DICCIONARIO MÉDICO
Secreción hormonal
La secreción hormonal es el conjunto de mecanismos que determinan cuándo una célula endocrina libera su hormona, hasta dónde llega esa señal y con qué ritmo se repite. El término no designa una sustancia, sino un comportamiento: el conjunto de reglas que gobiernan la salida de una hormona desde la célula que la fabrica. El adjetivo desciende de hormona, palabra que el fisiólogo británico Ernest Starling propuso en 1905 a partir del verbo griego ὁρμάω (hormao), «poner en movimiento»; esa historia, con el papel que tuvo el descubrimiento de la secretina, se desarrolla con más detalle en esa misma entrada. Lo que interesa en esta página es otra cosa: qué dispara la salida de la hormona, hasta qué distancia actúa y con qué cadencia se repite la señal. Ninguna de esas tres preguntas tiene una única respuesta válida para todas las hormonas. Cada eje endocrino ha resuelto el problema a su manera, y de ahí la variedad de patrones que se describen a continuación. No todas las células endocrinas obedecen al mismo tipo de orden. Cuando el estímulo es humoral, la propia concentración de una sustancia en la sangre dicta la respuesta: la célula beta del páncreas mide la glucosa circulante y ajusta la insulina que libera sin que intervenga ningún nervio ni ninguna otra glándula. El estímulo neural llega, por el contrario, a través de una vía nerviosa directa y sin intermediarios químicos previos, como sucede en la médula suprarrenal, donde las fibras simpáticas provocan la salida de adrenalina en cuestión de segundos. Queda un tercer tipo, el hormonal: una hormona de una glándula ordena a otra que secrete la suya, el patrón que sostiene a los ejes hipotálamo-hipofisarios. Una misma hormona puede depender de más de un tipo de estímulo a la vez. La vasopresina, por ejemplo, responde tanto a la osmolaridad de la sangre como a la presión arterial detectada por barorreceptores, dos vías de naturaleza distinta que convergen sobre la misma neurona secretora. La distancia que recorre la hormona hasta su diana es otro eje de clasificación, independiente del anterior. En la secreción autocrina la célula responde a su propio producto: actúa a la vez como emisora y como receptora. La paracrina alcanza a células vecinas sin necesidad de entrar en la circulación general. Solo la modalidad endocrina propiamente dicha vierte la hormona a la sangre para alcanzar tejidos distantes, en ocasiones a varios órganos de distancia del punto de origen. Las tres pueden convivir en una misma glándula, e incluso en una misma hormona, según el receptor que encuentre a su paso. La cantidad de hormona en circulación rara vez es constante. Muchas glándulas la liberan a pulsos, cuya frecuencia y amplitud varían según el momento del ciclo o del día; ese fenómeno se desarrolla en la entrada dedicada a la pulsatilidad de la secreción hormonal. Otras siguen además un patrón ligado a las veinticuatro horas, como describe la entrada sobre el ritmo circadiano. Y casi todas, tarde o temprano, quedan sujetas a un circuito de retroalimentación negativa que frena la producción en cuanto se alcanza el nivel deseado. Conviene no confundir ambos términos. La secreción interna nombra el destino de la sustancia: el vertido directo a la sangre, sin conducto de salida, tal y como la definió Claude Bernard en el siglo XIX. La secreción hormonal se ocupa de otra cosa: el mecanismo que regula esa liberación, qué la dispara, hasta dónde llega y con qué ritmo se repite. Una neurona que vierte oxitocina desde la neurohipófisis protagoniza una secreción interna sin ser, en sentido estricto, una glándula; su proceso de liberación, sujeto a estímulo y a retroalimentación, es secreción hormonal en toda regla. No. Las hormonas peptídicas se almacenan en gránulos y salen por exocitosis regulada cuando llega la señal adecuada. Las esteroideas no se almacenan: se sintetizan bajo demanda y atraviesan la membrana celular por simple difusión, sin necesidad de fusión vesicular. Cada modalidad se desarrolla con más detalle en las entradas dedicadas a la hormona peptídica y a la hormona esteroide. Cualquier sustancia capaz de desencadenar la secreción de una hormona recibe ese nombre. La glucosa es el secretagogo natural de la insulina; el calcio lo es de la hormona paratiroidea. El propio hipotálamo fabrica secretagogos específicos para casi todas las hormonas de la hipófisis. Sí, y la vasopresina lo ilustra bien. Un aumento de apenas el uno por ciento en la osmolaridad plasmática, normalmente entre 280 y 295 mOsm/kg, ya activa a los osmorreceptores hipotalámicos. Pero si el volumen de sangre circulante cae entre un quince y un veinte por ciento, los barorreceptores del seno carotídeo y del cayado aórtico toman el relevo y disparan la secreción por una vía completamente distinta, aunque el destino final sea la misma neurona secretora. En cierto sentido, sí. A la actividad mínima y constante que mantiene una glándula incluso en ausencia de una señal identificable se la llama secreción basal o tónica. Se distingue de la secreción estimulada, que es la que se dispara por encima de ese nivel de fondo cuando aparece el estímulo correspondiente.Qué es la secreción hormonal
Qué activa la secreción: estímulos humorales, neurales y hormonales
El alcance de la señal: secreción autocrina, paracrina y endocrina
El ritmo de la respuesta
Secreción hormonal y secreción interna, dos conceptos que no coinciden
Preguntas frecuentes
¿Toda hormona sale de la célula por el mismo mecanismo?
¿Qué es un secretagogo?
¿Puede el mismo estímulo activar a la vez una vía nerviosa y una humoral?
¿Existe secreción hormonal sin ningún estímulo aparente?
Referencias
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Infografías realizadas con https://BioRender.com
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