DICCIONARIO MÉDICO
Quemadura de segundo grado
La quemadura de segundo grado afecta a la epidermis y a una porción variable de la dermis, se caracteriza por la formación de ampollas y dolor intenso, y su curación y riesgo de cicatriz dependen de la profundidad del daño dérmico. Las quemaduras de segundo grado, también denominadas quemaduras de espesor parcial, son las más frecuentes en la práctica clínica. Se producen cuando la energía térmica, química o de otro tipo no solo daña la capa más superficial de la piel (epidermis), sino que penetra en la dermis, la segunda capa de la piel donde se encuentran estructuras esenciales como los vasos sanguíneos, las terminaciones nerviosas, los folículos pilosos y las glándulas sudoríparas. La gravedad de una quemadura de segundo grado varía considerablemente según la profundidad del daño dérmico: desde lesiones superficiales que curan espontáneamente en dos a tres semanas con mínima cicatriz, hasta lesiones profundas que pueden requerir intervención quirúrgica y dejar cicatrices significativas. Comprender esta distinción es fundamental tanto para el paciente como para el profesional sanitario que valorará la lesión y determinará el tratamiento más adecuado. Una quemadura de segundo grado es una lesión que afecta a la epidermis en su totalidad y se extiende hacia la dermis. La dermis es una capa de mayor espesor que la epidermis y se divide anatómicamente en dos zonas: Según la profundidad del daño dentro de la dermis, las quemaduras de segundo grado se subdividen en dos categorías con implicaciones clínicas muy diferentes: La quemadura de segundo grado superficial (o de espesor parcial superficial) afecta a la epidermis y a la dermis papilar. Es la forma más común de quemadura de segundo grado. Al retirar o romperse la ampolla, el lecho de la herida aparece rosado o rojo homogéneo, húmedo y brillante, y blanquea al presionar con el dedo (lo que indica que la microcirculación está preservada). Es muy dolorosa porque las terminaciones nerviosas de la dermis superficial están expuestas pero intactas. Conserva los folículos pilosos y las glándulas sudoríparas, que son las estructuras desde las que se regenerará la nueva epidermis. Por ello, estas quemaduras cicatrizan espontáneamente en un plazo de 7 a 21 días con un cuidado adecuado de la herida, generalmente con mínima o nula cicatriz permanente, aunque puede producirse un cambio transitorio en la pigmentación de la piel. La quemadura de segundo grado profunda (o de espesor parcial profundo) se extiende hasta la dermis reticular. El aspecto de la herida es diferente: al retirar la ampolla, el lecho presenta un color moteado (mezcla de blanco, rojo y amarillento), con un aspecto más seco o ceroso, y blanquea lentamente o no blanquea al presionar. El dolor puede ser menos intenso que en la quemadura superficial, lo cual no es una buena señal, ya que indica que muchas terminaciones nerviosas se han destruido. La curación es más lenta, entre 3 y 8 semanas, y con frecuencia deja cicatrices hipertróficas y puede producir contracturas si afecta a zonas articulares. En muchos casos, el equipo médico especializado determinará la necesidad de tratamiento quirúrgico (escisión e injerto de piel) para obtener un resultado funcional y estético aceptable. Las quemaduras de segundo grado pueden producirse por las mismas fuentes de energía que otros tipos de quemaduras, pero con un contacto más prolongado o una intensidad mayor que la que produce una quemadura de primer grado: El signo clínico más característico de la quemadura de segundo grado, y lo que la diferencia fundamentalmente de la de primer grado, es la presencia de ampollas (flictenas). Las ampollas se forman por la acumulación de líquido seroso entre la epidermis dañada y la dermis subyacente. Otros síntomas incluyen: Es importante señalar que las quemaduras no son uniformes: una misma lesión puede contener zonas de segundo grado superficial junto a áreas de segundo grado profundo e incluso zonas de tercer grado. Por este motivo, la evaluación del especialista es fundamental para clasificar correctamente la quemadura y planificar el tratamiento. El diagnóstico de la quemadura de segundo grado es fundamentalmente clínico. El profesional sanitario valorará el aspecto de la herida (color, humedad, presencia de ampollas), la respuesta al blanqueo por presión, la sensibilidad al dolor y el contexto en el que se ha producido la lesión. La profundidad real de la quemadura puede tardar entre 48 y 72 horas en manifestarse completamente, por lo que es habitual que el médico programe una reevaluación de la herida a las 48-72 horas para confirmar la clasificación inicial y ajustar el tratamiento si es necesario. En algunos centros especializados pueden utilizarse técnicas complementarias como el láser Doppler para medir el flujo sanguíneo en la dermis y ayudar a distinguir entre quemaduras superficiales y profundas, pero en la práctica clínica habitual la valoración se basa en la exploración clínica experta. El abordaje terapéutico depende de la profundidad, la extensión, la localización y las características del paciente. El plan de tratamiento será establecido por el profesional sanitario, ya que los resultados pueden variar según cada caso individual. Al igual que en cualquier quemadura, el primer paso es aplicar agua corriente fresca (no helada) durante 20 minutos. Este enfriamiento reduce la progresión del daño tisular, alivia el dolor y mejora los resultados de la cicatrización. No se debe aplicar hielo, mantequilla ni otros remedios caseros. El dolor de las quemaduras de segundo grado puede ser intenso y requiere un manejo analgésico adecuado. Los analgésicos orales como el ibuprofeno y el paracetamol son la primera opción en quemaduras de manejo ambulatorio. En quemaduras más extensas o dolorosas, el médico