DICCIONARIO MÉDICO
Sanguijuela
La sanguijuela es un anélido acuático de la subclase Hirudínea que se fija a la piel con dos ventosas y, en las especies hematófagas, se alimenta de sangre. De las cerca de setecientas especies descritas, solo un puñado se ha empleado con fines médicos. Una en concreto, Hirudo medicinalis, protagoniza buena parte de esa historia. La palabra desciende del latín sanguisuga, literalmente "la que chupa sangre" (de sanguis, sangre, y sugere, chupar). El nombre científico tomó otro camino. Autores clásicos como Plauto, Cicerón, Horacio y Plinio el Viejo usaban también hirudo, -inis para el mismo animal, y fue esa forma la que Linneo recuperó en 1758 al bautizar Hirudo medicinalis. De ahí que convivan en español dos familias de palabras para una misma criatura: la coloquial, sanguijuela, y la técnica, hirudíneo o hirudoterapia. Zoológicamente pertenece al filo de los anélidos, junto a las lombrices de tierra, dentro de la clase Clitellata y la subclase Hirudínea. Carece de quetas y de los apéndices laterales que sí tienen otros anélidos, lo que la distingue a simple vista de una lombriz de tierra. Es hermafrodita y lleva una ventosa en cada extremo del cuerpo, con la boca situada en el centro de la anterior. En la subclase Hirudínea se agrupan alrededor de setecientas especies: cerca de cien viven en el mar, otro centenar en tierra húmeda y el resto en agua dulce. La mayoría no toca la sangre. Son depredadoras de pequeños invertebrados, y solo una parte del grupo practica el hematofagismo que ha dado fama al conjunto. Entre las hematófagas, la especie con más peso histórico es Hirudo medicinalis, que puede alcanzar los treinta centímetros y organiza su cuerpo en treinta y cuatro segmentos. Se alimenta gracias a tres mandíbulas dispuestas en forma de estrella, cada una armada con centenares de dientecillos microscópicos, con las que practica una incisión que deja una marca característica: una Y invertida dentro de un círculo, parecida al logotipo de Mercedes-Benz. Su saliva contiene un anestésico local, de modo que la mordedura apenas se nota, además de sustancias vasodilatadoras y anticoagulantes que mantienen la sangre fluida mientras se alimenta. Entre ellas figura la hirudina, cuya acción se describe con detalle en la entrada dedicada a esa molécula. El uso terapéutico se remonta a la Antigüedad: hay pinturas de tumbas egipcias de alrededor del año 1500 a. C. que ya lo muestran. Pero la época dorada llegó en el siglo XIX, de la mano de la teoría humoral y de un médico concreto, François-Joseph-Victor Broussais, que atribuía casi cualquier enfermedad a una inflamación interna y la trataba aplicando decenas de sanguijuelas a la vez sobre el abdomen. La demanda disparó el comercio. Solo Francia importó más de ochenta millones de ejemplares en 1824. Pierre Louis, con su método numérico, marcó el principio del declive: introdujo la estadística en la clínica y demostró que sangrar no mejoraba la evolución de la neumonía. Después, la microbiología desplazó el foco de los humores a los microbios, y el mercado se desplomó casi tan rápido como había crecido. La sanguijuela no desapareció del todo. En 1960 los cirujanos eslovenos Derganc y Zdravic publicaron el primer caso moderno de su uso para salvar un colgajo de piel con congestión venosa, y desde entonces la microcirugía reconstructiva la ha recuperado como recurso puntual. Cuando un dedo reimplantado o un injerto no consigue drenar bien la sangre, la sanguijuela hace ese trabajo mientras el tejido reconstruye sus propias venas. En 2004 la FDA estadounidense autorizó su empleo como producto sanitario para esa indicación concreta. No. Es la creencia más extendida sobre el grupo y la menos exacta: la mayoría de las setecientas especies conocidas son depredadoras de pequeños invertebrados, no parásitas de sangre. Ambas son anélidos, pero la lombriz tiene quetas, esas cerdas diminutas que le sirven para desplazarse, y carece de ventosas. La sanguijuela va justo al revés: sin quetas, con una ventosa en cada extremo. Porque el latín tenía dos palabras para el mismo animal. La coloquial, sanguisuga, dio sanguijuela. La culta, hirudo, ya aparecía en Plauto y en Plinio el Viejo, y fue la que Linneo eligió en 1758 para el género Hirudo. Sí, y la cifra corresponde a 1824. El responsable, según la crónica de la época, fue el médico François-Joseph-Victor Broussais, que popularizó las sangrías masivas con sanguijuelas como tratamiento casi universal. Se llegó a decir de él que había costado más sangre francesa que las campañas napoleónicas. El negocio generó, de paso, el oficio de recolector de sanguijuelas, ejercido sobre todo por mujeres que se metían en pantanos con las piernas desnudas para atraerlas. Sí, aunque de forma puntual y en un contexto muy distinto al del siglo XIX: cirugía reconstructiva y microcirugía, no sangrías generales.Qué es la sanguijuela
Clasificación y hábitos alimenticios
Uso histórico y médico actual
Preguntas frecuentes
¿Toda sanguijuela chupa sangre?
¿En qué se diferencia de una lombriz de tierra?
¿De dónde viene el nombre científico si en español se dice sanguijuela?
¿Es verdad que Francia llegó a importar ochenta millones de sanguijuelas en un año?
¿Se siguen usando hoy en los hospitales?
Referencias
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