DICCIONARIO MÉDICO
Tétanos
El tétanos es una enfermedad infecciosa aguda, no transmisible de persona a persona, causada por una neurotoxina que produce la bacteria Clostridium tetani al proliferar en una herida contaminada. Se caracteriza por rigidez y espasmos musculares de extensión variable, según la forma clínica que adopte. El nombre desciende del griego teínein, estirar, del que deriva el adjetivo tetanós, tenso o rígido, y de ahí el sustantivo tétanos, tensión convulsiva de un músculo. El latín tomó la palabra como tetanus, y el francés la recogió a su vez, documentada desde 1541 en la variante tétanus y desde 1555 como tétanos. El español la registra desde 1569, casi con seguridad por vía francesa y no directamente del latín, según ha señalado la filología histórica. Durante décadas, el propio diccionario académico dudó sobre la forma correcta: la edición de 1852 incluía una entrada doble, tétanos o tétano, y solo a partir de 1884 se impuso tétanos como forma preferente. La definición que hoy asociamos a la enfermedad bacteriana, con mención expresa de un bacilo que penetra por las heridas, no apareció en el diccionario académico hasta 1936, casi cuatro siglos después de las primeras atestiguaciones de la palabra en las lenguas romances. Clostridium tetani es un bacilo grampositivo anaerobio que sobrevive en el ambiente en forma de espora, muy resistente, presente en la tierra y en las heces animales. Cuando esas esporas contaminan una herida con tejido desvitalizado, encuentran las condiciones sin oxígeno que necesitan para germinar y multiplicarse. La forma vegetativa de la bacteria libera entonces tetanospasmina, una neurotoxina que viaja en sentido retrógrado por los nervios periféricos hasta la médula espinal y el tronco encefálico. Una vez allí, la toxina bloquea la liberación de dos neurotransmisores inhibidores, el GABA y la glicina, encargados de frenar la actividad de las neuronas motoras. Sin ese freno, las motoneuronas disparan sin control, y el resultado es la contracción sostenida y dolorosa de la musculatura esquelética que da nombre a la enfermedad. Durante siglos se atribuyó el tétanos a causas nerviosas o emocionales, pese a que Hipócrates ya había dejado una descripción reconocible del cuadro. La demostración de su origen infeccioso llegó tarde: en 1884, los médicos italianos Carle y Rattone reprodujeron un tétanos mortal en un conejo inyectándole material de una herida humana, y ese mismo año el alemán Arthur Nicolaier, entonces un estudiante de veintidós años en Gotinga, provocó la enfermedad en animales con tierra de jardín y describió un bacilo compatible con el actual Clostridium tetani, aunque no consiguió aislarlo en cultivo puro. Lo logró en 1889 el bacteriólogo japonés Shibasaburo Kitasato, que trabajaba en Berlín bajo la dirección de Robert Koch: aprovechó la resistencia al calor de las esporas, calentó un cultivo mixto a ochenta grados durante casi una hora para eliminar el resto de bacterias, y obtuvo así el primer cultivo puro del bacilo. Casi al mismo tiempo, de forma independiente, los italianos Guido Tizzoni y Giuseppina Cattani anunciaron en Turín un aislamiento propio, una coincidencia que ilustra lo apretada que fue la carrera científica de aquellos años. En 1890, Kitasato publicó junto con Emil von Behring la obtención de un suero antitetánico a partir de conejos inmunizados, el primer tratamiento eficaz basado en antitoxina. El hallazgo, ampliado poco después con suero de caballo para producirlo a mayor escala, contribuyó a que von Behring recibiera en 1901 el primer Premio Nobel de Fisiología o Medicina de la historia. La vacuna que hoy previene la enfermedad, basada en un toxoide y no en una antitoxina, tiene un origen distinto y algo posterior, que se desarrolla en la entrada dedicada a la vacuna antitetánica-antidiftérica. Se distinguen tres presentaciones según la extensión de la afectación muscular. El tétanos generalizado es, con diferencia, el más frecuente, y compromete la musculatura de todo el cuerpo. El tétanos localizado limita la rigidez a los músculos próximos a la puerta de entrada de la toxina. El tétanos cefálico es una variante localizada que afecta a los nervios craneales, más habitual en la infancia y a veces asociada a una otitis media crónica, con capacidad de generalizarse. El tétanos neonatal, una forma generalizada que afecta al recién nacido cuando el cordón umbilical se contamina, fue objeto en 1989 de una iniciativa de la Organización Mundial de la Salud para su eliminación como problema de salud pública, un objetivo que la región europea alcanzó en 2009 y que otras regiones del mundo todavía persiguen. El parentesco es solo etimológico. La tetania y la tetanización tomaron prestado el adjetivo griego que da nombre a esta enfermedad para describir fenómenos de naturaleza completamente distinta, uno metabólico y otro puramente fisiológico, sin que exista entre los tres ninguna relación causal ni de mecanismo. Durante buena parte del siglo XIX, sin embargo, la propia lengua reflejó esa cercanía engañosa: el adjetivo tetánico llegó a aplicarse tanto a quien padecía la infección como a quien sufría un episodio de tetania, una ambigüedad que solo se resolvió con el tiempo a medida que la fisiopatología de ambos cuadros se fue distinguiendo con precisión. Del griego tetanós, tenso o rígido. La forma española, con esa terminación que parece un plural, se explica porque la palabra llegó a través del francés y no directamente del latín: por la misma regla que da plátano a partir de platanus, el español debería haber acuñado tétano, en singular, y sin embargo se impuso tétanos. Comparten la raíz griega y poco más. El tétanos es una infección bacteriana con una neurotoxina de por medio; la tetania es un síndrome derivado de un desequilibrio del calcio o el magnesio, descrito como entidad clínica en 1861, muchos siglos después de que la enfermedad infecciosa ya tuviera nombre en las lenguas romances. No comparten causa, mecanismo ni tratamiento, aunque la lengua los emparentó durante generaciones hasta que la medicina separó con claridad ambos cuadros. No. Las esporas proceden del ambiente, no de otra persona enferma, y la infección requiere siempre una puerta de entrada en la piel o las mucosas. Porque la protección depende de una cobertura de vacunación sostenida en el tiempo, con dosis de recuerdo, algo que no llega por igual a todas las regiones del mundo. La iniciativa de eliminación del tétanos neonatal lanzada por la OMS en 1989 ha reducido de forma notable los casos, pero sigue sin cumplirse en algunas zonas de África y del sudeste asiático. Para ampliar información sobre la bacteria, la vacuna y los fenómenos que comparten nombre con esta enfermedad, puede consultar:Qué es el tétanos
Mecanismo: cómo actúa la neurotoxina
Historia: la identificación del bacilo y de la antitoxina
Clasificación clínica
Diferenciación con la tetania y la tetanización
Preguntas frecuentes
¿De dónde procede el nombre tétanos?
¿Es lo mismo tétanos y tetania?
¿El tétanos es contagioso?
¿Por qué sigue habiendo casos si la vacuna existe desde hace un siglo?
Referencias
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Infografías realizadas con https://BioRender.com
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