puede prescribir analgésicos más potentes. El control del dolor es esencial no solo para el bienestar del paciente, sino también para facilitar las curas y los cambios de apósito. Las quemaduras de segundo grado profundas que no muestran signos de curación espontánea tras tres semanas, o que afectan a zonas funcionales importantes (manos, pies, articulaciones, cara), pueden requerir escisión del tejido necrótico e injerto de piel. El cirujano especializado valorará en cada caso la necesidad y el momento óptimo de la intervención. La intervención precoz en quemaduras de espesor parcial profundo puede reducir las complicaciones cicatriciales y mejorar los resultados funcionales y estéticos. La curación de las quemaduras de segundo grado sigue las tres fases clásicas de la reparación tisular: inflamación, proliferación y remodelación. La duración y el resultado final dependen de la profundidad: Aunque las quemaduras de segundo grado superficiales suelen curar sin complicaciones significativas, las quemaduras más profundas o extensas pueden dar lugar a diversos problemas: Los niños son especialmente vulnerables a las quemaduras de segundo grado por varias razones: Los criterios de derivación a un centro de quemados en la edad pediátrica, según las guías de la Asociación Americana de Quemaduras (ABA), incluyen quemaduras de segundo grado que superen el 10 % de la superficie corporal total, las que afecten a cara, manos, pies, genitales o articulaciones, y las quemaduras causadas por electricidad, sustancias químicas o con sospecha de lesión por inhalación. El profesional sanitario que atienda inicialmente al niño determinará la necesidad de derivación en función de la valoración clínica. Toda quemadura de segundo grado debería ser valorada por un profesional sanitario. Se debe buscar atención médica urgente en las siguientes situaciones: Sí. Las quemaduras de segundo grado superficial son precisamente las más dolorosas de todos los tipos de quemaduras, ya que las terminaciones nerviosas de la dermis superficial quedan expuestas e intactas. Paradójicamente, si la quemadura de segundo grado es profunda y el dolor es escaso, esto puede indicar que se han destruido más terminaciones nerviosas y que el daño es mayor, lo cual no es una señal favorable. En cualquier caso, el control adecuado del dolor es una parte fundamental del tratamiento y debe pautarlo el profesional sanitario. No todas las quemaduras de segundo grado necesitan injerto. Las de espesor parcial superficial cicatrizan espontáneamente en dos a tres semanas y raramente lo necesitan. En cambio, las de espesor parcial profundo que no muestran signos claros de curación tras tres semanas, o que afectan a zonas de importancia funcional (manos, pies, articulaciones, cara), pueden beneficiarse de la escisión del tejido dañado y la cobertura con un injerto de piel. La decisión de injertar la toma el cirujano especializado en función de la evolución de cada herida individual. No necesariamente. Las quemaduras de segundo grado superficiales que curan en menos de dos a tres semanas suelen hacerlo con mínima cicatriz o sin cicatriz permanente, aunque pueden dejar un cambio de pigmentación transitorio (la piel puede quedar más clara u oscura durante semanas o meses). En cambio, las quemaduras de segundo grado profundas tienen un riesgo significativamente mayor de dejar cicatrices, que pueden ser hipertróficas (elevadas y engrosadas) o incluso queloides en personas predispuestas. Las medidas de cuidado de la cicatriz (láminas de silicona, masaje cicatricial, protección solar, presoterapia) pueden contribuir a mejorar el aspecto de la cicatriz, aunque los resultados varían según cada paciente. En general, sí, siempre que se sigan las indicaciones del profesional sanitario que esté tratando la herida. Ducharse con agua tibia y jabón neutro ayuda a mantener la herida limpia y puede facilitar la retirada del apósito. Se debe evitar el chorro de agua a alta presión directamente sobre la quemadura y no sumergir la herida en bañera, piscina o agua estancada (por riesgo de infección) hasta que esté completamente curada. Tras la ducha, la herida se seca con suavidad (sin frotar) y se aplica el apósito o tratamiento indicado por el médico. Una quemadura de segundo grado no se convierte en una de tercer grado de forma espontánea, pero sí puede profundizarse en las primeras 48 a 72 horas si no se maneja correctamente. Factores como la infección de la herida, la falta de enfriamiento inicial, la deshidratación de los tejidos, la aplicación de sustancias irritantes o la presión mantenida sobre la zona quemada pueden contribuir a que el daño se extienda hacia capas más profundas de la dermis. Este fenómeno se conoce como progresión de la quemadura y es una de las razones por las que las quemaduras de segundo grado deben ser valoradas por un profesional sanitario y seguidas durante los primeros días. © Clínica Universidad de Navarra 2026Qué es una quemadura de segundo grado
Quemadura de segundo grado superficial
Quemadura de segundo grado profunda
Causas de la quemadura de segundo grado
Síntomas de la quemadura de segundo grado
Diagnóstico
Tratamiento de la quemadura de segundo grado
Enfriamiento inicial
Cuidado de la herida
Analgesia
Tratamiento quirúrgico
Proceso de curación y cicatrización
Precauciones y cuidados durante la recuperación
Complicaciones de la quemadura de segundo grado
La quemadura de segundo grado en niños
Cuándo acudir al médico
Preguntas frecuentes
¿Es normal que una quemadura de segundo grado duela mucho?
¿Cuándo se necesita un injerto de piel en una quemadura de segundo grado?
¿Las quemaduras de segundo grado dejan siempre cicatriz?
¿Se puede duchar con una quemadura de segundo grado?
¿Una quemadura de segundo grado puede convertirse en una de tercer grado?
Referencias para el paciente