DICCIONARIO MÉDICO
Atenolol
El atenolol es un betabloqueante beta-1 selectivo, es decir, actúa de forma preferente sobre los receptores beta-adrenérgicos del corazón. Al bloquearlos reduce la frecuencia cardíaca, la fuerza de contracción del miocardio y el gasto cardíaco. Se emplea en la hipertensión arterial, la angina de pecho y determinadas arritmias. Su código en la clasificación ATC es C07AB03. Para posología, contraindicaciones, interacciones y seguridad en el embarazo y la lactancia, consulte la ficha técnica oficial en la AEMPS (CIMA). Como todos los antagonistas del receptor beta-adrenérgico, el atenolol compite con la adrenalina y la noradrenalina por el mismo sitio de unión, pero sin activarlo. Carece de actividad simpaticomimética intrínseca (no se comporta nunca como agonista parcial) y de efecto estabilizador de membrana, dos propiedades que sí presentan otros bloqueantes beta más antiguos. Su preferencia por el receptor beta-1 no es absoluta: a medida que aumenta la concentración plasmática, el fármaco pierde selectividad y empieza a actuar también sobre los receptores beta-2 del árbol bronquial. Desde el punto de vista fisicoquímico se trata de un compuesto muy hidrófilo, con un coeficiente de reparto especialmente bajo dentro de su familia. Apenas sufre metabolismo hepático (en torno al 5 % de la cantidad absorbida) y se elimina sobre todo por vía renal, sin cambios. La absorción oral es rápida pero incompleta, con una biodisponibilidad del 50 al 60 %. El efecto se detecta ya en la primera hora, alcanza su máximo entre las dos y las cuatro horas siguientes y se mantiene, al menos, durante veinticuatro horas. La hidrofilia del atenolol tiene una consecuencia directa: atraviesa la barrera hematoencefálica en cantidades mínimas. Los estudios que comparan la proporción de fármaco en el cerebro frente a la sangre sitúan al atenolol en torno a 0,2 a 1, mientras que el propranolol, mucho más liposoluble, llega a 15 o incluso 33 a 1. No es una barrera absoluta (una fracción pequeña sí entra), pero la diferencia explica por qué los efectos sobre el sistema nervioso central que se atribuyen a otros betabloqueantes son, en el caso del atenolol, menos frecuentes. Los químicos de Imperial Chemical Industries describieron el compuesto en 1973, bajo la denominación de código ICI 66082. Pocos años antes, el mismo equipo había desarrollado el practolol, el primer betabloqueante cardioselectivo que llegó al mercado. El practolol se retiró en 1975 tras asociarse a un raro síndrome oculomucocutáneo con afectación ocular y cutánea grave. El atenolol, patentado en 1969 y autorizado ese mismo 1975, ofreció una alternativa cardioselectiva sin ese riesgo, y desde entonces se cuenta junto al metoprolol entre los representantes clásicos de esta segunda generación de betabloqueantes. Con el tiempo, la propia investigación clínica ha matizado el papel del atenolol. Fue el betabloqueante más estudiado en los grandes ensayos sobre hipertensión arterial, y sus resultados mostraron una protección frente al ictus y la mortalidad global inferior a la de otros grupos de antihipertensivos, como los diuréticos tiazídicos o los inhibidores del sistema renina-angiotensina. Esa evidencia llevó a que, desde la guía británica del NICE de 2006, los betabloqueantes dejaran de figurar como primera opción en la hipertensión arterial no complicada, aunque conservan un lugar destacado cuando coexiste una angina de pecho o un infarto previo. Porque distingue, aunque no de forma absoluta, entre los dos subtipos principales de receptor beta. Los beta-1 predominan en el corazón; los beta-2, en los bronquios y los vasos sanguíneos periféricos. Al dirigirse preferentemente a los primeros, el atenolol reduce el riesgo de broncoespasmo asociado a los betabloqueantes no selectivos como el propranolol, aunque ese riesgo no desaparece por completo en personas con vías respiratorias especialmente sensibles. El propranolol fue el primer betabloqueante comercializado y bloquea por igual los receptores beta-1 y beta-2. El atenolol, más tardío, se dirige sobre todo a los beta-1. La diferencia más relevante en la práctica es química: el propranolol es liposoluble y atraviesa con facilidad la barrera hematoencefálica, mientras que el atenolol es hidrófilo y apenas la cruza. Esto se traduce también en cómo se elimina cada uno del organismo: el propranolol se metaboliza casi por completo en el hígado, y el atenolol sale del cuerpo prácticamente intacto a través del riñón. Por eso su comportamiento cambia de forma distinta según la función hepática o renal de cada persona. No. Desde 2006 las guías británicas dejaron de situar a los betabloqueantes en ese lugar, y otras sociedades científicas fueron sumándose a esa revisión con el paso de los años. El atenolol conserva, eso sí, un papel relevante cuando hay una angina de pecho o un infarto previo de por medio. Si desea ampliar información relacionada con el atenolol, puede consultar:Qué es el atenolol
Un betabloqueante que apenas entra en el cerebro
Preguntas frecuentes
¿Por qué se dice que el atenolol es cardioselectivo?
¿En qué se diferencia el atenolol del propranolol?
¿Sigue siendo el atenolol de primera elección para la hipertensión arterial?
Referencias
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Infografías realizadas con https://BioRender.com
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