DICCIONARIO MÉDICO
Sonambulismo
El sonambulismo es una parasomnia del sueño no REM que consiste en levantarse y caminar, u otras conductas motoras automáticas, sin ser consciente de ello ni recordarlo después. Es especialmente frecuente en la infancia, donde suele desaparecer de forma espontánea, y bastante menos frecuente, aunque lejos de ser rara, en la edad adulta. El término se construye sobre dos raíces latinas: somnus (sueño) y ambulare (caminar). La voz somnambulisme apareció en francés en 1786, en pleno auge del "magnetismo animal" que popularizó Franz Anton Mesmer, y desde ahí pasó al castellano como sonambulismo, desplazando a la más antigua noctambulismo. Existe también, aunque de uso muy minoritario, la variante griega hipnobasia, formada sobre hýpnos (sueño) y basis (paso, marcha), la misma raíz que da acróbata o base. Clínicamente se clasifica entre las parasomnias del despertar: no es un sueño que se actúa, sino un despertar incompleto en el que partes del cerebro permanecen dormidas mientras otras, las que gobiernan el movimiento, se activan lo suficiente para caminar, hablar o realizar tareas sencillas. Los episodios surgen casi siempre en el sueño de ondas lentas, la fase más profunda del sueño no REM, y por eso se concentran en el primer tercio de la noche. No actúa un sueño. Es otra cosa: un despertar que se queda a medias, y el registro electroencefalográfico durante un episodio lo refleja con una mezcla poco habitual, zonas con actividad propia del sueño profundo conviviendo con otras que muestran patrones de vigilia. Quien atraviesa un episodio puede tener los ojos abiertos, moverse con soltura por espacios conocidos e incluso responder con monosílabos, pero su nivel de alerta real es mínimo. De ahí que despertarlo sea difícil y que, al conseguirlo, suela mostrarse confuso durante unos segundos. Es, con diferencia, más frecuente en la infancia. Un estudio longitudinal canadiense publicado en 2015 en JAMA Pediatrics, que siguió a cerca de 2.000 niños desde los dos años y medio hasta los trece, encontró una prevalencia acumulada cercana al 29 % a lo largo de toda la infancia, con un máximo del 13,4 % hacia los diez años. La probabilidad crece de forma marcada con los antecedentes familiares: pasa del 22,5 % en niños sin ningún progenitor sonámbulo al 61,5 % cuando lo han sido los dos. En adultos las cifras son menores, aunque más altas de lo que durante mucho tiempo se pensó. Una encuesta telefónica a cerca de 19.000 estadounidenses, publicada en 2012 en la revista Neurology, encontró que el 29,2 % había caminado dormido alguna vez en la vida, frente a un 3,6 % que lo había hecho en el último año. La mayoría de los casos adultos son, además, una continuación de un sonambulismo infantil que nunca llegó a desaparecer del todo. Junto al terror nocturno, con el que comparte origen (ambos son despertares incompletos desde el sueño profundo) y con el que a veces coincide en la misma noche, el sonambulismo forma parte de un grupo reducido de fenómenos que se confunden entre sí sin serlo. Hablar durante el episodio, la somniloquia, es frecuente y no cambia nada del cuadro. La confusión más relevante en la práctica es con el trastorno de conducta del sueño REM. Este último ocurre en una fase distinta, la del sueño con movimientos oculares rápidos; la persona sí recuerda al despertar un sueño vívido, a menudo violento, y suele aparecer en personas de mayor edad. El sonambulismo no deja, en cambio, ningún recuerdo del episodio. No hay ningún riesgo médico en despertar a un sonámbulo, aunque el intento suele ser complicado por lo profundo del sueño, y la persona puede mostrarse desorientada o incluso irritable durante uno o dos minutos si finalmente despierta. La herencia pesa mucho: más de la mitad de los niños sonámbulos tiene un padre o una madre que también lo fue. El resto de la explicación está en la maduración del sistema nervioso, que durante la adolescencia termina de estabilizar las fases del sueño y hace que los episodios se espacien hasta desaparecer. Un porcentaje pequeño los mantiene, o los desarrolla por primera vez, en la vida adulta. Casi nunca. Alguna imagen suelta, como mucho. Desde finales del siglo XVIII, aunque con un enfoque muy distinto al actual. El término se popularizó en 1786 ligado al magnetismo animal de Mesmer, y durante buena parte del siglo XIX el sonambulismo se investigó más como una curiosidad relacionada con el hipnotismo que como un trastorno del sueño propiamente dicho. Ese enfoque cambió a partir de la segunda mitad del siglo XX, con la llegada de la polisomnografía y el estudio sistemático de las fases del sueño.Qué es el sonambulismo
Qué ocurre en el cerebro durante un episodio
Frecuencia en niños y en adultos
Con qué se puede confundir
Preguntas frecuentes
¿Es peligroso despertar a un sonámbulo?
¿Por qué algunos niños lo superan y otros no?
¿Recuerdan algo al despertar?
¿Desde cuándo se estudia científicamente?
Referencias
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Infografías realizadas con https://BioRender.com
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