DICCIONARIO MÉDICO
Solubilidad
La solubilidad es la cantidad máxima de una sustancia, el soluto, que puede disolverse en un volumen dado de otra, el solvente, a una temperatura y una presión determinadas. Es una propiedad fisicoquímica, no una enfermedad ni un tratamiento, pero de ella depende buena parte de lo que ocurre dentro del organismo, desde la absorción de un medicamento hasta la formación de un cálculo renal. Soluble llegó al castellano desde el latín tardío solubilis, derivado del verbo solvere, aflojar o disolver, la misma raíz que dio disolución y solvente. La Real Academia Española recoge ese origen en su definición de disolución (del latín dissolutio) y en la del verbo solubilizar, hacer soluble una sustancia. La raíz indoeuropea es, en última instancia, la misma que subyace a soltar o a suelto: la idea común, muy anterior a la química, es la de separar algo que estaba unido. Otras propiedades se describen de forma cualitativa; la solubilidad, no: se mide y se expresa como un número, gramos de soluto por litro de solvente, o moles por litro, a una temperatura fija. Ese número marca el límite. Por debajo, la disolución está insaturada y admite más soluto; justo en él, está saturada; por encima, el exceso ya no se disuelve y queda como fase separada, sólida o gaseosa. La temperatura es, para los sólidos disueltos en líquidos, el factor más visible: al calentar el agua, casi cualquier sal o azúcar se disuelve con más facilidad, porque la agitación térmica ayuda a separar las partículas del soluto. Con los gases ocurre justo lo contrario: un refresco caliente pierde antes su gas disuelto que uno frío, porque el calor favorece que las moléculas de gas escapen hacia la fase gaseosa. La presión, en cambio, apenas afecta a la solubilidad de sólidos y líquidos, pero resulta determinante para los gases: cuanto mayor es la presión que un gas ejerce sobre la superficie de un líquido, más gas se disuelve en él, una relación de proporcionalidad directa que formuló William Henry en 1803 y que rige, entre otros procesos, el intercambio de oxígeno y dióxido de carbono en la sangre. Queda, por último, la afinidad química entre soluto y solvente, resumida en la vieja regla de que lo semejante disuelve a lo semejante: las sustancias polares, como las sales o los azúcares, se disuelven bien en agua; las apolares, como las grasas, lo hacen en solventes igualmente apolares. De esa afinidad surgen dos categorías muy usadas en medicina y farmacia, la hidrosolubilidad y la liposolubilidad, que no son sino la misma solubilidad general aplicada a un solvente concreto. Para las sales poco solubles, los químicos manejan una constante propia, el producto de solubilidad o Ksp, que describe el equilibrio entre la sal sin disolver y sus iones en disolución. Cuanto menor es ese valor, menos soluble es la sal. La utilidad práctica es doble: permite predecir cuánto se disolverá de una sustancia y, también, cuándo empezará a precipitar si la concentración de sus iones supera ese límite de equilibrio. Este segundo fenómeno tiene una traducción clínica conocida: los cálculos renales de oxalato cálcico o de ácido úrico se forman, precisamente, cuando la orina se sobresatura de esas sustancias y el exceso deja de permanecer disuelto. No es la única causa de la litiasis renal, pero ilustra bien cómo un concepto de química básica tiene consecuencias muy concretas dentro del cuerpo. Un medicamento tomado por vía oral tiene que disolverse en los líquidos del tubo digestivo antes de poder atravesar la pared intestinal. Si su solubilidad es baja, esa primera etapa se convierte en un cuello de botella que limita cuánto principio activo llega finalmente a la circulación general, con independencia de lo bien que atraviese después las membranas celulares. El sistema de clasificación biofarmacéutica agrupa precisamente los fármacos según su solubilidad y su permeabilidad, y reserva un lugar propio para aquellos que combinan baja solubilidad con baja absorción. Del latín solubilis, derivado de solvere, aflojar o disolver, la misma raíz de la que proceden disolución y solvente. No. La concentración describe cuánto soluto hay disuelto en un momento dado; la solubilidad es el límite máximo que esa concentración puede alcanzar antes de saturarse. Porque, para la mayoría de los sólidos, la solubilidad aumenta con la temperatura: el calor facilita que las moléculas de agua rodeen y separen a las del soluto. En sentido estricto, no. Incluso las sustancias que se etiquetan como insolubles, como algunas sales metálicas, se disuelven en una proporción mínima; su Ksp es, simplemente, un número muy pequeño.Qué es la solubilidad
De qué depende: temperatura, presión y afinidad química
El producto de solubilidad y la precipitación
Relevancia en la absorción de fármacos
Preguntas frecuentes
¿De dónde viene la palabra solubilidad?
¿Es lo mismo solubilidad que concentración?
¿Por qué el azúcar se disuelve mejor en agua caliente que en agua fría?
¿Existe alguna sustancia totalmente insoluble?
Referencias
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