DICCIONARIO MÉDICO
Abasia
La abasia es la incapacidad para caminar, o la dificultad grave para hacerlo, debida a un fallo en la coordinación o en la puesta en marcha del paso que no se explica por una pérdida de fuerza en las piernas. Es un signo neurológico, no una enfermedad: puede tener un origen funcional o deberse a lesiones del sistema nervioso central, sobre todo de los lóbulos frontales, de sus conexiones con los ganglios basales y del cerebelo. Lo característico de la abasia es una disociación. Tumbada o sentada, la persona mueve las piernas con soltura y con fuerza; puesta de pie, no consigue iniciar el paso o mantener la marcha. Por eso no se confunde con una parálisis. A veces se presenta junto a la imposibilidad de sostenerse erguido, y entonces se habla de abasia-astasia, pero puede aparecer sola: la persona logra quedarse de pie y, sin embargo, no avanza. El término está formado con el prefijo privativo griego ἀ- y βάσις (básis), que significa «paso» o «acción de caminar», y comparte raíz con el verbo βαίνω, «andar». Es, literalmente, la falta de paso. Lo introdujo en la nomenclatura médica en 1888 Paul Blocq, interno de Jean-Martin Charcot en la Salpêtrière de París, en un trabajo sobre lo que llamó astasia-abasia; según el historiador de la neurología Olivier Walusinski, Blocq construyó el neologismo tras consultar al lingüista Jules Girard. Charcot dedicó al asunto dos de sus lecciones de los martes, el 5 y el 12 de marzo de 1889. Allí usó «abasia» para la incoordinación o impotencia motora referida solo a la marcha y dejó una observación que se sigue citando: la abasia podía existir sola, mientras que él nunca había visto una astasia aislada. Distinguió además varias formas. En la paralítica o parética, el paciente se desploma en cuanto lo ponen de pie, aunque en la cama sus piernas tengan fuerza normal. La atáxica cursa con incoordinación, y de ella separó dos variantes, la coreica, con flexiones bruscas y exageradas de las piernas, y la trepidante, en la que los miembros inferiores se ponen rígidos y el paciente parece caminar sin moverse del sitio. Para Charcot y Blocq aquel cuadro era casi siempre histérico, y ese apellido arrastró el término durante décadas. Hoy se habla de abasia funcional, que la medicina actual encuadra dentro del trastorno neurológico funcional. Esta afección es poco frecuente antes de los diez años y, antes de los cincuenta, más común en mujeres; a partir de esa edad se reparte por igual entre ambos sexos. La lista de causas orgánicas empezó a crecer muy pronto. En 1892 el neurólogo alemán Ludwig Bruns relacionó un trastorno de este tipo con un tumor frontal. En 1901 el sueco Karl Petrén describió la abasia trepidante del anciano, y en 1922 Jean Lhermitte presentó en París un caso cuya autopsia mostró una atrofia limitada al vermis del cerebelo. A esa relación se sumaron el estado lacunar de origen vascular, la enfermedad de Parkinson y, desde la descripción del neurocirujano colombiano Salomón Hakim en 1964, la hidrocefalia de presión normal. El cambio de perfil es notable. Los pacientes de Blocq eran sobre todo niños y jóvenes; la abasia que ven hoy los neurólogos aparece con más frecuencia en personas mayores con lesiones frontales o subcorticales, y la literatura en inglés la agrupa bajo la etiqueta de trastornos de la marcha de nivel superior. Caminar exige que la corteza motora, los ganglios basales, la región locomotora del tronco del encéfalo, el cerebelo y la médula espinal funcionen de forma encadenada, y basta que falle el escalón que traduce la intención de andar en un programa de pasos para que aparezca la abasia, con la fuerza y la sensibilidad intactas. Las tres palabras se confunden con facilidad. La ataxia es la falta de coordinación del movimiento en general y puede afectar a los brazos, al habla o a los ojos; quien la padece suele caminar, aunque lo haga de forma inestable y con las piernas separadas. La abasia, en cambio, se refiere solo a la marcha y supone que esta se vuelve imposible o casi imposible. Con la paresia la frontera es más clara. En ella hay una pérdida parcial de fuerza que se comprueba con la persona tumbada, de pie o sentada. En la abasia la fuerza se conserva fuera del acto de caminar, y esa es precisamente la paradoja que la define. Del griego: el prefijo privativo ἀ- y βάσις, «paso». La acuñó Paul Blocq en 1888. No. La abasia es la incapacidad para caminar; la astasia-abasia añade la imposibilidad de mantenerse de pie. Charcot ya advirtió en 1889 que la primera podía darse sola, y que la astasia aislada era, en su experiencia, inexistente. No, y es un error frecuente pensarlo, heredado de la época de Charcot. La forma funcional existe, pero también la causan tumores frontales, lesiones vasculares de pequeño vaso, la hidrocefalia de presión normal, la enfermedad de Parkinson y otras enfermedades degenerativas, o la atrofia del vermis cerebeloso. En personas mayores, las causas orgánicas son las más habituales. Son fenómenos emparentados. La congelación de la marcha es un bloqueo súbito y transitorio, frecuente en la enfermedad de Parkinson, en el que los pies parecen quedarse pegados al suelo durante unos segundos; la abasia describe una incapacidad más mantenida para iniciar o sostener el paso.Qué es la abasia
Las formas que describió Charcot
De la histeria a las causas orgánicas
Abasia, ataxia y paresia
Preguntas frecuentes
¿De dónde viene la palabra abasia?
¿Es lo mismo abasia que astasia-abasia?
¿La abasia siempre tiene un origen psicológico?
¿Qué tiene que ver la abasia con la congelación de la marcha?
Referencias
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Infografías realizadas con https://BioRender.com
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