DICCIONARIO MÉDICO
Oxalosis o hiperoxaluria primaria
La oxalosis e hiperoxaluria primaria agrupa tres enfermedades metabólicas hereditarias que provocan una producción hepática excesiva de oxalato. El exceso se filtra por el riñón, cristaliza con el calcio y da lugar a litiasis renal de repetición; cuando la función renal se deteriora, el oxalato deja de eliminarse al ritmo en que se genera y empieza a depositarse fuera del aparato urinario, un fenómeno que da nombre a la oxalosis propiamente dicha. Hiperoxaluria une el prefijo griego hiper, por encima, con ouron, orina: literalmente, exceso de oxalato en la orina. Oxalosis añade el sufijo -osis, habitual en la nomenclatura médica para nombrar un proceso patológico o una acumulación anómala, en este caso de sales de oxalato cálcico en los tejidos. El propio oxalato remite al género botánico Oxalis, la acedera, cuyas hojas deben su característico sabor ácido a esta sustancia. Conviene distinguir dos planos. La hiperoxaluria es, ante todo, un hallazgo analítico que puede tener origen dietético o intestinal, sin ninguna base genética. Lo que define a la forma primaria es justo lo contrario: un defecto enzimático hepático hereditario que dispara la síntesis endógena de oxalato con independencia de lo que la persona coma. Las tres formas conocidas comparten un origen común: una alteración del metabolismo hepático del glioxilato que, en condiciones normales, se transforma en glicina o en otros compuestos inocuos. Cuando ese paso falla, el glioxilato se desvía hacia la producción de oxalato. El tipo 1, causado por mutaciones en el gen AGXT, es el más frecuente, con alrededor de un 80 % de los casos, y también el más grave, ya que afecta a la alanina-glioxilato aminotransferasa, una enzima peroxisomal exclusiva del hígado. Los tipos 2 y 3, ligados respectivamente a los genes GRHPR y HOGA1, suponen cada uno en torno a un 10 % de los casos. Del tipo 3 se han descrito muy pocos pacientes, así que su evolución natural todavía se conoce con menos detalle que la de los otros dos. La herencia es autosómica recesiva en los tres subtipos: quien hereda una copia alterada del gen de cada progenitor desarrolla la enfermedad, mientras que los portadores de una sola copia no suelen presentar signos. El curso natural difiere algo entre subtipos. En el tipo 1, la formación de cálculos renales puede empezar en cualquier momento entre la infancia y el inicio de la vida adulta. El tipo 2 sigue un patrón parecido, aunque el deterioro grave de la función renal suele llegar más tarde. En el tipo 3, los cálculos aparecen típicamente en la primera infancia, y el resto de su historia natural sigue siendo objeto de estudio por la escasez de casos documentados. Mientras el riñón conserva parte de su función, absorbe el impacto del exceso de oxalato. La oxalosis aparece después, como una segunda fase de la enfermedad: al perderse capacidad de filtrado, el oxalato circulante se acumula en el hueso y en la pared de los vasos sanguíneos, además de seguir depositándose en el propio riñón. No es, por tanto, una entidad distinta de la hiperoxaluria primaria, sino su desenlace tisular cuando la enfermedad avanza sin control. Las cifras de prevalencia varían según el método de estimación. Los registros clínicos europeos la sitúan entre uno y tres casos por millón de habitantes, mientras que estudios genéticos poblacionales más recientes calculan una frecuencia bastante mayor, en torno a un caso por cada 58.000 personas, lo que sugiere que una parte de los pacientes nunca llega a diagnosticarse. En España, los registros de nefrología han documentado una prevalencia particularmente alta en la isla canaria de La Gomera, atribuida a un efecto fundador: los descendientes de un número reducido de familias portadoras de la misma variante genética explican una proporción de casos muy superior a la esperable por azar. No exactamente. La hiperoxaluria primaria es la enfermedad genética de base; la oxalosis es la complicación que aparece cuando el riñón ya no logra depurar el oxalato al ritmo necesario y este empieza a depositarse en otros tejidos del organismo. Porque, pese a originarse en genes diferentes, los tres defectos convergen en el mismo punto metabólico: todos impiden que el glioxilato se procese con normalidad y todos terminan en una sobreproducción de oxalato. Esa convergencia funcional explica que, desde el punto de vista clínico, se hayan tratado tradicionalmente como variantes de una misma entidad, aunque el gen implicado condicione la gravedad y la edad de aparición. El tipo 1, ligado al gen AGXT, que representa alrededor de un 80 % de los casos descritos. Sí. Además de los casos distribuidos por todo el territorio, existe una prevalencia especialmente alta en la isla de La Gomera, ligada a un efecto fundador genético identificado en los registros de nefrología. Para ampliar información sobre el exceso de oxalato y sus consecuencias renales, puede consultar:Qué es la oxalosis e hiperoxaluria primaria
Tres genes, un mismo punto de bloqueo
De la litiasis renal a la oxalosis sistémica
Frecuencia y distribución
Preguntas frecuentes
¿Es lo mismo la hiperoxaluria primaria que la oxalosis?
¿Por qué se agrupan bajo un mismo nombre tres enfermedades con genes distintos?
¿Cuál es el subtipo más frecuente?
¿Se ha documentado en España?
Referencias
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