DICCIONARIO MÉDICO
Síndrome de McLeod
El síndrome de McLeod es un trastorno genético raro, ligado al cromosoma X, causado por mutaciones en el gen XK que alteran el sistema de grupo sanguíneo Kell y, con el tiempo, dañan también el sistema nervioso y el músculo. Debe su nombre, no a quien lo describió, sino al primer paciente en el que se detectó. El síndrome de McLeod pertenece a un grupo reducido de enfermedades conocidas como neuroacantocitosis, en las que coexisten dos hallazgos que en principio pertenecen a especialidades distintas: acantocitos, unos glóbulos rojos con proyecciones espiculadas irregulares en su superficie, y una enfermedad neurológica progresiva del sistema nervioso central. El nombre del síndrome no procede, como en la mayoría de los epónimos médicos, del profesional que lo identificó, sino del propio paciente en el que se descubrió: Hugh McLeod, estudiante de odontología en Harvard y donante de sangre, en cuyas muestras Fred Allen, Sissel Krabbe y Patricia Corcoran, del laboratorio de grupos sanguíneos de Boston, hallaron en 1961 un patrón antigénico del sistema Kell que no encajaba en ninguna categoría conocida hasta entonces. Durante casi dos décadas, ese hallazgo se consideró una simple rareza serológica, relevante solo para la selección de sangre compatible en una eventual transfusión. La conexión con una enfermedad neurológica progresiva no se estableció hasta más tarde, cuando se observó que los varones portadores del llamado fenotipo McLeod, aparentemente sanos en la juventud, desarrollaban con la edad un cuadro de movimientos involuntarios acompañado de la misma alteración de laboratorio. El gen responsable, XK, se localiza en el brazo corto del cromosoma X (Xp21.1) y codifica una proteína de membrana, la proteína XK, cuya función exacta el organismo aún no ha terminado de esclarecer, aunque todo apunta a un papel en el transporte de sustancias a través de la membrana celular. Esta proteína está unida por un puente disulfuro a la glucoproteína Kell, la responsable de la mayoría de los antígenos de ese sistema de grupo sanguíneo. Cuando el gen XK está mutado, la proteína Kell pierde su anclaje normal en la membrana del glóbulo rojo, y su expresión se debilita de forma marcada; el antígeno Kx, que depende directamente de la proteína XK, desaparece por completo. A ese patrón de laboratorio se le llama fenotipo McLeod, y puede detectarse de forma incidental en un análisis rutinario de banco de sangre, antes de que exista ningún signo neurológico. Al tratarse de un gen del cromosoma X, el trastorno se manifiesta de manera prácticamente exclusiva en varones; las mujeres portadoras de una sola copia mutada suelen tener dos poblaciones distintas de glóbulos rojos (unos con expresión normal de Kell y otros debilitada), sin desarrollar, casi nunca, el cuadro neurológico completo. La mayoría de los casos son formas aisladas, en las que la alteración afecta solo al gen XK. Existe además una forma sindrómica, más rara todavía, en la que la deleción genética se extiende al gen contiguo CYBB, responsable de una variante de la enfermedad granulomatosa crónica ligada al cromosoma X. En esa forma combinada, ambos trastornos, el hematológico y el inmunitario, coexisten en el mismo paciente por la simple cercanía física de los dos genes en el cromosoma, no por ningún mecanismo biológico compartido entre ellos. Dentro del grupo de las neuroacantocitosis, el síndrome de McLeod comparte protagonismo con la corea-acantocitosis, causada por mutaciones en un gen completamente distinto, VPS13A, y con un patrón de herencia autosómico recesivo en lugar de ligado al cromosoma X. Ambas entidades pueden parecerse en el examen de un paciente con movimientos involuntarios y acantocitos en sangre; solo el estudio genético, o la determinación del fenotipo Kell en el caso de McLeod, permite distinguirlas con seguridad. Es una de las enfermedades hereditarias mejor documentadas por su rareza extrema: se calcula una prevalencia de un caso por cada diez millones de habitantes, con apenas doscientos cincuenta pacientes descritos en la literatura médica mundial hasta la fecha. Porque la costumbre médica, en este caso, se apartó de la norma habitual. Fred Allen, Sissel Krabbe y Patricia Corcoran fueron quienes describieron el hallazgo en 1961, pero el nombre que quedó fue el del paciente en cuya sangre se detectó, un estudiante de odontología llamado Hugh McLeod. No. Al depender de un gen del cromosoma X, el cuadro neurológico completo aparece casi exclusivamente en varones; las mujeres portadoras rara vez desarrollan síntomas. Se parecen en la superficie, pero no en el origen. Los dos trastornos combinan acantocitos con movimientos involuntarios, aunque cada uno depende de un gen distinto y sigue un patrón de herencia diferente, como se explica en el apartado de diferenciación de esta entrada. Sí, y de hecho suele ocurrir así. El fenotipo McLeod, con su ausencia del antígeno Kx y su debilitamiento del sistema Kell, puede aparecer como hallazgo casual en un análisis de banco de sangre realizado por otro motivo, años antes de que se manifieste cualquier signo neurológico. Fue precisamente ese orden, el de laboratorio primero y neurología después, el que retrasó durante casi veinte años la identificación del síndrome como una entidad neurológica propia.Qué es el síndrome de McLeod
Mecanismo: el gen XK y la proteína que falta
Dos formas de presentación
Diferenciación con la corea-acantocitosis
Epidemiología
Preguntas frecuentes
¿Por qué el síndrome no lleva el nombre de quien lo descubrió?
¿Afecta por igual a hombres y mujeres?
¿Es lo mismo que la corea-acantocitosis?
¿Puede detectarse antes de que aparezcan síntomas neurológicos?
Referencias
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Infografías realizadas con https://BioRender.com
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