DICCIONARIO MÉDICO
Seudodemencia
Seudodemencia es el término con el que la psiquiatría designa un deterioro cognitivo que reproduce el cuadro de una demencia sin que exista, detrás, una enfermedad neurodegenerativa: la causa es psiquiátrica, y en muchos casos, aunque no siempre, revierte al tratar esa causa. El nombre resulta un tanto desafortunado, porque sugiere una falsedad que no está presente: quien lo padece no finge nada, y el deterioro que experimenta es tan real como el de cualquier demencia. La palabra demencia procede del latín dementia, formada sobre el prefijo de- ("privación", "alejamiento") y mens, mentis ("mente"), más el sufijo -ia ("cualidad"): literalmente, la cualidad de estar privado de mente. Ya Cicerón usaba dementia en el sentido de locura, mucho antes de que el término adquiriera su significado médico moderno. A esa raíz se antepone aquí seudo-, del griego ψευδής (pseudḗs, "falso"), cuya historia completa figura en la entrada dedicada a ese prefijo. Lo que define clínicamente a la seudodemencia no es la naturaleza de los síntomas, prácticamente indistinguibles de los de una demencia real (fallos de memoria, lentitud de pensamiento, dificultad para concentrarse), sino su origen. En la demencia, el deterioro obedece a un daño estructural del tejido cerebral. En la seudodemencia, la causa es un trastorno psiquiátrico, casi siempre una depresión, aunque no la única posible. La expresión ya circulaba de forma dispersa en la literatura psiquiátrica antes de 1961, pero fue el psiquiatra Leslie Kiloh quien le dio ese año su sentido clínico actual, en un artículo publicado en Acta Psychiatrica Scandinavica. Kiloh describió diez pacientes cuyo deterioro cognitivo, aparentemente demencial, se debía en realidad a un trastorno psiquiátrico de base y remitía, al menos parcialmente, al tratarlo. El artículo tuvo el impacto que tuvo por el momento en que se publicó: a comienzos de los años sesenta, la demencia se consideraba por definición una condición irreversible, así que la sola posibilidad de un deterioro cognitivo que pudiera mejorar resultaba clínicamente relevante. Kiloh nunca pretendió que el término sustituyera al diagnóstico psiquiátrico de fondo, solo que alertara sobre esa posibilidad antes de asumir lo peor. De los diez casos originales de Kiloh, la mayoría presentaba síntomas depresivos, y la depresión sigue siendo hoy la causa más frecuente de seudodemencia, hasta el punto de que existe una entrada propia para esa variante. Pero Kiloh describió también deterioro cognitivo reversible asociado a manía, a cuadros psicóticos y a trastorno de conversión, y la literatura posterior añadió la catatonia y, en el extremo opuesto de la involuntariedad, la simulación consciente. Esta última posibilidad merece una precisión: simular síntomas cognitivos para obtener un beneficio (evitar una responsabilidad legal, por ejemplo) no es, en sentido estricto, lo mismo que las demás causas de seudodemencia, porque ahí sí hay una intención deliberada. Kiloh la incluyó de todos modos en su serie original, como parte del mismo espectro de deterioro cognitivo no neurodegenerativo. Medio siglo de seguimiento a estos pacientes ha matizado el optimismo inicial de Kiloh. Los estudios de curso clínico muestran que el deterioro cognitivo asociado a un trastorno depresivo no siempre revierte por completo una vez tratada la depresión, y que en un número relevante de casos termina anunciando la aparición de una demencia progresiva que, en el momento del primer diagnóstico, todavía no era detectable. Esa relectura no ha vaciado de sentido el término. Sigue siendo útil, precisamente, para obligar a considerar una causa psiquiátrica tratable antes de dar por cerrado un diagnóstico de demencia, aunque la reversibilidad ya no se dé por garantizada solo por usar la palabra. Frente al deterioro mental de origen neurodegenerativo, que es como se define en sentido estricto la demencia, la distinción de fondo es causal: daño estructural del tejido cerebral en un caso, trastorno psiquiátrico en el otro, con la reversibilidad como consecuencia y no como criterio de partida. Frente al delirium, el otro gran diagnóstico diferencial, la clave está en el curso: el delirium se instaura de forma brusca, cursa con alteración fluctuante del nivel de conciencia y suele tener una causa orgánica identificable, mientras que la seudodemencia se instaura de forma más gradual y sin esa fluctuación característica. No, salvo en el caso concreto de la simulación consciente, que es solo una de las causas descritas y no la más frecuente. En la inmensa mayoría de los casos, el deterioro cognitivo es involuntario y genuino. El psiquiatra Leslie Kiloh, en un artículo de 1961 basado en diez pacientes con deterioro cognitivo reversible de causa psiquiátrica. Porque el prefijo seudo- sugiere que el deterioro no es real, cuando en realidad los pacientes experimentan dificultades cognitivas genuinas y a menudo angustiantes. Kiloh mismo era consciente de esa ambigüedad del término que estaba proponiendo. Sí. El seguimiento a largo plazo de estos pacientes muestra que, en una proporción relevante de los casos, el deterioro cognitivo que en un primer momento parecía reversible anuncia una demencia progresiva todavía no detectable en el momento del diagnóstico inicial.Qué es seudodemencia
El artículo de Kiloh y el uso clínico moderno del término
Las causas que puede encubrir
Una reversibilidad que no siempre se cumple
Diferenciación con la demencia y con el delirium
Preguntas frecuentes
¿Es lo mismo que fingir tener demencia?
¿Quién acuñó el uso clínico moderno del término?
¿Por qué se dice que el nombre es desafortunado?
¿Puede una seudodemencia terminar siendo una demencia de verdad?
Referencias
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Infografías realizadas con https://BioRender.com
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