DICCIONARIO MÉDICO
Reovirus
El reovirus es un virus de ARN de doble cadena que infecta a la práctica totalidad de los seres humanos a lo largo de la vida sin que, en la inmensa mayoría de los casos, llegue a notarse. Se aísla con la misma facilidad de las vías respiratorias que del tubo digestivo, convive con nosotros desde la infancia y apenas deja huella clínica. Ese carácter discreto, casi anónimo, está grabado en su propio nombre. Mammalian orthoreovirus Reovirus Tipo: virus Estructura: ARN de doble cadena en diez segmentos, sin envoltura, familia Spinareoviridae Transmisión: fecal-oral y respiratoria, por gotas Reservorio: humano y otros mamíferos Patogenicidad: baja, la mayoría de las infecciones son subclínicas Enfermedades: resfriado común, gastroenteritis vírica El nombre es un acrónimo. Lo propuso en 1959 el virólogo Albert B. Sabin, célebre sobre todo por la vacuna oral de la polio, para agrupar bajo una sola etiqueta una serie de virus que llevaban años aislándose de las vías respiratorias y del intestino de niños sanos sin que nadie lograra relacionarlos con ninguna enfermedad. De ahí las siglas: Respiratory Enteric Orphan, respiratorio, entérico y huérfano. Huérfano porque, a diferencia de casi cualquier otro virus con nombre propio, este no tenía un cuadro clínico que lo reclamara como suyo. Antes de recibir ese nombre, el virus llevaba casi una década clasificado por error como un tipo más de virus ECHO, la familia de virus intestinales que se estudiaba en pleno esfuerzo internacional por desarrollar la vacuna de la poliomielitis. Fue precisamente en ese contexto, analizando muestras de heces de niños sanos de Cincinnati, donde Sabin y su colega Macario Ramos-Álvarez repararon en que aquellas partículas eran demasiado grandes y demasiado distintas para seguir en el cajón de los ECHO. Science publicó el artículo que las separó como grupo propio en 1959. Es un virus pequeño, de entre 60 y 80 nanómetros, sin envoltura lipídica y con una doble cápside de simetría icosaédrica. Dentro guarda su genoma repartido en diez segmentos de ARN bicatenario, una rareza que en los años sesenta convirtió al reovirus en material de estudio obligado para quien quisiera entender cómo se replica un ácido nucleico de doble cadena. Se reconocen tres serotipos clásicos, designados por sus cepas de referencia Lang, Jones y Dearing, distinguibles entre sí por pruebas de neutralización y de inhibición de la hemaglutinación. Taxonómicamente pertenece al género Orthoreovirus, dentro de la familia Spinareoviridae, encuadrada a su vez en el orden Reovirales. Esa familia comparte orden con la Sedoreoviridae, donde se sitúa el rotavirus. El parentesco es real, pero engañoso: ambos géneros comparten genoma segmentado de ARN bicatenario y cápside sin envoltura, pero se distinguen al microscopio electrónico por unas espículas o torretas que el reovirus exhibe en los doce vértices de su cápside y que el rotavirus no tiene, motivo por el cual se separaron en familias distintas en la reclasificación de 2018. Es un virus ubicuo. Se ha aislado en aguas residuales sin tratar, en ríos y en agua estancada, además de en el propio ser humano y en una lista larga de mamíferos, lo que sugiere una circulación cruzada entre especies desde hace mucho tiempo. Se transmite por vía fecal-oral y por gotas respiratorias, y resiste bien el calor moderado, los disolventes y buena parte de los desinfectantes habituales, una robustez que explica su presencia constante en el ambiente. La exposición es prácticamente universal. Estudios serológicos han encontrado anticuerpos frente al reovirus tipo 3 en cifras cercanas al cien por cien de los adultos sanos, casi siempre adquiridos en la infancia y sin que la persona recuerde haber pasado nada parecido a una enfermedad reconocible. La norma es la ausencia de síntomas. Cuando el reovirus sí da la cara, lo hace casi siempre en la infancia y con un cuadro leve, indistinguible de un resfriado o de una gastroenteritis vírica banal. Hay dos líneas de investigación que han sacado al reovirus de ese perfil discreto. La primera lleva décadas abierta y sigue sin cerrarse: desde los años ochenta, distintos estudios serológicos e inmunohistoquímicos han detectado el virus tipo 3 en tejido hepático de lactantes con atresia biliar, aunque las guías clínicas más recientes son claras al respecto: la asociación se sigue considerando posible, no una causa demostrada. La segunda es más reciente y de otro calibre. En 2017, un equipo de las universidades de Chicago y Pittsburgh publicó en Science que la infección por una cepa concreta de reovirus, en ratones expuestos al mismo tiempo a una proteína de la dieta como el gluten, era capaz de romper la tolerancia oral a ese alimento y desencadenar una respuesta inmunitaria propia de la enfermedad celíaca; los pacientes celíacos del estudio, además, presentaban más anticuerpos frente al reovirus que la población general. Existe una tercera vía de interés, esta ajena a la enfermedad espontánea: algunas cepas de reovirus, sobre todo la Dearing, replican de forma selectiva en células con determinadas vías de señalización alteradas, un rasgo que las convierte en objeto de estudio como agentes oncolíticos en la investigación oncológica. De las siglas inglesas Respiratory Enteric Orphan, virus respiratorio, entérico y huérfano. Lo acuñó Albert Sabin en 1959 para separar estos virus del grupo ECHO, donde llevaban clasificados por error casi diez años. Casi nunca. La inmensa mayoría de las personas lo ha pasado sin darse cuenta, y cuando produce algún síntoma suele limitarse a un cuadro leve de vías respiratorias o digestivo. No, aunque comparten orden taxonómico y una estructura de partida parecida. El rotavirus pertenece a otra familia, causa una diarrea infantil mucho más relevante desde el punto de vista clínico y cuenta con vacuna específica, algo que el reovirus nunca ha necesitado. Un estudio de 2017 publicado en Science mostró que, en ratones, una cepa de reovirus podía romper la tolerancia al gluten y desencadenar una respuesta inmunitaria similar a la de la enfermedad celíaca. El hallazgo se apoyó además en un dato humano: los pacientes celíacos del estudio tenían más anticuerpos contra el reovirus que la población general. Es una línea de investigación activa, no una causa establecida de la enfermedad.Qué es el reovirus
Estructura y clasificación
Dónde vive y cómo se transmite
Qué relación tiene con la enfermedad
Preguntas frecuentes
¿De dónde viene el nombre reovirus?
¿Es peligroso el reovirus?
¿Es lo mismo que el rotavirus?
¿Qué tiene que ver el reovirus con la enfermedad celíaca?
Referencias
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Infografías realizadas con https://BioRender.com
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