DICCIONARIO MÉDICO
Paroniquia
La paroniquia es la inflamación de la piel que rodea el borde de la uña, casi siempre provocada por una infección que entra a través de una rotura en la cutícula o el pliegue ungueal. La forma aguda se instaura en horas o días y suele deberse a Staphylococcus aureus; la crónica se desarrolla a lo largo de semanas y se asocia a la humedad mantenida y a la colonización por levaduras del género Candida. El término procede del latín paronychĭa, tomado a su vez del griego παρωνυχία (parōnychía): la preposición pará, "junto a", sobre onyx/onych-, "uña", más el sufijo abstracto -ía. Ya aparece con este significado en los escritos hipocráticos, en el siglo V antes de nuestra era, y pasó al latín como paronychium en el siglo I antes de Cristo. El castellano medieval, sin embargo, no heredó la forma culta sino una variante popular corrompida, panarizo, de la que deriva panadizo: hoy ambos términos, panadizo y paroniquia, conviven como sinónimos de uso corriente. La Real Academia Española recoge además doncella como sinónimo, sin que conste con claridad el motivo de esa asociación. Alrededor de la lámina ungueal, la piel forma un pliegue grueso en los laterales y en la base: es el pliegue ungueal. La porción que se adhiere a la superficie de la uña justo en su nacimiento es la cutícula. Cuando cualquiera de estas dos estructuras se rompe, ya sea por un padrastro arrancado, una manicura agresiva o el hábito de morderse las uñas, queda abierta una puerta de entrada para microorganismos que en circunstancias normales no accederían al tejido subyacente. En la forma aguda, el agente causal más habitual es Staphylococcus aureus, seguido de estreptococos del grupo A; con menor frecuencia se aíslan Pseudomonas o Proteus. La infección se desarrolla en horas o pocos días desde el traumatismo, con dolor, calor, enrojecimiento e hinchazón que pueden progresar hasta un absceso con pus visible. El cuadro crónico obedece a una lógica distinta. La exposición repetida al agua, los detergentes y otros irritantes macera la piel, despega la cutícula de la lámina ungueal y abre un espacio donde se acumulan humedad, sustancias irritantes y microorganismos oportunistas, con Candida albicans a la cabeza. No está del todo claro si el hongo inicia el proceso o simplemente lo coloniza una vez instaurado: eliminarlo con antifúngicos no siempre resuelve la inflamación, lo que ha llevado a replantear la paroniquia crónica como una dermatitis irritativa con colonización secundaria, más que como una infección primaria en sentido estricto. Determinados fármacos oncológicos inducen paroniquia crónica como efecto de clase, sin que medie infección ni traumatismo previo identificable. Los inhibidores del receptor del factor de crecimiento epidérmico, los inhibidores de mTOR y, en menor medida, los inhibidores de BRAF figuran entre los principales responsables. Por qué estas dianas terapéuticas, ajenas en apariencia al aparato ungueal, terminan alterando el pliegue de la uña sigue sin explicarse del todo. Existe además una forma vírica, el panadizo herpético, causada por el virus del herpes simple y clínicamente distinguible por la aparición de vesículas agrupadas en lugar de pus franco. Confundirla con una paroniquia bacteriana es un error relativamente frecuente, ya que se trata de cuadros con un origen y una evolución completamente distintos. El felón, o panadizo profundo, afecta a la pulpa del dedo y no queda limitado a la región periungueal como la paroniquia: es una infección más profunda y, por lo general, más dolorosa. La onicocriptosis, conocida popularmente como uña encarnada, tiene un origen mecánico. El borde de la lámina ungueal se clava en el tejido blando adyacente, típicamente en el primer dedo del pie, y solo de forma secundaria puede infectarse y generar un cuadro periungueal parecido al de la paroniquia. La dermatitis de contacto alrededor de la uña, en cambio, es un proceso irritativo o alérgico sin participación de ningún microorganismo, desencadenado por productos químicos o alérgenos de contacto directo. Del griego parōnychía, formado por pará, "junto a", y onyx, "uña". Los médicos griegos ya empleaban el término en el siglo V antes de Cristo para describir la misma inflamación periungueal que hoy lleva su nombre. Depende del hablante: en el uso coloquial español, "uñero" puede referirse tanto a la paroniquia como a la uña encarnada, dos afecciones distintas que conviene no confundir. El factor de riesgo más consistente es la exposición ocupacional prolongada al agua y los detergentes: camareros, personal de limpieza, cocineros y lavaplatos desarrollan la forma crónica con mayor frecuencia que el resto de la población. La diabetes y los estados de inmunodepresión también predisponen. En estos grupos, la barrera cutánea nunca llega a recomponerse del todo entre una exposición y la siguiente, así que la inflamación se cronifica en lugar de resolverse. Los antecedentes de eccema de manos multiplican el riesgo, probablemente porque la piel ya está alterada de partida. Sí. Además de los fármacos oncológicos mencionados antes, la propia dermatitis irritativa crónica puede mantener el cuadro inflamado durante meses sin que se aísle ningún germen relevante en los cultivos. Si desea ampliar información sobre la anatomía y las infecciones del área ungueal, puede consultar:Qué es la paroniquia
Cómo se instaura la infección
Formas particulares
Diferenciación con otros cuadros
Preguntas frecuentes
¿De dónde viene el nombre paroniquia?
¿Es lo mismo que un uñero?
¿Por qué algunas paroniquias se hacen crónicas y otras no?
¿Puede aparecer sin ninguna infección de por medio?
Referencias
Entradas relacionadas en el diccionario
Infografías realizadas con https://BioRender.com
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