DICCIONARIO MÉDICO
Sobrehidratación
La sobrehidratación es el exceso de agua corporal en relación con el sodio disponible, un desequilibrio que diluye este electrolito y puede desembocar en hiponatremia. Ocurre cuando la ingesta de líquido supera, de forma sostenida o muy rápida, la capacidad del riñón para eliminar el agua sobrante. El término se construye sobre hidratación, formada en el siglo XVIII a partir del griego ὕδωρ (hýdōr), agua, y el prefijo latino sobre-, del latín super, "por encima de". Su sinónimo más frecuente en la bibliografía médica, hiperhidratación, expresa la misma idea de exceso con un prefijo distinto, el griego hyper-, en vez del latino. Ambas voces conviven en español sin que ninguna sociedad científica haya fijado una preferencia clara, aunque los manuales clínicos tienden a citar primero la forma con hiper-. Desde el punto de vista fisiológico, no es simplemente "beber demasiada agua". El cuerpo tolera con holgura un consumo elevado de líquido siempre que el riñón sano pueda diluir y expulsar el excedente en forma de orina. El problema aparece cuando esa capacidad de excreción se ve superada, bien porque el volumen ingerido se sale con mucho de lo habitual, bien porque un riñón enfermo, una secreción hormonal alterada o un corazón insuficiente reducen la cantidad de agua libre que el organismo puede eliminar por hora. El sodio es el principal determinante de la osmolaridad del plasma. Cuando el agua se acumula sin que la acompañe una cantidad proporcional de sodio, la concentración de este último baja, aunque su cantidad total en el cuerpo no haya disminuido: es un problema de dilución, no de pérdida. Ese descenso, cuando cruza el umbral de 135 mEq/L, recibe el nombre de hiponatremia dilucional. El agua, siguiendo el gradiente osmótico, se desplaza entonces hacia el interior de las células, incluidas las del tejido cerebral, lo que explica que las manifestaciones más relevantes de la sobrehidratación grave sean de origen neurológico. Hasta 20 o 25 litros de orina al día puede excretar un riñón sano, según recoge el Manual MSD, una cifra muy superior a la ingesta habitual. La sobrehidratación no aparece, por tanto, solo por beber mucho, sino por beber más deprisa de lo que el riñón puede procesar, o por perder esa capacidad de excreción a causa de una enfermedad de base. La polidipsia primaria, un trastorno en el que la persona ingiere volúmenes de agua muy por encima de la sed fisiológica, puede desbordar incluso a un riñón normal si se mantiene en el tiempo. En el ámbito hospitalario, la causa más común es distinta: una secreción inadecuada de hormona antidiurética, o una insuficiencia renal, cardíaca o hepática que reduce la capacidad de eliminar agua libre aunque la ingesta sea corriente. Fuera del hospital, dos escenarios concentran buena parte de los casos descritos en la bibliografía. El primero es el deportivo: desde que, a partir de los años ochenta, se generalizó entre corredores de fondo la recomendación de beber en abundancia durante la carrera, se han publicado series de hiponatremia asociada al ejercicio en maratonistas que ingirieron agua o bebidas sin electrolitos por encima de lo que sudaban. El segundo es el toxicológico: el consumo de éxtasis (MDMA) combina dos factores, un aumento de la hormona antidiurética y una actividad física intensa en ambientes calurosos que dispara la sed, y ha dado lugar a casos de intoxicación por agua descritos en la literatura médica española desde comienzos de los años 2000. Conviene no confundir la sobrehidratación con la hiponatremia. La hiponatremia es un dato de laboratorio, una cifra baja de sodio en sangre, que puede tener muchas causas distintas: pérdida real de sodio, redistribución interna o, como aquí, exceso de agua. La sobrehidratación es una de esas causas, la que cursa con un volumen corporal de agua aumentado. Tampoco debe confundirse con la deshidratación, su opuesto fisiológico, aunque ambas comparten un rasgo curioso: las dos pueden coexistir con una natremia normal si la pérdida o la ganancia de agua se acompaña de una pérdida o ganancia proporcional de sodio. No existe una cifra única, porque depende de la capacidad renal de cada persona en cada momento. Un riñón sano tolera varios litros diarios sin problema; el mismo volumen puede resultar excesivo en alguien con la función renal o cardíaca comprometida. Sí. Los dos términos designan el mismo estado clínico y se usan de forma indistinta en la bibliografía en español, aunque proceden de raíces distintas (sobre-, del latín, e hiper-, del griego). Porque el cráneo es una caja rígida. Cuando el sodio extracelular baja y el agua entra en las células por ósmosis, casi todos los tejidos del cuerpo pueden hincharse con relativa holgura, ganando algo de volumen sin mayores consecuencias. El cerebro no tiene ese margen: encerrado entre los huesos del cráneo, apenas puede expandirse antes de comprimirse contra la propia estructura ósea que lo protege, lo que explica por qué las manifestaciones neurológicas dominan el cuadro y por qué los casos más graves, como los descritos tras el consumo de éxtasis, casi siempre terminan en edema cerebral antes que en cualquier otro órgano. Sí, si la ganancia de agua se acompaña de una ganancia proporcional de sodio, como sucede en algunos estados de retención hidrosalina. La sobrehidratación no exige, por definición, hiponatremia.Qué es la sobrehidratación
Mecanismo
Causas y contextos
Diferenciación
Preguntas frecuentes
¿Cuánta agua hace falta beber para sobrehidratarse?
¿Es lo mismo que la hiperhidratación?
¿Por qué afecta sobre todo al cerebro?
¿Puede ocurrir con niveles de sodio normales?
Referencias
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Infografías realizadas con https://BioRender.com
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