba están las actividades avanzadas de la vida diaria (AAVD): trabajar, participar en actividades sociales, viajar, hacer ejercicio, mantener aficiones. Son las primeras que se pierden cuando empieza el deterioro, pero rara vez se miden de forma estandarizada porque dependen mucho del contexto cultural y de las preferencias de cada persona. La jerarquía es útil en la práctica. Cuando un paciente mantiene las ABVD pero ha perdido las AIVD, el grado de dependencia es moderado. Cuando pierde también las ABVD, la dependencia es grave y, por lo general, necesita un cuidador presente buena parte del día. Esta gradación es la que utilizan los equipos de geriatría para planificar los recursos que va a necesitar cada paciente, y la que recoge la legislación española sobre dependencia (Ley 39/2006), que define las ABVD como "las tareas más elementales de la persona, que le permiten desenvolverse con un mínimo de autonomía e independencia". Los dos instrumentos más utilizados para medir las ABVD son el índice de Katz y el índice de Barthel. El de Katz evalúa seis funciones (baño, vestido, uso del retrete, movilidad, continencia y alimentación) y clasifica al paciente en categorías de la A a la G. Es sencillo y rápido, pero poco sensible a cambios pequeños: un paciente que mejora ligeramente en una función puede seguir en la misma categoría. El índice de Barthel, desarrollado en 1965 por Mahoney y Barthel para pacientes con ictus en rehabilitación, puntúa diez actividades en una escala de 0 a 100. Al incluir más funciones y usar una puntuación continua, detecta mejor las mejorías o los empeoramientos graduales. En la práctica geriátrica española es el instrumento más extendido; una puntuación por debajo de 60 suele indicar dependencia moderada, y por debajo de 20, dependencia grave o total. Actividades básicas de la vida diaria. En inglés se usa ADL (activities of daily living) o BADL (basic activities of daily living). Las seis actividades que se incluyen habitualmente son: alimentación, baño, vestido, uso del retrete, movilidad (transferencias) y continencia. Sidney Katz, geriatra del hospital Benjamin Rose de Cleveland, a principios de los años cincuenta. El índice de Katz se publicó formalmente en 1963 y fue el primer instrumento estandarizado para medir la independencia funcional de un paciente. No. Se evalúan en cualquier paciente que haya perdido funcionalidad, sea cual sea su edad: tras un ictus, un traumatismo craneoencefálico, una lesión medular o en el curso de una enfermedad neurodegenerativa. Lo que ocurre es que la pérdida de ABVD es mucho más frecuente a partir de los 75 o 80 años, y por eso el concepto se asocia sobre todo con la geriatría. Son conceptos distintos. Las ABVD son las tareas de autocuidado más elementales (comer, lavarse, vestirse). Las AIVD —actividades instrumentales de la vida diaria— son tareas más complejas que requieren capacidad organizativa: cocinar, manejar dinero, usar transporte, tomar medicación. Un paciente puede haber perdido las AIVD y conservar las ABVD; la pérdida de las ABVD indica un grado mayor de dependencia. Si desea profundizar en conceptos asociados a las ABVD, puede consultar las siguientes definiciones del Diccionario médico:Qué son las ABVD
ABVD, actividades instrumentales y actividades avanzadas
Índice de Katz e índice de Barthel
Preguntas frecuentes
¿Qué significa la sigla ABVD?
¿Quién inventó el concepto?
¿Las ABVD solo se evalúan en personas mayores?
¿ABVD y AIVD son lo mismo?
Referencias
Entradas relacionadas en el diccionario
Infografías realizadas con https://BioRender.com
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