DICCIONARIO MÉDICO
Reflejos osteotendinosos
Los reflejos osteotendinosos son las respuestas motoras breves e involuntarias que se obtienen al percutir un tendón, en el punto donde se inserta sobre el hueso, con un martillo de reflejos. Constituyen, junto con la exploración de la sensibilidad y de la fuerza, uno de los pilares del examen neurológico clásico. El nombre describe la maniobra, no el mecanismo. Percutir el tendón rotuliano, por ejemplo, estira bruscamente el músculo cuádriceps; ese estiramiento activa los husos musculares y desencadena la contracción refleja que hace saltar la pierna. Ese circuito elemental, el que responde a cualquier estiramiento súbito de un músculo, se desarrolla en el diccionario bajo el término reflejo miotático. "Osteotendinoso" designa, en cambio, la forma concreta de provocarlo en la consulta: mediante el golpe sobre el tendón, cerca de su anclaje óseo, y no mediante cualquier otro tipo de estiramiento muscular. La semiología neurológica agrupa los reflejos en dos grandes familias. Los osteotendinosos, también llamados profundos o, con menos frecuencia, osteomusculares, responden a la percusión de un tendón. Los superficiales o cutaneomucosos, como el reflejo cutaneoabdominal, se obtienen al rozar la piel o una mucosa y dependen de un arco polisináptico distinto. Un tercer grupo, el de los reflejos patológicos como el signo de Babinski, no está presente en el sistema nervioso sano: su aparición es en sí misma un dato anómalo, al contrario que la ausencia o la exaltación de un osteotendinoso, que se interpretan siempre por comparación con lo esperable en cada persona. Antes de que existiera un instrumento pensado para esta tarea, los médicos usaban los mismos martillos de percusión torácica derivados de la tradición de Auenbrugger, poco adecuados para golpear un tendón con precisión. La solución llegó en 1888, cuando John Madison Taylor, que trabajaba en el Hospital Ortopédico de Filadelfia, diseñó el martillo de cabeza triangular de goma que todavía lleva su nombre. William Christopher Krauss presentó pocos años después, en 1894, ante la Sociedad Americana de Neurología, un modelo de doble cabeza. Ernst Trömner redujo más tarde el mango metálico para adaptarlo también a la exploración cutánea, y a esos diseños siguieron el martillo de Joseph Babinski, en 1912, y el conocido como Queen Square, de 1925. El instrumento cambió; el principio, no. La intensidad de un reflejo osteotendinoso se puntúa en una escala clínica, cuyos criterios detallados recoge la entrada dedicada al reflejo aquíleo. Lo que interesa aquí es el uso diagnóstico del conjunto: la exaltación de estos reflejos, la hiperreflexia, orienta hacia una lesión de la vía piramidal por encima del nivel explorado, mientras que su disminución o abolición, la hiporreflexia o la arreflexia, señala más bien hacia el propio arco reflejo, sus nervios periféricos o el músculo. Comparar varios reflejos entre sí, y no solo valorar cada uno de forma aislada, es lo que permite acotar la altura de una lesión medular con una precisión notable para una prueba tan sencilla. La exploración habitual recorre varios territorios del cuerpo, cada uno con su propia entrada en este diccionario: el bicipital y el tricipital en el brazo, el estilorradial y el cúbito-pronador en el antebrazo, el rotuliano y el aquíleo en la pierna. Fuera de las extremidades, el maseterino explora el territorio del nervio trigémino, un caso poco común entre los osteotendinosos por depender de un par craneal y no de un nervio periférico del brazo o de la pierna. Comparten mecanismo, pero no significan exactamente lo mismo. Miotático describe el estiramiento muscular como principio fisiológico general; osteotendinoso designa, en concreto, la forma de provocarlo con el martillo sobre un tendón. Para reforzar un reflejo débil mediante una maniobra de distracción, similar en su lógica a la que popularizó el neurólogo húngaro Ernő Jendrassik en el siglo XIX. La contracción voluntaria de un grupo muscular alejado facilita, por vías todavía no resueltas del todo, la respuesta del reflejo que se está explorando. No necesariamente. Existe variabilidad individual, y algunos reflejos, como el aquíleo, pueden resultar difíciles de obtener en personas mayores sin que ello traduzca ninguna lesión. La práctica clínica se centra en un número reducido, entre seis y ocho, aunque existen variantes menos frecuentes que solo se buscan ante una sospecha diagnóstica concreta.Qué son y de dónde toman el nombre
Profundos frente a superficiales
Un instrumento que tardó en llegar
Qué revela la respuesta
Un repertorio con nombre propio
Preguntas frecuentes
¿Es lo mismo un reflejo osteotendinoso que un reflejo miotático?
¿Por qué se pide al paciente que apriete los dientes o entrelace las manos durante la exploración?
¿Un reflejo osteotendinoso ausente siempre indica enfermedad?
¿Cuántos reflejos osteotendinosos se exploran de forma habitual?
Referencias
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Infografías realizadas con https://BioRender.com
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