DICCIONARIO MÉDICO
Signo de Lhermitte
El signo de Lhermitte es la sensación breve de descarga eléctrica que recorre la columna, y a veces los brazos o las piernas, al flexionar el cuello hacia delante. Se obtiene mediante la maniobra de Lhermitte y señala una alteración de los cordones posteriores de la médula cervical, con la esclerosis múltiple como causa más conocida, aunque no la única. Llamarlo signo es, en rigor, una imprecisión asentada por el uso. Un signo médico es lo que el explorador observa desde fuera; lo que ocurre aquí lo percibe solo quien lo sufre, así que por definición estricta se trata de un síntoma. La costumbre clínica, sin embargo, ha conservado el nombre de signo, y así se emplea en toda la bibliografía. La primera descripción no es de Lhermitte. En 1917, en plena Primera Guerra Mundial, Pierre Marie y Chatelin la recogieron en soldados con heridas craneales, dentro de un trabajo sobre síntomas de probable origen radicular en heridos de guerra. Un año después, en 1918, Babinski y Dubois publicaron una observación parecida que durante un tiempo se citó, por error, como el origen del hallazgo. Quien terminó dando nombre al fenómeno fue Jacques Jean Lhermitte (1877-1959), neurólogo francés formado en el laboratorio de Pierre Marie, uno de los primeros en describirlo. En 1924, junto con Bollak y Nicolas, publicó en la Revue Neurologique el caso detallado de una paciente con esclerosis en placas cuya descarga eléctrica aparecía al flexionar la cabeza. Fue esa descripción, más completa que las anteriores, la que fijó el epónimo. En el lenguaje coloquial se le conoce también como fenómeno de la silla del barbero, por la postura que puede desencadenarlo al cortarse el pelo. Por los cordones posteriores de la médula espinal cervical discurren las fibras que llevan al cerebro la información de la vibración, la posición articular y el tacto fino. Cuando pierden su vaina de mielina, esas fibras se vuelven anormalmente excitables. La flexión del cuello estira unos milímetros la médula cervical, un movimiento que pasa inadvertido sobre fibras sanas, pero que sobre axones desmielinizados dispara una descarga ectópica: un impulso nervioso que nace donde no debería y que el cerebro interpreta como una corriente eléctrica. La flexión activa no es el único desencadenante posible. El explorador puede provocar la misma sensación percutiendo directamente sobre la columna cervical con el cuello ya flexionado, una variante por percusión menos conocida que la clásica. Existe además una forma tardía, descrita tras traumatismos cervicales: aparece semanas o meses después del golpe, en torno a los dos meses y medio según las series publicadas, y suele resolverse por sí sola en el plazo de un año, sin dejar ninguna otra secuela neurológica. Los estudios sobre su frecuencia en la esclerosis múltiple dan cifras muy dispares. Una serie de trescientos pacientes situó la prevalencia en el cuarenta y uno por ciento, con la mitad de los casos apareciendo en los primeros tres años de la enfermedad. Otra serie posterior, de casi setecientos pacientes, la situó en un dieciséis por ciento. Buena parte de esa variabilidad depende de cómo se pregunta y de qué se considera positivo, pero el patrón se repite: cuando el signo está presente, la resonancia cervical suele mostrar la lesión desmielinizante que lo explica. La esclerosis múltiple es la causa más citada, pero no la única. Aparece también en la neuromielitis óptica, aunque con menor frecuencia; en la compresión medular por una malformación de Chiari; en la enfermedad de Behçet; en la osteogénesis imperfecta; y, de forma bien documentada, en pacientes sometidos a quimioterapia con cisplatino, oxaliplatino o algunos taxanos, cuya toxicidad puede afectar también a los cordones posteriores. Conviene no confundirlo con el signo de Uhthoff, otro fenómeno clásico de la esclerosis múltiple que también depende de un desencadenante. La diferencia está en el mecanismo y en el disparador. El de Uhthoff es un empeoramiento transitorio de síntomas ya existentes provocado por el calor, sea del ambiente, del ejercicio o de la fiebre, y se debe a un bloqueo reversible de la conducción nerviosa. El de Lhermitte, en cambio, es una sensación nueva provocada por un gesto mecánico, la flexión del cuello, y nace de una descarga que antes no existía. Calor frente a movimiento, bloqueo frente a descarga: comparten protagonismo en la misma enfermedad, pero por caminos distintos. Estrictamente, un síntoma: solo el paciente lo percibe. La costumbre médica, sin embargo, conservó el nombre de signo, y así ha quedado fijado en la práctica. Depende de la serie consultada. Un estudio de trescientos pacientes lo situó en el cuarenta y uno por ciento; otro, con casi setecientos, en el dieciséis por ciento. Cuando aparece, suele coincidir con una lesión visible en la resonancia de la columna cervical. No. También se ve en la neuromielitis óptica, en la compresión medular por distintas causas, en la enfermedad de Behçet y tras ciertos tratamientos de quimioterapia. Sí. Existe una forma tardía postraumática que surge unos dos meses y medio después de la lesión y suele desaparecer sola en menos de un año.Qué es el signo de Lhermitte
El mecanismo, con algo más de detalle
Frecuencia y causas, más allá de la esclerosis múltiple
Diferenciación con el signo de Uhthoff
Preguntas frecuentes
¿Es en realidad un signo o un síntoma?
¿Con qué frecuencia aparece en personas con esclerosis múltiple?
¿Significa siempre esclerosis múltiple?
¿Puede aparecer semanas después de un golpe en el cuello?
Referencias
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Infografías realizadas con https://BioRender.com
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