DICCIONARIO MÉDICO
Abasia
La abasia es la incapacidad de caminar debida a un déficit en la coordinación motora, sin que exista necesariamente una pérdida de fuerza muscular. Puede obedecer a causas neurológicas orgánicas —lesiones cerebelosas, medulares o de los ganglios basales— o bien a un mecanismo funcional, sin lesión estructural identificable. En semiología neurológica, la abasia designa la imposibilidad o la dificultad grave para ejecutar la marcha. El paciente conserva, al menos parcialmente, la movilidad de las extremidades inferiores cuando está sentado o acostado, pero no consigue coordinar los movimientos necesarios para desplazarse de pie. No es una enfermedad en sí misma, sino un signo clínico que puede aparecer en contextos muy distintos: desde una lesión del cerebelo hasta un trastorno neurológico funcional sin daño estructural demostrable. La palabra procede del griego ἀ- (a-), prefijo privativo, y βάσις (básis), "paso" o "marcha". Literalmente: "sin paso". Existió en la Antigüedad una forma ἀβασία, aunque con un sentido diferente al actual —indicaba más bien "inaccesibilidad" de un terreno que imposibilidad de caminar—. El uso clínico moderno se documenta a finales del siglo XIX. En 1888, el neurólogo francés Paul Blocq, discípulo de Jean-Martin Charcot en la Salpêtrière de París, publicó en Archives de Neurologie dos artículos que describían conjuntamente la astasie (incapacidad de mantenerse en pie) y la abasie (incapacidad de caminar) como un síndrome funcional diferenciado. Blocq no inventó el término abasia, pero su trabajo en la Salpêtrière lo consolidó dentro de la nosología neurológica. Caminar parece un acto sencillo, pero exige la integración simultánea de varios niveles del sistema nervioso. La corteza motora y las áreas premotoras elaboran la orden voluntaria de iniciar el paso; los ganglios basales modulan la amplitud y la secuencia de cada movimiento; al cerebelo le corresponde el ajuste continuo de la coordinación y el equilibrio, y la médula espinal alberga los circuitos generadores del patrón locomotor —redes de interneuronas que producen la alternancia rítmica de flexión y extensión de las piernas—. A todo ello se suma la retroalimentación propioceptiva de músculos, tendones y articulaciones. Una lesión en cualquiera de esos eslabones puede producir abasia, pero el resultado clínico será diferente según cuál falle. Si se daña el cerebelo, la marcha se vuelve inestable y descoordinada, con ampliación de la base de sustentación. Si el problema asienta en los ganglios basales, como ocurre en la acinesia parkinsoniana, lo que se pierde es la capacidad de iniciar el movimiento o de mantener su fluidez. Y cuando no existe ninguna lesión estructural identificable, pero el paciente es incapaz de caminar pese a mover las piernas con normalidad en la cama, el cuadro recibe el nombre clásico de astasia-abasia —la llamada enfermedad de Blocq— y se clasifica dentro de los trastornos neurológicos funcionales. La abasia atáxica es la que se observa en pacientes con disfunción cerebelosa: pasos irregulares, tendencia a la lateropulsión y dificultad para ejecutar giros. La abasia espástica, vinculada a la espasticidad de los miembros inferiores, se manifiesta con un patrón rígido en el que las piernas parecen pegarse entre sí durante la marcha —la clásica marcha en tijera de la parálisis cerebral o de ciertas lesiones medulares—. Hay también una abasia paralítica, provocada directamente por la debilidad muscular de origen neurológico, y una abasia coreica, en la que los movimientos involuntarios de las piernas —sacudidas bruscas e impredecibles— desorganizan el patrón de marcha hasta hacerlo inviable. Mención aparte merece la abasia funcional, antes denominada abasia histérica. El paciente no puede caminar, pero la exploración neurológica convencional no revela déficit motor ni sensitivo que lo explique. Las piernas se mueven con fuerza normal cuando se exploran en decúbito. Lo llamativo es que la marcha mejora a veces con maniobras de distracción —por ejemplo, al pedir al paciente que camine hacia atrás o que siga un ritmo musical—, un dato que orienta hacia el origen funcional del cuadro y que los neurólogos utilizan como signo positivo en la exploración. Esta forma es la que Blocq describió originalmente en 1888 junto con Charcot, y hoy se encuadra dentro de lo que el DSM-5 denomina trastorno de síntomas neurológicos funcionales. La confusión entre estos tres términos es frecuente. La ataxia designa la falta de coordinación del movimiento en general —no solo de la marcha, sino también de las extremidades superiores, del habla o de los movimientos oculares—. La abasia se restringe a la marcha: un paciente puede tener ataxia de las extremidades sin presentar abasia si conserva la capacidad de caminar, aunque lo haga de forma inestable. En la práctica, eso sí, ambos signos coinciden con frecuencia en las lesiones cerebelosas. Con la paresia la frontera es más nítida. La paresia implica pérdida parcial de fuerza muscular: el paciente no puede caminar porque le faltan fuerzas, y esa debilidad es objetivable en la exploración tanto de pie como acostado. En la abasia funcional, por el contrario, la fuerza está conservada fuera del contexto de la marcha, que es justamente lo que desconcierta al observador no familiarizado con los trastornos neurológicos funcionales. Del griego ἀ- (a-), "sin", y βάσις (básis), "paso" o "marcha". Significa, literalmente, "ausencia de paso". La forma ἀβασία existía en griego antiguo, pero con el sentido de "lugar inaccesible", no de incapacidad motora. El uso neurológico actual se consolidó en la segunda mitad del siglo XIX, en particular a partir de los trabajos de Paul Blocq en la Salpêtrière de París (1888). No. La abasia se refiere específicamente a la incapacidad de caminar. La astasia-abasia combina ese déficit con la imposibilidad de mantenerse en pie (astasia). Las dos pueden darse por separado —hay pacientes que logran permanecer de pie pero no avanzan, y otros que no consiguen ni una cosa ni la otra—, aunque la forma combinada, descrita por Blocq, es la más conocida. Esa es una idea errónea bastante extendida. La forma funcional (antes llamada histérica) es solo una de las posibles, y ni siquiera la que un neurólogo ve con más frecuencia en su consulta. Lesiones del cerebelo, de la médula espinal, de los ganglios basales o accidentes cerebrovasculares, entre otras causas, producen abasia con un sustrato orgánico perfectamente identificable. Depende del contexto clínico. En servicios de neurología general, la abasia completa —es decir, la imposibilidad total de caminar— se observa con menor frecuencia que los trastornos parciales de la marcha. La forma funcional es más habitual en mujeres jóvenes, según las series clásicas, aunque puede presentarse a cualquier edad y en ambos sexos. Si desea profundizar en conceptos asociados a la abasia, puede consultar las siguientes definiciones del Diccionario médico:Qué es la abasia
Control neural de la marcha
Formas clínicas
Abasia, ataxia y paresia
Preguntas frecuentes
¿De dónde viene la palabra abasia?
¿Es lo mismo abasia que astasia-abasia?
¿La abasia siempre tiene origen psicológico?
¿Es un signo frecuente?
Referencias
Entradas relacionadas en el diccionario
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