DICCIONARIO MÉDICO
Pasivo-agresivo
El comportamiento pasivo-agresivo es un patrón de resistencia indirecta ante las demandas o exigencias de otros, expresado mediante la postergación, el olvido selectivo o la ineficacia deliberada, sin llegar a la confrontación abierta. El término nació en la psiquiatría militar de la Segunda Guerra Mundial y, tras ocupar durante décadas un lugar en la clasificación de los trastornos de personalidad, el DSM-5 lo retiró como categoría diagnóstica independiente. Se define por la oposición encubierta: la persona acepta, en apariencia, una petición o una norma, pero la incumple o la retrasa de forma sistemática, a través de la postergación, la terquedad, el olvido selectivo o el rendimiento deliberadamente pobre. La discrepancia entre lo que se dice y lo que se hace es, precisamente, el núcleo del concepto. Su origen es poco habitual para el vocabulario psiquiátrico: no nació en una clínica, sino en un cuartel. En 1945, el coronel William C. Menninger lo empleó en un boletín técnico del Departamento de Guerra de Estados Unidos dedicado a la nomenclatura médica militar, para describir a los soldados que se resistían a las órdenes sin desobedecerlas de manera abierta, mediante el enfurruñamiento, la lentitud deliberada o la obstrucción pasiva. Ahí quedó acuñada la expresión que, siete años después, entraría en la primera edición del DSM. El DSM-I, publicado en 1952, incluyó la personalidad pasivo-agresiva junto a otros dos tipos de reacción situacional, la pasivo-dependiente y la agresiva. La categoría se mantuvo, con matices, en el DSM-II y se consolidó como trastorno de personalidad formal en el DSM-III de 1980, integrado en el grupo que hoy se conoce como clúster C, el de los trastornos ansiosos. En 1994, el DSM-IV le dio un giro: lo reclasificó bajo el nombre de trastorno de personalidad negativista y lo trasladó al apéndice B, reservado a categorías propuestas que necesitan más investigación. Dejó de ser, en la práctica, un diagnóstico oficial. La razón citada con más frecuencia es la escasa consistencia interna de sus criterios y su solapamiento con otros trastornos del mismo grupo. Llegó el turno del DSM-5 en 2013, que terminó de retirarlo. No aparece entre los diez trastornos de personalidad reconocidos ni en el modelo alternativo basado en rasgos que incluye el mismo manual. La investigación sobre el constructo, sin embargo, no se detuvo: varios trabajos posteriores han sugerido que la ampliación de los criterios hacia contenidos de ánimo negativo, incorporada en las sucesivas ediciones del DSM, diluyó la validez del patrón original, y que convendría volver a centrarse en sus rasgos más específicos. Suele confundirse con el trastorno negativista desafiante, pero el patrón pasivo-agresivo no equivale a él. Aquel se diagnostica en la infancia y la adolescencia, y gira en torno a la confrontación abierta con figuras de autoridad. El patrón pasivo-agresivo del adulto es casi lo contrario: se define por evitar esa confrontación, no por buscarla. Tampoco debe confundirse con un simple rasgo de personalidad reservado o poco asertivo. Los criterios que manejó el DSM-IV exigían que el patrón no apareciera exclusivamente durante un episodio depresivo mayor ni se explicara mejor por un trastorno distímico: la oposición pasiva tenía que ser un rasgo estable de la persona, presente en múltiples contextos, y no la manifestación puntual de un estado de ánimo alterado. Conviene separar, además, dos planos distintos. Mostrar de forma puntual una conducta pasivo-agresiva (posponer una tarea desagradable, guardar silencio en lugar de discutir) es frecuente y no implica patología alguna. El trastorno de personalidad, tal y como se definió en el DSM-III y el DSM-IV, exigía un patrón permanente y generalizado, presente desde el inicio de la vida adulta. Esa distinción sigue siendo, para buena parte de la psiquiatría contemporánea, un asunto no del todo resuelto. No como categoría diagnóstica independiente. El DSM-5 lo retiró en 2013, tras un recorrido que lo llevó de trastorno oficial en el DSM-III a propuesta pendiente de estudio en el DSM-IV. Como patrón de conducta, sigue siendo un concepto habitual en la práctica clínica. De la psiquiatría militar estadounidense. El coronel William C. Menninger lo utilizó en 1945, en un boletín técnico del Departamento de Guerra, para describir a soldados que se resistían a las órdenes sin desobedecerlas abiertamente. En la edad y en la dirección del conflicto. El negativista desafiante se diagnostica en niños y adolescentes y se centra en el enfrentamiento directo con la autoridad. El patrón pasivo-agresivo del adulto se define, al contrario, por evitar ese enfrentamiento. No. La oposición pasiva ocasional, ante una tarea concreta, no equivale al patrón que describieron el DSM-III y el DSM-IV, que exigía un patrón permanente y presente en múltiples ámbitos de la vida, desde el inicio de la edad adulta.Qué es el comportamiento pasivo-agresivo
De la clínica militar a la clasificación psiquiátrica
Diferenciación con otras conductas y trastornos
Preguntas frecuentes
¿Es el comportamiento pasivo-agresivo un trastorno mental reconocido en la actualidad?
¿De dónde procede el término?
¿En qué se diferencia del trastorno negativista desafiante?
¿Toda persona reservada o que evita discutir es pasivo-agresiva?
Referencias
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