DICCIONARIO MÉDICO
Iatrogenia
La iatrogenia es cualquier alteración del estado del paciente que tiene su origen en el propio acto sanitario. Abarca desde el efecto no deseado de un medicamento bien indicado hasta la complicación de una intervención o la infección contraída durante la atención. Un rasgo la define frente a las ideas vecinas: puede producirse aunque todo se haya hecho bien. Por eso no equivale a error ni a negligencia, aunque en el lenguaje corriente los tres términos se confundan a menudo. La palabra combina dos raíces griegas: ἰατρός (iatrós), "médico", y γένεσις (génesis), "origen" o "generación". Literalmente, "lo originado por el médico". La raíz iatrós, documentada ya en los textos hipocráticos del siglo V a. C., sigue viva en pediatría, psiquiatría o geriatría. La medicina conoció el fenómeno mucho antes de nombrarlo: el viejo aforismo primum non nocere, "lo primero, no dañar", admite que la propia intervención puede volverse contra quien la recibe. En su sentido amplio, el término designa cualquier consecuencia derivada de la actuación sanitaria, sea favorable o adversa. El uso real lo ha estrechado. Hoy, tanto en la práctica como en la definición que recoge la Real Academia Española, se reserva casi siempre para la alteración negativa: el daño. Se admiten además las dos grafías, iatrogenia y yatrogenia; la segunda, con y-, es la que prefiere la norma académica española por razones de pronunciación. El término entró en la literatura médica en 1924, en un tratado de psiquiatría de Eugen Bleuler. Para Bleuler, lo iatrógeno tenía que ver sobre todo con la sugestión: el peso que las palabras y los gestos del médico ejercen sobre un paciente vulnerable, capaz de empeorar por lo que se le dice o por cómo se le dice. Durante décadas la idea quedó casi en reposo. Regresó con fuerza en 1976, cuando el pensador Ivan Illich publicó Némesis médica. Illich sacó el concepto de la consulta y distinguió tres planos: la iatrogenia clínica, que es el daño directo de tratamientos y pruebas; la social, entendida como la medicalización creciente de la vida cotidiana; y la cultural, la pérdida de la capacidad de afrontar por cuenta propia el dolor y la muerte. Su tesis resultó polémica. El vocabulario, en cambio, se quedó. Vale la pena no mezclar tres cosas que el habla cotidiana tiende a igualar. La iatrogenia, en sentido estricto, es el efecto adverso de una actuación correcta: el riesgo conocido y asumido de un procedimiento que, pese a todo, era el indicado. El error médico es una equivocación dentro de ese proceso. Y la mala praxis añade un componente de reproche: la actuación con negligencia, imprudencia o impericia que se aparta de lo que un profesional diligente habría hecho. La distinción no es un matiz académico. Cada término se reconoce en un lugar distinto: la iatrogenia se identifica en el paciente, por la alteración que aparece; la mala praxis se juzga en el profesional, por cómo actuó. Puede haber iatrogenia sin mala praxis, y también lo contrario. De ese deslinde dependen consecuencias que ya no son solo clínicas, sino éticas y jurídicas. Los daños iatrogénicos suelen ordenarse según su previsibilidad. Los hay predecibles o calculados, inseparables del efecto que se busca: toda catecolamina administrada, todo catéter colocado, arrastra un riesgo conocido que se acepta porque el beneficio esperado lo compensa. Otros son aleatorios, reacciones infrecuentes que surgen sin que nada las anunciara. Y en un tercer grupo, más discutido, se sitúan los que derivan de la impericia y ya rozan la mala praxis. Por su origen concreto la lista es larga: la reacción adversa a un fármaco, la complicación de una cirugía, la infección nosocomial adquirida en el hospital, la lesión por radiación de una prueba de imagen o el daño psicológico de una mala noticia mal comunicada. Esa última, la iatrogenia verbal, es precisamente la que Bleuler tenía en mente cuando acuñó el término. Del griego iatrós, "médico", y génesis, "origen": lo que el médico origina. La misma raíz iatrós está en geriatría o en pediatría. El uso moderno del término arranca en 1924. No. La iatrogenia puede darse aunque el acto médico se haya realizado de forma correcta; la mala praxis implica siempre una actuación negligente o inadecuada. Un mismo daño puede ser una cosa o la otra según cómo se haya llegado a él. Las dos formas son correctas. La Real Academia Española da preferencia a yatrogenia, con y inicial, por razones fonéticas; la literatura médica, en cambio, emplea sobre todo iatrogenia, más fiel a la raíz griega. En sentido amplio, sí: si el efecto indeseado nace del tratamiento, es de origen iatrogénico. Ahora bien, no todo lo que sale mal durante la atención lo es. Quedan fuera los hechos fortuitos, imposibles de prever, y también la evolución natural de la propia enfermedad, que sigue su curso al margen de lo que haga el médico.Qué es la iatrogenia
De la palabra de Bleuler al concepto de Illich
Iatrogenia, error y mala praxis
Formas de iatrogenia
Preguntas frecuentes
¿De dónde viene la palabra iatrogenia?
¿Iatrogenia es lo mismo que mala praxis?
¿Se escribe iatrogenia o yatrogenia?
¿Toda reacción adversa a un medicamento es iatrogenia?
Referencias
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Infografías realizadas con https://BioRender.com
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