DICCIONARIO MÉDICO
Variz esofágica
Variz esofágica es la dilatación patológica de las venas situadas en la submucosa del tercio inferior del esófago, consecuencia casi siempre de la hipertensión portal. Forma parte de una red más amplia de vías venosas colaterales que el organismo desarrolla cuando la circulación portal encuentra dificultades para atravesar el hígado. La vena porta transporta hacia el hígado la sangre procedente del intestino, el bazo y el páncreas. Cuando algo dificulta ese paso, la presión dentro del sistema portal aumenta y el organismo busca rutas alternativas para que la sangre alcance igualmente la circulación general, sin atravesar el hígado. Una de esas rutas discurre por las venas perforantes de la submucosa esofágica, que comunican el plexo venoso superficial con las venas periesofágicas: al recibir un volumen de sangre para el que no están preparadas, se dilatan y se vuelven tortuosas. El riesgo de rotura guarda relación directa con el gradiente de presión portal. Por debajo de 12 milímetros de mercurio el sangrado espontáneo resulta muy poco frecuente; por encima de ese umbral, la probabilidad aumenta de forma notable. La hipertensión portal que da lugar a las varices esofágicas puede originarse en tres niveles distintos. La causa prehepática más habitual es la trombosis de la vena porta, y en estos casos las varices suelen situarse preferentemente en el fondo gástrico. La causa hepática, con diferencia la más frecuente en los países desarrollados, es la cirrosis, cualquiera que sea su origen. Las causas poshepáticas engloban cualquier obstrucción del retorno venoso entre el hígado y el corazón derecho. En términos globales, sin embargo, la causa más común no es la cirrosis. La esquistosomiasis hepática es responsable de la mayoría de los casos en regiones endémicas de África y Oriente Medio, donde llega a afectar a más del 30 por ciento de la población en algunas aldeas sin que la función hepática se vea especialmente comprometida. Comparte mecanismo, pero no localización, con las varices gástricas, que asientan en el fondo del estómago y son especialmente frecuentes cuando el origen de la hipertensión portal es prehepático. También comparte origen con la cabeza de medusa, otro signo de hipertensión portal, aunque en este caso las venas dilatadas son las periumbilicales de la pared abdominal, visibles a través de la piel, no las del esófago. La variz de las extremidades inferiores, con la que comparte nombre y mecanismo básico de dilatación venosa, responde en cambio a una causa completamente distinta: la incompetencia de las válvulas venosas periféricas, sin relación alguna con la presión portal. Cerca de la mitad de los pacientes con cirrosis ya presenta varices esofágicas en el momento del diagnóstico. Entre quienes no las tienen inicialmente, un 5 por ciento las desarrolla a lo largo del primer año, y cuando son pequeñas, la probabilidad de que crezcan de forma significativa ronda el 10 por ciento anual. El sangrado por rotura variceal explica entre el 10 y el 30 por ciento de todos los episodios de hemorragia digestiva alta. Porque las venas dilatadas se localizan en la pared del esófago, concretamente en su tercio inferior. Es una de las varias localizaciones posibles de las vías colaterales que se forman cuando la sangre portal no puede atravesar el hígado con normalidad; las venas gástricas o las periumbilicales son otras. No, no de manera directa. La dilatación en sí misma no se nota ni se ve, y solo se detecta mediante endoscopia. Sí, y bastante. Aproximadamente la mitad de los pacientes con cirrosis ya las tiene en el momento en que se les diagnostica la enfermedad hepática. El desarrollo es progresivo: quienes no las tienen al principio presentan un riesgo cercano al 5 por ciento anual de que aparezcan, y cuando ya existen pero son pequeñas, tienden a crecer en torno a un 10 por ciento cada año. Por eso la vigilancia endoscópica periódica forma parte habitual del seguimiento de la enfermedad hepática crónica. No. La inmensa mayoría, en el mundo desarrollado, se debe a cirrosis hepática, pero también pueden originarse por una trombosis de la vena porta sin enfermedad hepática de base, o por obstrucciones del retorno venoso entre el hígado y el corazón. A escala mundial, la esquistosomiasis hepática es una causa al menos tan relevante como la cirrosis. Ambas son consecuencia de la misma hipertensión portal, pero afectan a territorios venosos distintos: la variz esofágica se forma en el esófago, mientras que la cabeza de medusa aparece en las venas periumbilicales de la pared del abdomen. Pueden coexistir en un mismo paciente, aunque ninguna de las dos depende de que la otra esté presente. Consulte también la información clínica completa sobre la enfermedad hepática que suele causarlas Si busca información sobre el diagnóstico y el tratamiento de la cirrosis hepática, principal causa de la hipertensión portal, puede consultar la página sobre cirrosis hepática, elaborada por la Unidad de Hepatología de la Clínica Universidad de Navarra.Mecanismo: la hipertensión portal
Causas según su origen
Diferenciación con otras dilataciones venosas
Consideraciones epidemiológicas
Preguntas frecuentes
¿Por qué se llama esofágica?
¿Produce síntomas una variz esofágica?
¿Es frecuente encontrar varices esofágicas en la cirrosis hepática?
¿Todas las varices esofágicas tienen el mismo origen?
¿Qué relación tiene con la cabeza de medusa?
Referencias
Entradas relacionadas
Infografías realizadas con https://BioRender.com
© Clínica Universidad de Navarra 2026