DICCIONARIO MÉDICO
Reflejo vestibuloocular
El reflejo vestibuloocular es el mecanismo que mantiene la imagen fija en la retina durante los movimientos de la cabeza, generando un desplazamiento ocular compensatorio de igual magnitud y sentido contrario al giro cefálico. Se apoya en uno de los arcos reflejos más cortos y mejor descritos del sistema nervioso central, con apenas tres relevos entre el oído interno y los músculos del ojo. El término combina "vestíbulo", del latín vestibulum ("entrada", "atrio", en referencia a la cavidad del oído interno donde se alojan los órganos del equilibrio), y "ocular", de oculus, "ojo". Sin este reflejo, cualquier giro de la cabeza, por pequeño que sea, emborronaría la escena visual: basta con intentar leer un texto mientras se niega repetidamente con la cabeza para notar el esfuerzo añadido que exige prescindir de él. El giro de la cabeza desplaza la endolinfa de los conductos semicirculares, lo que deflecta las células ciliadas y genera un impulso que viaja por la rama vestibular del nervio vestibulococlear hasta el ganglio de Scarpa. Desde ahí, una segunda neurona alcanza los núcleos vestibulares del tronco encefálico, y una tercera proyecta, a través del fascículo longitudinal medial, hacia los núcleos oculomotor y abducens, que ordenan la contracción de los músculos extraoculares correspondientes. Tres neuronas, dos sinapsis, una respuesta que se completa en pocos milisegundos. Existen en realidad dos variantes del reflejo, según el tipo de movimiento que detectan. El componente angular, descrito arriba, responde a los giros de la cabeza y depende de los conductos semicirculares. El componente lineal, mucho menos conocido fuera del ámbito especializado, responde a los desplazamientos de traslación (subir en un ascensor, frenar en un coche) y depende de los órganos otolíticos del utrículo y el sáculo, que informan sobre la aceleración lineal en lugar de la angular. La eficacia del reflejo se mide con un parámetro llamado ganancia: el cociente entre el movimiento ocular generado y el movimiento cefálico que lo provocó. En condiciones normales, esa ganancia se acerca a 1 y se recalibra de forma continua, un ajuste fino en el que participa el flóculo del cerebelo. El reflejo también puede anularse de forma voluntaria: al seguir con la mirada un objeto que se mueve solidario con la cabeza, como el propio dedo índice extendido mientras esta gira, el sistema de seguimiento visual suprime la respuesta vestibular para evitar el conflicto entre ambas órdenes. El estudio riguroso del reflejo vestibuloocular tiene una firma española poco conocida. Rafael Lorente de Nó, último discípulo directo de Santiago Ramón y Cajal, fue invitado en 1924 por Robert Bárány a la Universidad de Uppsala, en Suecia, donde pasó cuatro años dedicado por completo al sistema vestibular. De ese periodo nació su obra de referencia, "Vestibulo-ocular reflex arc", publicada en 1933. Paradójicamente, el propio Lorente de Nó terminó matizando la sencillez del modelo que ayudó a popularizar: sostuvo que el reflejo no podía reducirse a un arco lineal de tres neuronas, sino que dependía de una integración más amplia entre los distintos núcleos vestibulares, con participación de la sustancia reticular en la generación de la fase rápida del nistagmo. En el mismo trabajo describió, por primera vez, cadenas de neuronas con axones recurrentes que se realimentaban entre sí, la primera evidencia biológica de lo que hoy se conoce como un circuito de retroalimentación. El reflejo vestibuloocular no debe confundirse con su aplicación clínica más conocida, recogida en el diccionario bajo el nombre de reflejo oculovestibular: mientras el primero describe el mecanismo fisiológico que opera de forma continua en cualquier persona sana, el segundo se refiere a la maniobra exploratoria (la prueba calórica) empleada para valorar el tronco encefálico en pacientes con alteración del nivel de consciencia. Tampoco debe confundirse con el reflejo optocinético, que estabiliza la imagen ante el movimiento del entorno visual en lugar de ante el movimiento de la cabeza, ni con el reflejo cervicoocular, un mecanismo propioceptivo del cuello que solo cobra protagonismo cuando el sistema vestibular falla. Porque su arco solo tiene tres neuronas y dos sinapsis entre el oído interno y el músculo ocular, sin ningún relevo cortical intermedio. Esa brevedad es la que permite compensar giros de cabeza muy veloces sin que la imagen llegue a desenfocarse. No exactamente. Comparten destino, los núcleos oculomotores, pero el angular parte de los conductos semicirculares y el lineal, de los órganos otolíticos. Ambos se estudian bajo el mismo nombre porque persiguen el mismo objetivo: una imagen retiniana estable. Rafael Lorente de Nó, en 1933, durante una estancia de cuatro años en Uppsala a la que le invitó el propio Robert Bárány. Sí, mientras se sigue con la mirada un objeto que gira solidario con la cabeza. Fuera de esa circunstancia concreta, el reflejo actúa de forma continua e involuntaria.Qué es el reflejo vestibuloocular
Un arco de tres neuronas
Ganancia, ajuste y anulación voluntaria
Historia: el arco que resultó menos simple de lo previsto
Diferenciación con otros reflejos oculares
Preguntas frecuentes
¿Por qué el reflejo vestibuloocular se considera tan rápido?
¿El reflejo lineal y el angular son el mismo mecanismo?
¿Quién descubrió el arco de tres neuronas del reflejo vestibuloocular?
¿Puede suprimirse voluntariamente este reflejo?
Referencias
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Infografías realizadas con https://BioRender.com
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