DICCIONARIO MÉDICO
Píldora
La píldora es una forma farmacéutica sólida, redondeada u ovalada, concebida para tragarse por vía oral. Se elaboraba tradicionalmente por moldeo artesanal, un origen que la distingue del comprimido, fabricado por compresión industrial, aunque en el uso cotidiano ambos términos, junto con pastilla y gragea, tienden a confundirse. El nombre procede del latín pilula, diminutivo de pila, «bola»: literalmente, «pelotilla». La Real Academia Española define la píldora como una bola pequeña que se hace mezclando un medicamento con un excipiente adecuado para su administración por vía oral. En castellano la palabra se documenta ya en el siglo XIV, y Nebrija la recoge con ese mismo sentido hacia 1495. En 1737, el Diccionario de Autoridades, la primera obra lexicográfica sistemática de la Academia, ofrecía una descripción más pormenorizada: una pelotilla o bolilla del tamaño de un garbanzo, o más pequeña, compuesta y confeccionada con medicamentos purgantes o confortantes, y cubierta por encima de una telilla dorada o plateada. Ese recubrimiento metálico (hoy resulta llamativo) cumplía una doble función: disimular el sabor amargo del preparado y protegerlo de la humedad. La imagen de la píldora difícil de tragar tiene, además, arraigo literario: Fernando de Rojas ya la utilizaba en 1502, en La Celestina, como metáfora de la verdad incómoda que conviene envolver en algo dulce para que se acepte mejor. Todo comenzaba con una masa plástica, la llamada masa pilular, resultante de mezclar en un mortero los principios activos con excipientes como los jarabes de glucosa. De esa masa se formaba un cilindro fino, el magdaleón, que se colocaba sobre la plancha acanalada de un utensilio específico, el pildorero. Un movimiento de vaivén entre las dos superficies estriadas seccionaba el cilindro en porciones iguales y las redondeaba en pequeñas esferas. El acabado no era un detalle menor. Un barniz azucarado suavizaba el sabor de sustancias a menudo amargas, como el áloe o la quina; el recubrimiento en pan de oro o plata, empleado hasta bien entrado el siglo XIX en algunas preparaciones de lujo, perseguía ese mismo fin estético. El resultado, hecho a mano, rara vez era uniforme. La píldora, la pastilla, el comprimido, la gragea y la cápsula ocupan hoy un mismo territorio semántico en el habla cotidiana, aunque la farmacia clásica los distinguía con precisión. La pastilla funciona como denominador común de todas ellas: es el nombre popular de cualquier preparado sólido de tamaño pequeño y uso oral. El comprimido, en cambio, remite a un método de fabricación concreto, la compresión mecánica de un polvo o granulado, una técnica patentada a mediados del siglo XIX que terminó por desplazar al moldeo artesanal de la píldora. Los formularios farmacéuticos antiguos recogían docenas de fórmulas bajo el nombre de píldora: las píldoras cochias, purgantes a base de áloe; las píldoras angélicas, de amplia difusión en la farmacia española de los siglos XVII y XVIII; o las píldoras escocesas, atribuidas a Anderson. Ninguna sobrevive en el arsenal terapéutico actual. El nombre de la forma farmacéutica sí ha llegado hasta hoy, aunque vaciado en buena parte de su sentido técnico original: en la industria farmacéutica contemporánea apenas se fabrican píldoras en sentido estricto. Del latín pilula, diminutivo de pila, «bola»: es decir, «pelotilla». El término ya aparece documentado en textos castellanos del siglo XIV. No. La píldora se moldeaba a mano a partir de una masa plástica; el comprimido se obtiene por compresión mecánica de un polvo o granulado sobre una matriz metálica. Esa diferencia de fabricación explica por qué el comprimido permite una dosificación mucho más exacta y reproducible, un factor decisivo para principios activos de margen terapéutico estrecho. Con la industrialización de la farmacia, iniciada en la segunda mitad del siglo XIX, el comprimido desplazó a la píldora en la práctica totalidad de las indicaciones. Quien hoy habla de píldora fuera de un contexto histórico suele referirse, en realidad, a cualquier medicamento sólido de administración oral. El boticario mezclaba el principio activo con excipientes en un mortero hasta obtener la masa pilular. De ahí salía un cilindro alargado, el magdaleón, que se cortaba y redondeaba con el pildorero, un utensilio de doble plancha acanalada. El barniz azucarado o, en preparaciones más costosas, una fina lámina de oro o plata, cerraba el proceso. Apenas. La Real Academia Española conserva su significado técnico en el diccionario, pero como forma farmacéutica normalizada ha quedado prácticamente en desuso desde que el comprimido se generalizó a comienzos del siglo XX. Persiste, eso sí, en el lenguaje coloquial, donde designa de forma imprecisa cualquier medicamento sólido de pequeño tamaño.Qué es la píldora
Cómo se elaboraba
Diferenciación con otras formas farmacéuticas
Preguntas frecuentes
¿De dónde viene la palabra píldora?
¿Es lo mismo una píldora que un comprimido?
¿Cómo se fabricaban las píldoras antes de la industrialización farmacéutica?
¿Se sigue usando la palabra píldora en la ciencia farmacéutica actual?
Referencias
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