DICCIONARIO MÉDICO
Quiste dermoide
El quiste dermoide es un tumor benigno de origen embrionario, revestido de un epitelio semejante al de la piel y acompañado de estructuras cutáneas como pelo o glándulas sebáceas. Constituye una variedad concreta de teratoma, con dos formas de presentación bien distintas según su origen: la gonadal, casi siempre ovárica, y la craneofacial, congénita y propia de la infancia. En ambos casos se trata de una lesión de crecimiento lento y comportamiento benigno. El adjetivo «dermoide» procede del griego dérma (piel) y el sufijo -eidos (forma, aspecto), y significa «con aspecto de piel»; puede ampliar esta raíz en la entrada dedicada al término, que recoge su uso general para cualquier estructura con esa apariencia. Aplicado a este quiste en particular, el nombre describe con fidelidad su pared: un epitelio escamoso queratinizado, indistinguible al microscopio del de la epidermis, del que además surgen anejos cutáneos completos. La expresión «quiste dermoide» fue acuñada en 1831 por el cirujano francés Leblanc, y desde entonces convive con la denominación «teratoma quístico maduro», que en ginecología se emplea de forma casi intercambiable. El término «teratoma», de raíz griega y que significa «monstruo», engloba una familia más amplia de tumores de células germinales, descrita en su propia entrada del diccionario. El quiste dermoide es, dentro de esa familia, la variedad madura y predominantemente ectodérmica. El origen está en una célula germinal primordial que, tras la primera división meiótica, comienza a diferenciarse de forma desordenada hacia tejidos maduros sin llegar a formar un embrión. Cuando esa diferenciación se limita casi por completo al ectodermo, el resultado es el quiste dermoide: una cápsula gruesa revestida de epitelio escamoso, con folículos pilosos, glándulas sebáceas y sudoríparas, cuya secreción se acumula en el interior junto con pelo y detritos córneos. Con menor frecuencia aparecen también dientes, hueso o cartílago, restos de una diferenciación mesodérmica incompleta. Meyer propuso, ya en el siglo pasado, ordenar estos tumores según su complejidad tisular: el quiste epidermoide en un extremo, sin anejos cutáneos; el quiste dermoide en el centro, con piel y sus anejos pero sin órganos derivados de otras capas; y el teratoma verdadero en el otro extremo, con tejidos de las tres hojas embrionarias, incluidos a veces epitelio respiratorio, tiroideo o digestivo. Esta gradación conceptual sigue siendo el marco de referencia habitual para clasificar la lesión. En el ovario, el quiste dermoide es el tumor de células germinales más frecuente y representa alrededor de una quinta parte de todas las neoplasias de este órgano. Afecta sobre todo a mujeres en edad reproductiva, aunque puede presentarse desde la infancia hasta la vejez, y en torno a un ocho por ciento de los casos es bilateral. Su tamaño varía enormemente: desde menos de un centímetro hasta superar los cuarenta. La segunda forma, de mecanismo distinto, aparece durante la vida fetal por secuestro de tejido ectodérmico en las líneas de fusión embrionaria de la cara y el cráneo. Es la tumoración orbitaria y periorbitaria más frecuente en la infancia, con predilección por la cola de la ceja y las suturas frontocigomática y frontoetmoidal; algo más de la mitad de los quistes dermoides craneales se localiza en la órbita o en sus estructuras vecinas. Puede estar presente ya al nacer o no manifestarse hasta varios años después, dado su crecimiento lento. Frente al quiste epidérmico, la diferencia histológica es la que marca el límite entre ambos: este último solo incluye el revestimiento epitelial, sin anejos cutáneos, mientras que el quiste dermoide siempre los presenta. Frente al teratoma verdadero, la distinción está en la presencia de tejidos derivados del mesodermo o el endodermo, ausentes por definición en el quiste dermoide puro. Y frente al adjetivo «dermoide» en su sentido general, la diferencia es de alcance: aquí se nombra una entidad clínica concreta, no cualquier estructura con apariencia cutánea. La malignización es posible, aunque rara: se estima en torno a un dos por ciento de los casos ováricos, casi siempre en forma de carcinoma epidermoide y en mujeres de edad posmenopáusica. La torsión del anejo es la complicación más frecuente, descrita en un rango amplio, entre el dos y el dieciséis por ciento según las series. El quiste dermoide es un tipo concreto de teratoma, el maduro y predominantemente cutáneo. El término «teratoma» es más amplio e incluye también formas inmaduras y variantes con tejidos de las tres capas embrionarias, no solo del ectodermo. Porque responden a mecanismos distintos aunque compartan nombre. El dermoide ovárico procede de una célula germinal primordial; el craneofacial, mucho más superficial, se origina por atrapamiento de tejido ectodérmico durante el cierre de las líneas de fusión de la cara en la quinta semana de gestación. No, en la mayoría de los casos. Suele descubrirse de forma incidental, en una exploración por imagen solicitada por otro motivo, precisamente por su crecimiento lento y su carácter asintomático. El cirujano francés Leblanc, en 1831. El nombre convive desde entonces con «teratoma quístico maduro», empleado sobre todo en el ámbito ginecológico para referirse a la misma entidad.Qué es el quiste dermoide
Formación y composición
Dos formas clínicas según su localización
Diferenciación con lesiones afines
Preguntas frecuentes
¿Es lo mismo un quiste dermoide que un teratoma?
¿Por qué a veces aparece en la ceja y otras veces en el ovario?
¿Duele un quiste dermoide?
¿Quién acuñó el término?
Referencias
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Infografías realizadas con https://BioRender.com
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