DICCIONARIO MÉDICO
Rejilla antidifusora
La rejilla antidifusora es un dispositivo formado por finas láminas de plomo, alternadas con un material radiotransparente, que se coloca entre el paciente y el receptor de imagen para absorber la radiación dispersa antes de que llegue al detector. Su función es puramente óptica: no diagnostica ni trata nada, solo limpia la señal que después interpreta el radiólogo. El nombre describe el objeto con bastante literalidad. «Rejilla» es diminutivo de «reja», un entramado de barras o láminas que deja pasar algo de forma selectiva. «Antidifusora» añade el prefijo «anti-» al adjetivo derivado de «difundir» (del latín diffundere, «esparcir en distintas direcciones»): lo que se opone a la difusión, en este caso de los rayos X que se han desviado de su trayectoria original. La pieza en sí consiste en tiras de plomo de un grosor de fracciones de milímetro, separadas por espacios de aluminio o fibra que dejan pasar la radiación con facilidad. Ese contraste de densidades es lo que hace el trabajo: el plomo detiene casi cualquier fotón que llegue en ángulo, y el material intermedio apenas lo frena. Cuando el haz de rayos X atraviesa un cuerpo, una parte de los fotones se desvía por dispersión Compton al chocar con los electrones de los tejidos (efecto Compton). En un paciente de grosor medio, la mayoría de la radiación que sale por el otro lado ya no viaja en línea recta desde el foco de rayos X. Si esos fotones desviados llegan al detector junto con los que sí forman la imagen, el resultado es una radiografía velada, con menos contraste y peor definición de los bordes. La rejilla resuelve el problema por geometría pura: solo deja pasar los fotones que entran casi paralelos a sus láminas, que son justamente los que proceden en línea recta del foco. Existen rejillas paralelas, con las láminas dispuestas en líneas rectas, y rejillas focalizadas, en las que la inclinación de cada lámina converge hacia un punto imaginario situado a una distancia focal concreta. Trabajar fuera de esa distancia produce pérdida de radiación primaria en los bordes de la imagen. Según su montaje, pueden ser fijas o móviles: las móviles se desplazan durante el disparo para que las sombras de las láminas no se marquen en la placa, un sistema conocido como Potter-Bucky. Dos cifras describen el rendimiento de una rejilla. La relación de rejilla es el cociente entre la altura de las láminas de plomo y la anchura del espacio entre ellas, y suele moverse entre 4:1 y 16:1: cuanto más alta, mayor limpieza de la imagen, pero también mayor dosis necesaria para compensar la radiación primaria que la propia rejilla bloquea. Ese sobrecoste de dosis tiene nombre propio, el factor Bucky. La segunda cifra es la frecuencia de la rejilla, el número de láminas por centímetro. Gustav Bucky, radiólogo alemán, patentó en 1913 una rejilla estacionaria para reducir la radiación dispersa. El diseño mejoraba mucho el contraste, pero dejaba en la placa unas líneas finas correspondientes a las propias tiras de plomo. Poco después, el estadounidense Hollis Potter añadió un mecanismo que desplazaba la rejilla durante la exposición, de modo que esas líneas quedaran difuminadas por el movimiento. De ahí que el dispositivo lleve, casi un siglo después, el nombre de los dos. No. El colimador actúa antes de que el haz llegue al paciente y limita su tamaño y forma para reducir la zona irradiada. La rejilla actúa después, cuando el haz ya ha atravesado al paciente, y su trabajo consiste en filtrar la radiación que ese mismo paciente ha dispersado. Son técnicas complementarias, no alternativas. Depende de la relación de rejilla. Una de 5:1 detiene alrededor del 85% de los fotones dispersos; las de relación más alta, entre el 90% y el 95%. Ninguna rejilla es perfecta: siempre se pierde algo de radiación primaria útil junto con la dispersa que se bloquea. Sí. Al retener parte del haz primario además del disperso, hay que aumentar la técnica de exposición para que el detector reciba suficiente señal, y ese aumento recae sobre el paciente. Es el precio que se paga por una imagen más nítida. En absoluto. Para espesores corporales pequeños, como una mano o un pie, la cantidad de radiación dispersa generada es baja y la rejilla no aporta ventaja suficiente para justificar la dosis extra que exige; en esos casos se trabaja «sin bucky». También se prescinde de ella con equipos portátiles, donde el peso y el tamaño del dispositivo resultan poco prácticos. En gran medida sí, aunque algunos fabricantes ofrecen ya software de «rejilla virtual», que reconstruye por algoritmo el efecto de filtrado sin necesidad de una rejilla física. La técnica es reciente y todavía convive con la rejilla convencional en la mayoría de los equipos.Qué es la rejilla antidifusora
Por qué hace falta
Tipos y parámetros
Origen histórico
Preguntas frecuentes
¿Es lo mismo que un colimador?
¿Cuánta radiación dispersa elimina?
¿Aumenta la dosis al paciente?
¿Se usa en todas las radiografías?
¿Sigue siendo necesaria con los detectores digitales?
Referencias
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Infografías realizadas con https://BioRender.com
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