DICCIONARIO MÉDICO
Paquimetría
La paquimetría es la prueba oftalmológica que mide el grosor de la córnea, expresado en micras. Se realiza con ultrasonido o con luz, según el instrumento, y el dato resultante corrige la lectura de la presión intraocular, permite vigilar el queratocono y se solicita antes de cualquier cirugía refractiva. Mide espesor, no curvatura: ahí nace la confusión más habitual con la topografía corneal. El término se construye sobre dos raíces griegas: pakhýs (παχύς), "grueso" o "espeso" (la misma que da nombre a la paquipleuritis o la paquidermia), y el sufijo -metría, del griego métron, "medida". Paquimetría significa, literalmente, medida del grosor. En oftalmología designa de forma específica la medición del espesor corneal, no el de ningún otro tejido del ojo. La córnea no tiene un grosor uniforme. Es más fina en el centro y aumenta de forma progresiva hacia la periferia, donde el tejido se pliega sobre el limbo esclerocorneal. La paquimetría central, el dato que casi siempre se maneja en la consulta, sitúa el valor de referencia entre 530 y 555 micras según las series publicadas con paquímetro ultrasónico y con tomografía de coherencia óptica de segmento anterior. La variación individual es considerable. También varía entre poblaciones. Existen dos familias de técnicas. La paquimetría ultrasónica emplea una sonda que se apoya directamente sobre la córnea, previa instilación de un anestésico tópico, y calcula el grosor a partir del tiempo que tarda el eco en atravesar el tejido. Es el método clásico, de referencia histórica, y sigue siendo el más extendido por su coste reducido. Requiere contacto, lo que exige cierta pericia para que la presión de la sonda no distorsione la lectura. Las técnicas ópticas prescinden del contacto. La tomografía de Scheimpflug fotografía la córnea con una cámara que gira alrededor del eje óptico y reconstruye un mapa completo de espesores, no solo el punto central. La tomografía de coherencia óptica de segmento anterior, más reciente, recurre a la interferometría de baja coherencia con el mismo fin y una resolución de pocas micras. Ninguna de las dos toca el ojo. Los estudios que han comparado ambos enfoques con el paquímetro ultrasónico describen una concordancia alta, con diferencias medias de pocas micras que carecen de relevancia clínica en la mayoría de los casos. El dato interviene en tres contextos bien diferenciados. El primero es la tonometría de aplanación, el método más usado para estimar la presión intraocular: una córnea más gruesa de lo habitual tiende a sobrestimar esa presión, y una más fina, a subestimarla, de modo que el grosor corneal actúa como factor de corrección. El segundo es el seguimiento del queratocono, una ectasia progresiva en la que la córnea se adelgaza y se deforma con el tiempo; la paquimetría seriada documenta esa progresión con un dato objetivo. El tercero es la valoración previa a la cirugía refractiva con láser, que elimina tejido corneal y exige partir de un espesor suficiente para no comprometer la estabilidad estructural del ojo. En 2002 se publicaron los factores basales del Ocular Hypertension Treatment Study, un ensayo multicéntrico estadounidense que identificó el grosor corneal central como uno de los predictores más potentes del desarrollo de glaucoma de ángulo abierto en personas con hipertensión ocular, con un peso estadístico independiente de la propia presión intraocular. El hallazgo desplazó a la paquimetría desde una prueba accesoria hacia un componente habitual del estudio del glaucoma. La confusión con la topografía corneal es habitual, pero miden cosas distintas. La topografía traza la curvatura de la superficie anterior; la paquimetría cuantifica el espesor del tejido en cada punto. Un mismo aparato, el topógrafo de Scheimpflug, puede ofrecer ambos mapas a la vez, lo que alimenta la confusión entre las dos pruebas. La biomicroscopía, el examen con lámpara de hendidura, permite apreciar si una córnea está engrosada por edema, pero no entrega una cifra en micras: para eso hace falta la paquimetría. Del griego pakhýs, grueso, y métron, medida. El vocabulario médico recurre a la misma raíz -metría en términos tan distintos como pelvimetría o pulsioximetría, aplicados a campos que nada tienen que ver con la córnea. No. La paquimetría ultrasónica requiere una gota anestésica previa y el contacto con la sonda es breve. Las técnicas ópticas ni siquiera tocan el ojo. Los estudios oftalmológicos que han comparado distintos instrumentos sitúan el grosor corneal central medio entre 530 y 555 micras, con una variación individual amplia. Un valor fuera de ese rango no implica por sí solo enfermedad: debe interpretarse junto con el resto de la exploración. No, aunque a menudo se realicen con el mismo aparato. La topografía mide curvatura; la paquimetría, espesor. Son datos complementarios, no intercambiables. Sí. El edema corneal lo aumenta de forma aguda y reversible, por ejemplo tras una descompensación endotelial. El queratocono, en cambio, lo reduce de forma progresiva e irreversible a medida que la ectasia avanza. También disminuye de forma fisiológica con la edad, aunque en un margen mucho menor que el que producen esas dos condiciones. El uso prolongado de lentes de contacto puede inducir, además, pequeñas variaciones transitorias. Por eso una paquimetría aislada dice menos que una serie de medidas repetidas en el tiempo, que es lo que realmente permite hablar de progresión.Qué es la paquimetría
Cómo se mide el espesor corneal
Por qué se mide el grosor corneal
Diferencia con otras exploraciones corneales
Preguntas frecuentes
¿De dónde viene la palabra paquimetría?
¿Duele la prueba?
¿Qué grosor corneal se considera normal?
¿Es lo mismo que la topografía corneal?
¿Puede cambiar el grosor corneal con el tiempo?
Referencias
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Infografías realizadas con https://BioRender.com
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